Equivocarse es divertido. Sólo hay que saber cómo

Por - 15/08/2013

Una vez escuché decir a un colega “Yo nunca me equivoco”.

No sé si lo dijo por arrogancia, por falta de presupuesto, o una combinación de las dos, pero de cualquier manera me dio un poco de pena, imagínate la presión a la que uno se tiene que someter por no permitirse equivocarse.

Y no me tomen a mal, yo no tengo el mega presupuesto para equivocarme a cada rato, pero creo que el equivocarnos tiene que ser parte esencial de nuestra práctica como diseñadores.

El secreto es que hay que equivocarnos de manera controlada, estratégica y sin miedo.

Si nos ponemos a pensar, lo primero que hacemos cuando empezamos a diseñar es bocetar [1], básicamente buscamos equivocarnos deliberadamente, por eso también le decimos “borrador”. Dibujamos casi de manera compulsiva y catártica[2] para sacar una idea abstracta de la cabeza y traerla al mundo, para que finalmente, exista. Todo esto por que estamos en un ambiente que nos permite cagarla[3].

Si te juntas con cierto tipo de personas creativas, es común escucharles frases oximorónicas[4] como “Un feliz accidente” o “esto salió por coincidencia” o “no estaba en el plan” cuando describen algunos resultados de su trabajo. Y generalmente esos detalles inesperados son los que les dan ese je ne sais quoi[5] que los hace humanos, nos identificamos con ellas y nos conectamos emocionalmente con el diseño. Es por eso que creo firmemente que uno no puede conocer la genialidad de un artista hasta que no observa sus bocetos.

Y tal vez esto último tenga que ver con lo divertido que es ponerte a realizar una tarea sin esperar un resultado concreto. El experimentar con algún material, un instrumento o un software y llevarlo a su límite solamente para “ver qué pasa”.

Al experimentar, no solo aprendemos a utilizar nuestras herramientas, pero también emerge nuestra personalidad, se crea un estilo propio.

Y si nos ponemos a pensar, la “experimentación” no es nada más que equivocarte de manera controlada, cosa que los buenos diseñadores dominan, y no por saber cómo equivocarse (si esto tiene sentido), sino por saber CUÁNDO equivocarse.

Es preferible equivocarte frente al espejo cuando ensayas un discurso que en frente de tu público. Es mas práctico equivocarte en la medida de un mueble cuando la haces de cartón que cuando la haces de madera. Es mas barato equivocarte cuando haces una maqueta de un edificio a cuando lo haces en escala real.

¿Pero si te pones a pensar, en verdad uno se equivoca?¿O solo es una parte del proceso?

Es por eso que prefiero la palabra “Prototipo” más que “Boceto” o “Borrador” y les voy a platicar por qué.

La palabra viene de protos (el primero) y tipos (modelo), es decir, el primer modelo. Y esto se me hace una idea súper bonita, por que tiene una connotación en la que, si hay un primer modelo, vendrá un segundo modelo por definición. Y es todavía mas bonita si lo llevas al verbo “prototipar”.

Estarás de acuerdo con que cuando prototipas, todo lo que haces es parte de un proceso que evoluciona constantemente, que se mejora y que cambia sin fin. Es por esto que en este contexto los errores no existen, sólo se vuelven parte del proceso.

Y el verbo prototipar no solo describe el proceso de hacer maquetas o modelos, pero uno puede prototipar poemas, futuros escenarios, y en mi caso, columnas mensuales en las que prototipo ideas que se me hacen interesantes y  las comparto con ustedes, con el afán de que ustedes las tomen, que sigan evolucionando, cambiando y mejorando sin fin.

Mas información en: www.josedelao.info
* José de la O es diseñador de producto, consultor creativo y emprendedor cultural. Lo puedes escuchar en el podcast Fuera de Contexto y darle LIKE en Facebook

 


[2] ¿Estoy exagerando? No quiero sonar sobre-poético.

[3] Perdón por mi francés.

[4] ¡Hola Mariana!

[5] Perdón por mi francés.

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