Fundada en el 2005 la Fundeú BBVA es una institución que tiene como propósito velar por el buen uso del idioma español y que, a partir del 2013, se ha dado a la tarea de elegir la palabra del año, misma que no se selecciona por ser la más bella u original, sino por tener gran impacto en redes sociales, espacios informativos y vida cotidiana de quienes hablan el idioma; fue el año pasado (2014) cuando la palabra elegida fue el anglicismo selfi; curiosamente sólo un año después de que Oxford University Press eligiera selfie como la palabra más importante, tanto para su edición inglesa como la norteamericana.
Cabe señalar que ambas palabras habían sido ampliamente utilizadas, pero hasta el 2014 con un tuit de una de las conductoras de los premios Oscar (el más compartido y gustado en la historia de la red social) este tipo de imágenes tuvieron un boom mundial, llevando a una saturación de este tipo de fotografías en muchos espacios sociales de la red.
Selfi es, en esencia, una fotografía que el mismo retratado toma, es decir, en términos generales estamos hablando de un autorretrato o una autofoto, aunque hay que ser precavidos, ya que la palabra obedece a una tipología de imágenes muy definida, asociada a tecnologías, lenguajes corporales y un momento histórico bastante específicos. No es sólo el hecho de representarse, hablamos de un imaginario que incluso cuenta con pequeños géneros: (selfie de) gimnasio, espejo, cama, grupal, con una celebridad, etc.
Si realizamos una rápida búsqueda en Instagram, obtendremos casi 250 millones de resultados, (y creciendo) relacionadas al término, lo cual habla de la importancia de estos retratos en la dinámica de internet, y también es síntoma de gran cantidad de cosas que están ocurriendo en sentidos estrictos de análisis de imagen (y muchísimos otros campos).
Vale la pena preguntarse: ¿Por qué sería importante el selfi para el mundo del arte? Podemos pensar que el fenómeno cultural de la autofoto en las redes sociales irá permeando tanto a espectadores como a creadores, repercutiendo directamente en el tipo de imágenes que el arte de nuestros tiempos va a proyectar y cómo las vamos a entender. Muestras tangibles de esto las podemos encontrar en exposiciones como Obsesión Infinita de Yayoi Kusama, eventos como ZONA MACO, o con la preocupación de los museos por los llamados selfie sticks, así como en la cada vez mayor tendencia a incluir los cánones de representación presentes en las redes sociales dentro de la obra de distintos artistas.
Una muestra palpable de este proceso la encontramos en Yo mero, exposición que el pintor mexicano Juan Carlos del Valle (ciudad de México, 1975) presenta a partir del 4 de marzo en la Galería de Arte de la Secretaría de Economía; muestra que consta de una serie de 50 óleos en los que el autor intenta representarse a sí mismo y ser un reflejo de la otredad (tan Lacaniano como pueda parecer), así como cuestionarse sobre la posibilidad del retrato pictórico en la era de la selfi. Esta muestra, en palabras de Blanca González Rosas[1], tiene como uno de sus ejes temáticos la pregunta: ¿Qué puede ofrecer la ficción pictórica y la autointerpretación del Yo para trascender la representación de la propia imagen?
Del Valle muestra un talento técnico sobresaliente, tal como se muestra en los catálogos de su obra anterior, es un dibujante y pintor excepcional y eso se nota en las pinturas que nos presenta; una serie de autorretratos pintados que utilizan el lenguaje de la selfi y que bajo el pincel del artista se convierten en retratos mezclados con la iconografía de Van Gogh, Batman, El principito, Un avatar de Facebook o un Juan Carlos del Valle borrado, etc. El recorrido es intencionalmente caótico pero realmente fluido, aunque los núcleos temáticos (Yo incógnito, Yo Vera Icon, Yo perfil, Yo merengues, Yo sombra, Yo animalítico) se notan demasiado breves y sólo terminan dividiendo la obra en un sentido de análisis formal de imagen, sin ahondar en otros aspectos.
Si bien la mano del pintor es sobresaliente, la muestra se llega a sentir superficial en el tratamiento de sus temas, parece que no existe un cuestionamiento arriesgado hacia la selfi o el lenguaje pictórico mismo, sino que nos encontramos con una especie de fusión de ambas fórmulas, que al repetirse demasiado termina por desgastarse y no cautivar al espectador. La muestra nos ofrece momentos realmente buenos, por citar un par, el Yo merengues que entra al debate por medio de la representación, el lenguaje y el humor, demostrando que hay posibilidades en el autorretrato muy diferentes a las que nos muestra tan repetidamente; o el Yo borrado, que pone en la mesa la ausencia (y la autocensura) en un acto de presencia (virtual), tal como lo es el autoretratarse.
Hay imágenes que realmente aportan muy poco a la reflexión del autor, y que más bien parecen estar refiriendo al imaginario visual de las redes sociales tal cual, es decir; por momentos parece que sólo muda un lenguaje a otro soporte técnico, sin realmente proponer, jugar o entrar a los tópicos que los textos de sala intentan sugerir al espectador; Del Valle es un autor que ha trabajado mucho sobre el autorretrato y eso se nota, sin embargo, se apetece una exploración a fondo de lo que la pintura aún puede aportar a los modos de representación contemporánea, y un tratamiento que no se desgaste tanto en un recorrido breve.
Yo mero es una exposición que aporta y propone tópicos a los imaginarios contemporáneos, una muestra técnica lograda y un trabajo que idealmente no debería terminar en esta exposición, sino que se antoja para ser la muestra de un trabajo que indudablemente irá evolucionando y profundizando sobre sí mismo.
La muestra permanecerá abierta hasta el 4 de abril del año en curso (Alfonso Reyes 30, Col Condesa).