Corredor Roma-Condesa
portavoz - 27/11/2012
Por Emmanuel Ruffo - 15/12/2014
Cualquier persona puede hacer complicado lo simple. La verdadera creatividad consiste en hacer simple lo complejo.
-John Coltrane
¿Por qué los momentos únicos se reducen a una parte tan pequeña de nuestras vidas? ¿Por qué los momentos felices son cada vez más cortos, más complejos y difíciles de encontrar? Y es que si hacemos una reflexión profunda y desinteresada, estos momentos reflejan nuestro camino por la vida. Necesitamos de estos momentos para poder evolucionar durante nuestro tiempo en este espacio. Cómo, cuándo y porqué surgen, nadie lo puede asegurar. Existen algunas ideas, intuiciones y hay quienes inclusive creen que, estos momentos, se pueden controlar… yo simplemente no lo creo.
Hace algunas intervenciones hablé de la capacidad de los genios para crear, pero también de su tendencia a la locura, y es que parece existir una estrecha relación entre estos dos factores. Beethoven, Monet, John Nash y Poe, entre otros, son genios históricos que se han caracterizado por ser considerados bipolares. El punto clave en su desarrollo profesional, sin embargo, ha sido la pasión por lo que hacen. Este último factor resulta fundamental en el objetivo de encontrar los “momentos” trascendentales en la creación de un todo. El “todo” que resulta fácil de reconocer pero difícil de describir. Ese “todo” es el momento en que una persona, un artista, un diseñador, un ser humano, llega a su momento de “creación”, de formación, de entendimiento y de interpretación. Es aquí donde un ser se vuelve completamente libre.
La libertad de creación depende en gran medida de los intereses personales, el gusto, la capacidad de asombro y de reacción. A veces este gusto por el diseño se presenta en forma de gráfica, a veces es un vestido, a veces un mueble, a veces un color, otras tantas un texto, una mirada, una idea, un sonido o un pensamiento. Otras veces es un dispositivo electrónico, algunas otras un par de zapatos, a veces un escenario o un momento. La fase, que en lo personal me resulta profundamente excitante, es la capacidad de asombro al visualizarlo, sea mental o físicamente. Este momento es sin lugar a dudas donde se despiertan y conectan nuevas neuronas dando lugar a nuevo conocimiento. Y son estas conexiones las que producen, consecuentemente, nuevas ideas para el desarrollo de proyectos y construcciones completamente innovativas.
Sin embargo, el espacio para la libertad de creación es siempre mínimo y cada vez menor, y quizá esto está íntimamente relacionado con el uso del cerebro. Desarrollar lo que se origina en un momento creativo se vuelve complejo, a veces tedioso y sobre todo exponencialmente insignificante y poco creativo, comparado con el momento de su creación. Un emprendedor exitoso, por ejemplo, cualquiera que sea su area de desarrollo, sabe que la parte creativa son esos momentos mínimos en los que uno diseña. Desafortunadamente para muchos, esos momentos “claves” los desarrolla, en el mejor de los casos, el jefe de taller de un estudio, que si bien nos va, tiene las capacidades para entender mas allá del lápiz y el papel. A veces, ese momento mágico lo limitamos tristemente en un pequeño sketch que desarrolla “el arquitecto” y que posteriormente viene interpretado, desarrollado y construido por un gran numero de diseñadores, arquitectos, constructores y trabajadores.
Las fases que un proyecto construido puede tener son muchas, lo interesante se traduce en lo que uno desea hacer con ellas, en el papel que uno juega y sobre todo en cómo transformarlo en algo realmente único, en cómo plasmar y construir “ese momento mágico”. Ese momento donde la creación es realmente única, en el cual se te permite crear, pensar, desarrollar e innovar. Este es uno de los pocos momentos, en el diseño y en la vida, donde la intuición se encuentra en su máxima expresión. A este momento que te toca la piel y que a veces, incluso, es capaz de generar escalofríos en todo tu cuerpo, lo defino como la libertad de creación.
Italia, diciembre 2014.
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