Han sido innumerables los textos que hacen referencia al factor emocional en torno al ambiente construido; de la influencia que los espacios tienen sobre la mayor parte de las personas y de cómo, de manera directa o indirecta y, en ocasiones, inmediata, el lugar habitado dicta una sentencia emocional. ¿Pero qué hay en el lugar opuesto? es decir, en el lugar del que concibe el espacio, del que respira todo lo que abarca el proceso de diseño: desde la concepción de la idea hasta el producto arquitectónico. Algunos han entendido que existe el significado de la arquitectura para quien la vive pero que también existe el significado de la arquitectura desde la mirada de quien la concibe.
Ciertamente, no todo lo construido es bueno y también hay algo indiscutible en torno al hecho de que al momento de construir no todo se resuelve conforme a lo proyectado. Alain de Botton menciona, “Los edificios raramente hacen tangible los esfuerzos que la construcción demanda. Se reservan silenciosamente de anunciar la decadencia, los atrasos, el miedo y el polvo que imponen.”[1] Esto puede entablar un diálogo en torno al resultado de la arquitectura en comparativa con la idea original del proyecto. Y más allá, esto podría exponer un discurso en torno a las controversias y desencantos que rodean no solamente al proceso de diseño sino al proceso emocional, el cual implícitamente se manifiesta a lo largo de todo el proceso, es decir hasta el final del proceso constructivo.
En un análisis sobre la casa experimental de Alvar Aalto en Muuratsalo, Sarah Menin [2] expone que el significado de construir espacio alude a la resolución de necesidades psicológicas. Así, el proceso constructivo como uno experimental, en el caso de Aalto, fue parte esencial para la resolución de necesidades de su psique. Quizá, esto puede ejemplificar que lo relevante dentro de este discurso es deducir que al crear espacio no sólo se construye el espacio físico que, de manera ideal, contribuye al ambiente construido y/o natural sino que paralelamente reconstruye o repara el espacio psico-emocional.
Ahora bien, ¿podríamos restarle importancia y deslavarnos de la caraga emocional impuesta sobre el proceso de diseño al entender que la arquitectura, de uno u otro modo, está expuesta al cambio? Es decir, será que el apego emocional al mismo proceso se deba a la búsqueda de una arquitectura ‘ideal’ cuando, en palabras de Botton, “La arquitectura, en el mayor de sus méritos, únicamente será parte de una pequeña e imperfecta (cara, destinada a la destrucción y moralmente desconfiable), protesta en contra del estado natural de las cosas.”[3]
Entonces, quizá la resolución de las necesidades piscológicas y emocionales no reside en el momento de construir espacio, sino justamente fuera de ese espacio ya construido, es decir, después de la arquitectura misma: cuando ésta ha sido permeada por factores ajenos al proceso de diseño, ya que existe un punto en que la arquitectura se escinde por completo del proceso. Por ende, la esencia de la arquitectura no radica en el objeto inmóvil recien construido, sino precisamente en esa inherente condición de impermanencia, sin juzgar al valor meramente estético. No es acaso en ese estado esencial en el que querríamos tener un encuentro con la arquitectura para, quizá, atender todas esas necesidades a través de las cuales podríamos re-crear un espacio reparador, si fuera posible. Así, queda en cuestión si a la arquitectura, más allá de las satisfacciones y desencantos que conlleva estudiarla, la usamos como un medio para direccionar las distintas razones por las que se requiere o como uno de reparación propio.
[1] De Botton, Alain ’The architecture of happiness’ Australia: Penguin Books, 2006, p. 15. “Buildings rarely make palpable the efforts that their construction demands. They are coyly silent about the bankruptcies, the delays, the fear and the dust that they impose”. Traducción propia.
[2] Menin, Sarah ’Constructing place’ London: Routledge, 2003.
[3] De Botton, Alain ’The architecture of happiness’ Australia: Penguin Books, 2006, p. 25. “Architecture, even at its most accomplished, will only ever constitute a small, and imperfect (expensive, prone to destruction and morally unreliable), protest against the state of things.” Traducción propia.