Algunos apuntes sobre la ONG-ización de los movimientos populares y el arte y la cultura

Por - 18/05/2016

En octubre de 2006 el reporte final de evaluaciones de la Iniciativa de Transición de Haití (HTI, por sus siglas en inglés) encabezada por la Oficina de Iniciativas de Transición (OTI, por sus siglas en inglés), publicó un informe (1) sobre las actividades que llevaron a cabo en Haití. De acuerdo con el reporte, el objetivo de la “intervención humanitaria” que llevaron a cabo de 2004 a 2006, cuando el “proyecto” fue entregado a  USAID/Haití Mission fue “apoyar esfuerzos para la construcción de confianza ciudadana y participación, desarrollar marcos para una interacción pacífica entre los ciudadanos y el gobierno, y asegurar la interacción pacífica entre los grupos de la sociedad haitiana que están divididos por escisiones políticas, sociales y económicas” (2). Más puntualmente, este organismo ingresó al país para calmar el ambiente político de inconformidad y frustración que amenazaba con tornarse nuevamente en un movimiento de organización popular. Uno de sus objetivos era fungir como la “fuerza de relación” con la MINUSTAH (3), brazo armado militar de la ONU impuesto en la isla de forma anticonstitucional desde 2004.

De acuerdo con los informes, la OTI realizó obras con un costo total de 1,646.395 dólares, financiamiento que fue otorgado no sólo por la oficina, sino por otros donantes como El Banco Mundial, la Fundación Inter-Americana, la MINUSTAH, la Oficina de Desarrollo Internacional de Canadá, entre otras agencias de cooperación internacional. Entre los barrios donde ‘operaron’ se encuentran Martissant, Fort National, Cité Soleil o Bel Air, todos estos caracterizados por los niveles de extrema pobreza, pero también, algunos de estos, caracterizados por ser barrios donde diversas organizaciones populares se están conformando, como es el caso de MOREGAV en Fort National, quienes participan activamente en el movimiento contra la ocupación norteamericana y de la MINUSTAH en Haití. Como parte de la infraestructura que construyeron, se encuentran Centros Culturales donde promovieron la participación de ciertos artistas locales en actividades que organizan y promueven.

Se trata de una organización imperialista que en coordinación con otras tantas organizaciones que detentan y promueven las políticas de EE.UU y por tanto del mercado y del BM, se dedica a aplicar “proyectos de pacificación” en un territorio donde diversos gobiernos de EE.UU se han empeñado en desestabilizar y donde llevan aplicando políticas de dependencia e intervención desde hace más de una década. Documentos publicados por Wikileaks, filtraron correos donde la embajadora de EU en Haití afirmaba en 2008 que “una partida prematura de la MINUSTAH dejaría al gobierno (Haitiano) vulnerable a la resurgencia de fuerzas políticas populistas y anti-mercado” (4). Existen documentos que también dan cuenta del modo en que el gobierno norteamericano estuvo involucrado en el golpe de estado del primer presidente electo democráticamente después de la dictadura durante más de 30 años de los Duvalier, Jean Bertrand Aristide, quien tras unos meses en el gobierno se vio obligado a salir del país para regresar de EE.UU con un proyecto radicalmente diferente al proyecto de corte popular que había caracterizado a su organización, el partido Fanmi Lavalas.

La presencia tanto de OTI, como de USAID y otros organismos internacionales no-gubernamentales en países que suelen denominar ‘de conflicto’ se repite. Sólo en América Latina, estas formas de ‘cooperación internacional’ han estado presentes en sitios como Bolivia, Colombia, Venezuela, Honduras y Guatemala pero alrededor del mundo cuentan o han contado con presencia en sitios como Palestina, Siria, Mali, Angola, Sudán, Libia, Yemen, Ucrania, Serbia, Bosnia, Indonesia, entre muchos otros, donde han creado o apoyado diversos proyectos entre los que se encuentran iniciativas culturales que promueven con artistas locales a través de la creación de espacios como los Centros Culturales.

Estamos haciendo alusión al fenómeno que Arundhati Roy ha denominado la ONG-ización de la resistencia donde dichas organizaciones logran cooptar, ya sea a través de medios afines al arte y la cultural o a través de organizaciones de carácter popular, las diversas luchas y formas de resistencia que están emprendiendo. En el texto de Roy, titulado The NGO-ization of resistance la autora precisamente explica que por ejemplo en India:

“el fundando boom de NGO inició en la segunda mitad de los años 80 e inicios de los años 90. Coincidió con la apertura de los mercados al neoliberalismo. Al tiempo, el estado de India, manteniéndose con los requerimientos del ajuste estructural, estaba retirando financiamiento de la industria de desarrollo rural, agricultura, energía, transporte y salud pública. Mientras el Estado abandonó su rol tradicional, las ONG ingresaron para trabajar en estas áreas” (5).

La autora prosigue a explicar, como lo hicimos arriba, cómo muchas de estas organizaciones están precisamente financiadas por agencias de desarrollo que a su vez están financiadas por las grandes potencias. Se trata así de un mecanismo mediante el cual se pone en marcha una nueva forma de colonialismo, esto bajo la fachada de la ayuda humanitaria y el maniqueo interés por ayudar al desarrollo y resolución de conflictos en países cuyos conflictos han sido muchas veces perpetuados por los mismos agentes que luego financian a los organismos.

En este mismo sentido resulta pertinente analizar cómo el arte ha jugado un rol similar. Una parte importante de los proyectos que lidian con cuestiones políticas y sociales precisamente logran esto, hacer el trabajo sucio de los gobiernos. Un ejemplo es el parlamento creado por Jonas Staal que hace unos años logró la presencia de fuerzas kurdas en París, Francia, mucho antes de que el presidente François Hollande se reuniera oficialmente con miembros del PYD. En este proyecto titulado Stateless Democracy, Staal estuvo investigando “grupos étnicos marginalizados” en sitios como Mali, México, Medio Oriente y más recientemente, en Siria, Turquía e Iraq (6).

Muchos de estos proyectos podrían verse como positivos, “el arte está logrando crear situaciones que de otro modo no se hubieran podido crear” dirían muchos. Y es cierto, en muchos sentidos, el arte está posibilitando este tipo de políticas pero faltaría analizar en cada caso quién está detrás de ello, quién está financiando y con qué propósito. Como todo en la política y en las ONG’s, nunca hay buenas intenciones, simplemente hay intenciones, que benefician y trabajan en favor de unos cuantos.

Referencias

1. El informe puede ser consultado aquí: http://pdf.usaid.gov/pdf_docs/Pdacj408.pdf

2. http://pdf.usaid.gov/pdf_docs/Pdacj408.pdf

3. UN Stabilization Mission in Haiti (MINUSTAH)

4. http://www.globalresearch.ca/minustahs-occupation-of-haiti-a-structure-of-global-complicity/5407957

5. http://massalijn.nl/new/the-ngo-ization-of-resistance/

6. Véase: http://conversations.e-flux.com/t/jonas-staal-on-stateless-democracy-among-the-kurds/1181

NOTAS RELACIONADAS

LO MÁS LEÍDO.

Diseño

Arte

Arquitectura

Arquitectura

Arte

Diseño