MUJAM (Museo del Juguete Antiguo México)
portavoz - 10/04/2012
Por Arcelia Mac Gregor - 11/08/2015
El crecimiento del municipio de Tulum ha sido uno de los más grandes en el país en los últimos años. Por lo mismo ha habido un gran aumento de inversiones inmobiliarias, lo que ha dado cabida a una controversia ya que muchos residentes prefieren que este edén quede intacto. Sin embargo, la Dirección Municipal de Desarrollo Urbano ha promovido la construcción con la finalidad de atraer mayor turismo y todo lo que esto conlleva, de manera ‘provechosa’, para los Tulumenses. Pero estos grandes crecimientos, por lo general, van acompañados de desconsuelos.
Antes hay que recordar el ‘boom’ que tuvo Playa del Carmen a partir de los años 90, una ciudad que, de ser un pequeño pueblo pesquero, sin mucho encanto realmente, pasó a ser un lugar turístico sumamente popular. Y si bien no se dio a conocer ni un escueto planteamiento urbano desde el inicio, la Quinta Avenida empezó a desarrollarse de manera aislada al resto de la trama de la municipalidad y fue el detonante para atraer a miles de turistas al año. Supongo que sus hoteles ‘Boutique’ caracterizados por el uso de música lounge y un lenguaje de diseño poco visto, hasta ese entonces, en la península, – porque ya habían marcado una clara tendencia en varias islas europeas – se perfilaron como un hito del lugar. Ciertamente, estos hoteles fueron algo novedoso en México y sedujeron no únicamente a extranjeros sino a muchos ‘defeños’ para el lugar de fiesta. No obstante, casi vertiginosamente, la Quinta Avenida se fue empalagando de tiendas como Louis Vuitton, Armani Exchange, Carolina Herrera, etc., todas esas marcas que muchos respiramos, – pero que quede claro: no aspiramos – y que deploran la imagen de lo que pudo haber sido un lugar paradisiaco en el caribe mexicano. Todo esto aunado a la visita non-grata de los spring-brakers. Entonces, uno puede especular sobre el perfil de turista que se siente atraído por encontrarse con un lugar malherido por una avenida comercial, igual a las que existen ya en prácticamente todas las ciudades del mundo.
A diferencia de Playa del Carmen, Tulum ha atraído a un perfil de turistas que tiene, o al menos busca, un estilo de vida distinto. Esto es, algo más relajado, hoteles que no tengan mucha pretensión – aunque también están los que sí la tienen -, deportes, actividades al aire libre, alimentación alternativa, lugares libres de marca, etc.. No sé exactamente a qué encause esto ya que mucha de estas actividades también tienden a ser temporales como cualquier moda. Sin embargo, la intención de tener un mejor estilo de vida predomina y parece que puede ser más perdurable.
Paralelamente, es fácil entender que a una ciudad como Playa del Carmen, que principalmente surgió con el planteamiento de una calle lineal con prácticamente un sólo uso de suelo, le sea complicado generar una trama urbana por haber quedado completamente escindida de todo lo que en realidad marca la vida cotidiana de los locales: la vivienda, las instituciones de salud, los mercados, las áreas públicas, etc. Ya que, como menciona Kevin Lynch, ‘la vitalidad de una ciudad está conformada por el buen hábitat que dé soporte para la salud y el buen funcionamiento biológico de los individuos y para la supervivencia de la especie.’[1]
Por fuentes fidedignas, sé que muchos de los habitantes de Tulum no quieren el modelo de desarrollo turístico de Playa del Carmen. Y aunque muchas personas ya perdieron la fe en que Tulum se va a desarrollar de distinta manera, sigue habiendo muchos locales, tanto nativos como extranjeros, que piensan que existe una oportunidad de cambio: que las autoridades no permitan irregularidades en los procesos constructivos, como el respeto del porcentaje de área libre en la construcción; de que se haga un mayor esfuerzo por respetar el ecosistema haciendo un desarrollo fundamentalmente sustentable; de que exista un planteamiento urbano que no gire alrededor del comercio – y más si no promueve el local; de que el uso de bicicleta se siga promoviendo para que sea el medio de transporte mayormente usado; de que las leyes de tránsito sigan siendo respetadas y que el peatón siga teniendo preferencia; de que la actividad principal de entretenimiento no gire alrededor de la compra o ‘shopping’ o de la fiesta.
Por que más allá de que un sitio no cuente con un proyecto urbano o una buena forma de ciudad, lo que aún tiene Tulum es la oportunidad de tener sentido de lugar: uno que se jacta de tener una reserva como la de Sian-Ka’an, por albergar algunos de los mejores sitios arqueológicos a nivel nacional y por las decenas de riquezas naturales que hay alrededor. Sin olvidar la riqueza socio cultural e histórica de la zona.
Cito de nuevo a Lynch: ‘La forma más simple del sentido es la identidad, en el significado restringido de este término usual: un sentido del lugar. La identidad es el grado en que una persona puede reconocer o recordar un sitio como algo diferente a otros lugares, en cuanto tiene un carácter propio vivido, o excepcional…’[2] A esto Lynch agrega ‘que los planificadores frecuentemente buscan esta cualidad en una ciudad’. Si esto es, idealmente, cierto, sería válido hacer llegar el mensaje a las autoridades de que si efectivamente el interés de generar mayor turismo radica en aportar mayores beneficios a los habitantes de Tulum entonces el lugar nunca debería perder el sentido fecundo de sus orígenes.
¿No es acaso esta la idea primogénita de crear lugar?
Fotografías: “Tulum,Quintana Roo” Enero 2013. Escala indeterminada, AMG, Google Maps. https://www.google.com.mx/maps/@20.163472,-87.453982,3a,75y,174.99h,88.99t/data=!3m6!1e1!3m4!1sWtAfCnGOpqydlt1DbYcAgQ!2e0!7i13312!8i6656 7 de Agosto de 2015.
[1] Lynch, Kevin La buena forma de la ciudad Barcelona: GG, 1985, pp.94 -99.
[2] Lynch, Kevin La buena forma de la ciudad Barcelona: GG, 1985, pp. 100 y 101.
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