Regionalismo Crítico / Transculturación 

Por - 04/07/2017

 

Cuando estudié la maestría en Londres una de las materias que tomé fue Critical Methodologies. En ella se buscaba un acercamiento a distintas líneas de pensamiento con la meta de utilizarlas como herramientas de estudio de lo arquitectónico. Para cada sesión se leía una serie de textos sobre un tema que después se discutía en formato de seminario. Una de las sesiones estuvo dedicada a la teoría postcolonial y, al ser originaria de México que fue colonia, me llamaron la atención las dos lecturas que tenían que ver con arquitectura latinoamericana: Prospects for a Critical Regionalism de Kenneth Frampton y Transcultural Architectures in Latin America de Felipe Hernández. Aunque su producción está relacionada con Gran Bretaña (Frampton es inglés y Hernández, aunque de origen colombiano, es investigador en Inglaterra), ambos textos abordan la problemática de la mezcla cultural en la arquitectura de países de América Latina a través de términos inventados por otros autores. Es por esta razón que me pareció interesante contraponerlos.

 

Regionalismo crítico

En 1983 fue publicado el texto Prospects for a Critical Regionalism escrito por Kenneth Frampton incluido posteriormente en una de las revisiones de su libro Modern Architecture: A Critical History. El texto se convirtió en un documento importante para los estudios arquitectónicos porque presentó y valoró opciones alternativas ante la actitud homogeneizadora del movimiento moderno. Al estudiar la obra de algunos arquitectos de distintos lugares del mundo, Frampton identificó una arquitectura auto-reflexiva y auto-referencial que mediaba el impacto de la civilización universal con elementos que derivaban indirectamente de las peculiaridades de un lugar particular.[1] Desde su perspectiva fenomenológica estos arquitectos mostraban una serie de estrategias similares, a las cuales se refirió como los principios que caracterizaban al regionalismo crítico, término inventado por el arquitecto Alexander Tzonis y por la historiadora Liane Lefaivre[2]. Las prácticas arquitectónicas mencionadas en el ensayo basaban su trabajo en sus contingencias, adoptaban la arquitectura moderna de manera crítica mientras respondían al mismo tiempo a su contexto; eran una especie de expresión dialéctica de dos realidades. Frampton hizo énfasis en la importancia de comprometerse y acentuar el sitio a través de la topografía, el clima, la luz, los materiales y la mano de obra locales, los detalles, la conexión con la consciencia política de la sociedad, el deseo por alcanzar una identidad y la aspiración de independencia. Además, la identidad local y la manera en la que se pierde cuando la arquitectura se lleva como moda o escenografía era una de las preocupaciones principales de estas reflexiones. En un sentido más amplio, Frampton insinuó al regionalismo crítico como una liberación de los marcos mercantiles al crear lugar y sentido.

Prospects for a Critical Regionalism fue muy exitoso porque evidenció la existencia de posibilidades de diálogo entre las realidades globales y las locales (circunstancia que aún hoy en día se considera lógica y atractiva). Además, legitimó una manera alternativa de hacer arquitectura desde el discurso dominante. Sin embargo, tanto la estructura como el contenido del mismo texto limitan la apertura y el potencial que el regionalismo crítico puede tener.

Al ser el efecto que la arquitectura provoca en un sitio específico una de las preocupaciones principales del regionalismo crítico, es curioso que no hayan comentarios sobre cómo las construcciones estudiadas afectaron su entorno o las dinámicas socio-políticas locales. Esto parece omitir la importancia de las consecuencias e insinuar que el análisis termina en la configuración de la obra construida, situación que también se identifica al comparar todos los edificios descritos y comprobar que son muy similares en su forma; a pesar de corresponder a diferentes culturas y condiciones locales. El regionalismo crítico se propuso como una resistencia a la homogeneización, pero al mismo tiempo los ejemplos empleados son homogéneos, como si Frampton hubiera estado creando un discurso coherente desde la apariencia.

Al incluir la obra de Luis Barragán dentro de Prospects for a Critical Regionalism el texto se volvió esencial para la arquitectura en México (incluso hoy en día sigue siendo una referencia constante), ya que ayudó a la construcción de un discurso coherente alrededor de su obra. La especial atención puesta en la topografía, la oposición hacia la invasión de la privacidad, la crítica a la sutil erosión de la naturaleza y el juego de planos abstractos, son algunas de las características por las que su trabajo entró a este grupo. La obra de Barragán terminó utilizándose de manera escenográfica y como moda, justamente uno de los problemas que Frampton estableció que podía evitarse con el regionalismo crítico. Además se podría decir que algunas de las circunstancias del trabajo de Barragán no fueron coherentes o críticas con la realidad mexicana, “his work might not correspond to the conditions of poverty, unemployment and lack of education”[3], alejándose así de la conexión con la consciencia política de la sociedad y la aspiración de independencia establecidas en el texto.

Las estrategias propuestas por el regionalismo crítico parecen atractivas en una realidad definida por las mezclas culturales, pero la manera en la que el texto lo plantea parece limitar las posibilidades. La noción de región, por ejemplo, se presenta estática y cerrada en lugar de en una constante evolución y producción de ideas. El contenido de Prospects for a Critical Regionalism es una idealización selectiva y una homogeneización unidimensional[4], es una postura tomada desde una visión eurocentrista que plantea la absorción de la modernidad como algo unilateral y que evalúa el resultado desde la forma.

 

Transculturación

En el texto Transcultural Architectures in Latin America Felipe Hernández reevalúa el término transculturación (creado por el antropólogo cubano Fernando Ortiz en la década de los cuarenta) con el propósito de abrir nuevas perspectivas y posibilidades para la arquitectura latinoamericana. Hernández explica que la transculturación es un proceso de interacción mutua entre culturas que es usado para cuestionar la aseveración de que las culturas se desarrollan de manera taxonómica y unidireccional. En este sentido, esta se refiere a los procesos interactivos multidireccionales y sin fin entre varios sistemas culturales[5].

Entendiendo la transculturación como un fenómeno multidireccional en nuestra cultura globalizada, Hernández reexamina el término en un mundo posestructuralista a través de la noción del rizoma desarrollada por Gilles Deleuze y Félix Guattari “[…], the rhizome represents a dynamic structure that has no point of origin and is capable of establishing multiple connections with any other kind of system while at the same time avoiding stratification.”[6] El rizoma no tiene un principio ni un fin; está en un permanente estado medio. La cultura y la identidad están evolucionando de manera independiente. Al mismo tiempo, las culturas están conectadas a otras culturas y a otros sistemas y todas las partes involucradas en estas interacciones se benefician de las conexiones. Así, Hernández presenta el término transculturación y su acercamiento rizomático como una buena herramienta para estudiar interacciones culturales, la continua redefinición de contextos, y la fluida y compleja operación entre sitios diferentes y contestatarios. Es por esto que es un término que puede mostrar la riqueza de la coexistencia multicultural de una manera positiva. “Social heterogeneity and mass migration into the main cities have always been seen negatively from an architectural perspective as the obfuscate architects and planners projects to keep cities free from contrasting spatial and aesthetic difference. Yet, from a different perspective, the fact that numerous socio-cultural differences coexist in the urban space of Latin American cities is a condition pregnant with opportunities for architectural exploration.”[7]

Hernández menciona que el término transculturación dentro del discurso arquitectónico se ha usado solamente para discutir aspectos formales de la arquitectura, sin tomar en cuenta el complejo y múltiple contenido del término y sin considerar la arquitectura como parte del proceso de construcción de identidad y de cultura. Transculturación no es un término descriptivo; muestra la conexión entre arquitectura y otras áreas socio-políticas. Hernández habla de las narrativas, como el texto de Frampton, y argumenta que estudios arquitectónicos relacionados con América Latina se enfocan solo en los ejemplos paradigmáticos para crear una historia y una teoría coherentes, lineales y homogéneas, ofreciendo solo una vista parcial de la arquitectura ahí. Esta estrecha visión no es capaz de expresar la realidad de un país latinoamericano complejo y sus condiciones sociales.

“While ‘mutual interaction’ is indeed what Hernández is talking about, I would urge that we be careful not to minimise the inevitable influence of ‘the unequal distribution of power’ on cultural relations. If the phrase ‘mutual interaction’ is another way of saying ‘democratic relations’, then I think Hernández is being too optimistic”[8]. El término tiene que ser estudiado y posicionado en la realidad del sistema de poder específico de cada sitio, para que sea útil y adecuado. Por otro lado, generalizar sobre las ciudades latinoamericanas puede ser riesgoso considerando que todo país y toda región en sí mismos tienen características diferentes. El potencial del término no es la solución de problemas, sino la posibilidad de conectar debates y situaciones para una respuesta arquitectónica más amplia y precisa para las necesidades diferentes y específicas. El contexto puede, en este sentido, verse como una fuente de inspiración en lugar de como un instructivo.

 

Regionalismo Crítico / Transculturación

El texto de Kenneth Frampton ha contribuido a la idealización de la arquitectura de Luis Barragán y con esto ignora y descarta la multiplicidad de realidades en México. Este es un ejemplo de la manera en la que arquitectos y teóricos construyen narrativas usualmente despegados de las realidades socio-culturales, evadiendo el compromiso con la naturaleza compleja y fragmentada de las culturas como las de América Latina.[9] En estos contenidos las formas y los lenguajes parecen ser más fuertes que el contexto, mientras que el trabajo de Hernández implica que acercarse a diferentes áreas de la arquitectura de manera rizomática transcultural podría ofrecer una gran cantidad de posibilidades que podrían incluir a todas las prácticas arquitectónicas. “Thus, the notion of transculturation would reveal areas of architecture that have never been studied properly, it would also open doors for the study of minority architectural practices that have never received adequate attention and would encourage the continued exploration in search for alternative architectures that respond more appropriately to the socio-political realities of Latin American people.”[10]

La idea de la transculturación como un modelo teórico dinámico encaja con la percepción y experiencia de México porque aunque aspectos externos y globales se apropian, la cultura particular (de por sí multicultural) permea, evoluciona y dialoga. La diferencia con el texto de Frampton, al que siguiendo las ideas de Hernández se le podría llamar lineal y jerárquico, es que la interacción y el proceso cultural no tienen una presencia significativa. El acercamiento rizomático transcultural ve la evolución como algo positivo. Como dice Peter Krieger, la identidad arquitectónica-topográfica virtualmente idealiza un segmento histórico de la ciudad en oposición a esos elementos globales que siempre han existido; como la catedral gótica o las intervenciones barrocas que probablemente fueron rupturas globalizadas, pero también elementos que contribuyeron a nuevas orientaciones culturales. El regionalismo se refiere a una homogeneidad que en la historia de la ciudad nunca ha existido.[11]

Prospects for a Critical Regionalism y Transcultural Architectures in Latin America son diferentes, sin embargo coinciden en algunos puntos. El primero y el más importante es la capacidad de reflexión crítica sobre la realidad propia y la realidad del proyecto. También muestran la importancia de la arquitectura en la evolución de sistemas socioculturales e invitan a tener una postura arquitectónica ante la mezcla y las realidades como un reforzamiento de la identidad cultural de un lugar y sus habitantes. Sin embargo, ambos textos evidencian la complejidad que se presenta al abordar temas de esta naturaleza, la complejidad de la teoría postcolonial. En este sentido se podría decir que el primero es demasiado cerrado, mientras que el segundo es demasiado abierto. Es por esto que el regionalismo crítico fenomenológico de Frampton y la transculturación rizomática de Hernández podrían entablar un diálogo dinámico para abrir más y distintas posibilidades en el estudio de la arquitectura latinoamericana.

 

 

[1] Kenneth Frampton, “Towards a Critical Regionalism. Six points for an architecture of resistance,” en The anti-aesthetic. Essays on postmodern culture, editado por Hal Foster, Bay Press, 2002, p. 23.

[2] Alexander Tzonis y Liane Lefaivre, “Why Critical Regionalism today?” en Theorizing a new agenda for architecture. An anthology of architectural theory 1965 – 1995, editado por Kate Nesbitt, New York: Princeton Architectural Press, 1996, pp. 484-492.

[3] Felipe Hernández, “Introduction: Transcultural Architectures in Latin America,” en Transculturation: Cities, Spaces and Architectures in Latin America, edit Felipe Hernández, Mark Millington e Iain Borden, Amsterdam-New York: Ropodi, 2005, x.

[4] Peter Krieger, Paisajes urbanos. Imagen y memotia, UNAM, Instituto de investigaciones estéticas, 2006, México, p. 297.

[5] Felipe Hernández, “Introduction,” xi.

[6] Felipe Hernández, “Introduction,” xiv.

[7] Felipe Hernández, “Introduction,” xiv.

[8] Mark Millington, “Transculturation: Taking Stock,” en Transculturation: Cities, Spaces and Architectures in Latin America, editado por Felipe Hernández, Mark Millington e Iain Borden, Amsterdam-New York: Ropodi, 2005, p. 214.

[9] Felipe Hernández, “Introduction,” xxi.

[10] Felipe Hernández, “Introduction,” xix.

[11] Peter Krieger, Paisajes urbanos, 297.

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