Los quiebres en el Sistema Artístico

Por - 12/07/2013

Durante la historia del arte se ha mostrado una constante en los artistas, aquella de rebelarse contra lo cánones establecidos. Siempre se ha visto una necesidad por realizar un anti arte o contra arte para denunciar que el sistema en el que se encuentra inmerso éste está plagado de esteticismos obsoletos que poco tienen que ver con el verdadero sentido del arte. Así mismo, es una manera de evidenciar lo ridícula que es la institución del arte ya que eleva o destruye, tantas obras como artistas, de una forma sumamente arbitraria. El artista, ha buscado sublevarse por medio de su misma producción artística para crear micro revoluciones dentro del mundo del arte. Ya sea implementando nuevos temas “no autorizados” en las obras, creando un cambio de técnicas o el uso de nuevos materiales para la creación de las piezas. Sin embargo, tiempo después estos mismos artistas que se contrapusieron a esta cultura, a este arte estandarizado y convencionalizado, luego son absorbidos por el mismo sistema del arte hasta tal punto de convertirlos en lo mismo que estaban denunciando. Los ha coptado hasta el nivel de convertirlos en piezas o artistas culturales, que más allá de estar manifestando un malestar o una contraparte a dicho sistema, están reafirmando la parte superficial del arte, esa parte que lo convierte en un mero objeto del mercado, en vez de un medio que contrarresta y fractura ese sistema.Todo este cuestionamiento me surgió al ir a la exposición que se encuentra en el MUAC, en donde se exhiben registros de las acciones de un colectivo de artistas chicanos que estuvieron activos entre los setentas y ochentas, denominado ASCO. Era un grupo de disidentes que se dedicaban a realizar performance y arte en el espacio público con tintes político-sociales. La temática más recurrente era la discriminación por parte de la institución museística ante artistas que eran de origen latino. Realizaron acciones en contra de diversos museos por haberles negado la entrada como artistas, trasgrediendo los edificios con graffiti y  efectuando acciones fuera de los mismos. Ahora, los registros de estos acontecimientos son presentados como una parte importante en la esfera del arte contemporáneo. Es decir, la misma institución que los segregó y contra la que se mostraron tan reticentes, ahora los acoge y los convierte en un producto fundamental del arte.Casos como éste existen muchos, como fue la situación de los dadaístas. Un grupo de irreverentes y amantes de lo absurdo que a través de la ironía hacían una mofa de la institución museística yendo contra la frivolidad que esto representaba. Después, este movimiento se convirtió en una de las corrientes artísticas fundamentales para comprender el arte contemporáneo. De la misma manera, le ocurrió a los Situacionistas, caracterizados por realizar happenings ya no sólo en contra del sistema del arte sino en contra del sistema político, económico y social. El sentido anárquico que contenía su filosofía se vio aplastado cuando también desfilaron, más tarde, por las paredes de los mismos recintos a los que se oponían. ¿Será imposible crear una revolución en el arte? Es decir, algo que fue rechazado por un momento, eventualmente será institucionalizado por el museo mismo que lo expulsó. Habría que preguntarse hasta qué punto le es posible al arte escindirse de ese sistema sin ser coptado.La respuesta se encuentra en el significado de revolución que le brinda Hakim Bey,  “la Revolución quiere permanencia, o cuando menos duración, mientras que la revuelta es temporal. En ese sentido una revuelta es como una experiencia límite, lo contrario del estándar de la conciencia y experiencia ordinaria.”[1] Con esto, se puede llegar al acuerdo que en realidad sí se logró una revolución en todos los ejemplos pasados ya que cada unos de ellos consiguió un cambio permanente. El hecho de que se hayan institucionalizado habla acerca de una fractura en el sistema la cual llegó a hacerse tan grande que se convirtió en parte del mismo. Entonces se debe pensar en estas disidencias, más que como revoluciones, como zonas temporalmente autónomas del arte.De acuerdo con Hakim Bey, una zona temporalmente autónoma es “como una revuelta que no se engancha con el Estado, una operación guerrillera que libera un área -de tierra, de tiempo, de imaginación- y entonces se autodisuelve para reconstruirse en cualquier otro lugar o tiempo, antes de que el Estado pueda aplastarla.”[2] Es decir, en su momento cada uno de los acontecimientos mencionados, fueron autónomos hasta el momento de ser coptados por el sistema. No obstante, no es necesario sentenciarlos a lo que los convirtió la institución sino verlos en su esencia como lo que fueron originalmente, un estado de autonomía. Hay que observar las disidencias en el arte como acontecimientos y no en lo que han sido convertidos por el estado o en el caso del arte por el museo. A pesar de que Hakim Bey afirma que en cuanto esta zona de autonomía es absorbida por el estado deja de existir y por lo tanto su propósito también, considero que esto no se ve reflejado de la misma manera en el arte.El objeto del arte puede que ya sea una mera mercancía pero es lo que se encuentra detrás de él, lo que hace que se le siga atribuyendo como una revuelta. La zona temporalmente autónoma es un estado de mente anárquico que se beneficia de experimentar el aquí y el ahora, ese momento, aunque ya pasado, se puede reencontrar en la obra. Es decir, se trata de encontrar en el arte esa  zona de autonomía que fue en algún momento, para propulsar un engaño hacia el sistema, aunque sea de una manera simbólica. Sólo al observar a la pieza como un momento de autonomía es que se evita que se le convierta en un producto y se observe la esencia de la acción creadora.

Tal vez no exista una rebelión del arte como tal, tal vez, tarde o temprano, toda revuelta será apagada e institucionalizada; sin embargo el propósito por las cuales fueran hechas siempre se encontraran presentes en las obras. La única forma de atacar la institución es lograr entrar y salir de ésta sin que se vea afectado el propósito del quehacer artístico ya que en la esencia de éste sobrevivirá la autonomía. A través de esto se generarán rupturas que moverán los cimientos sobre los que está parada la institución y se podrá generar un cambio, que posteriormente tendrá que ser reanalizado y quebrantado. Las estructuras se tienen que romper constantemente ya que algo que anteriormente fue ruptura ahora es cánon, por lo que la disidencia es algo inherente al arte para que éste se pueda reinventar y renovar. 

 

Texto: María Cano Chanez

 


[1] Bey, Hakim, Zonas Temporalmente Autónomas, PDF, pág. 2.

[2] Bey, Hakim, Zonas Temporalmente Autónomas, PDF, pág. 3.

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