La banqueta: el verdadero espacio público

Por - 23/01/2018

“Reducir la complejidad funcional de la calle es anular uno de los primeros factores de urbanidad.”

Oriol Bohigas

 

La ciudad es la más grande extensión de espacio público que el hombre haya inventado. El espacio público no se limita al estudio o análisis de sus formas más recurrentes y conocidas como la plaza, el parque, el jardín o cualquier otro espacio abierto. La calle es por sí sola espacio público. Por lo tanto, me limito a hablar de la calle como una de las expresiones urbanas –y tal vez la de mayor amplitud- del espacio público.

Desde las sociedades más primitivas –nómadas–, la calle –sendero en ese tiempo– sirvió para el andar. Los recorridos a pie fueron prácticas habituales necesarias. Las distancias hicieron que aparecieran otros medios de transporte como el caballo y la carreta, con lo que se acortaron las distancias y sobre todo el tiempo de traslado entre un punto y otro. A medida que las sociedades evolucionaron y la población aumentó, también lo hicieron los medios de transporte, apareció el automóvil y el transporte público. La expansión del territorio, aunada a los tiempos de traslado entre ocio, vivienda y trabajo, hicieron que poco a poco el andar como práctica habitual lúdica, contemplativa y de relación social, fuera perdiendo relevancia y sobre todo espacio y dimensión humana.

Las ciudades son el resultado de un sistema de calles, del trazo de las mismas antes de cualquier lotificación. La calle ha sido el resultado de un proceso lógico de circulación peatonal y conexión entre dos o más lugares, entre dos o más puntos, entre dos o más objetos. Por lo tanto, la calle es el espacio físico abierto existente entre dos objetos arquitectónicos dispuestos uno en frente de otro, que permite la movilidad de personas.

La dimensión física de la calle, es decir, el ancho entre sus objetos construidos, siempre ha sido un lugar que concentra múltiples actividades y funciones, sin embargo, son dos las más importantes y están definidas por dos espacios específicos para cada una. La primera y más importante es el caminar, acto que realizamos en la banqueta. La segunda es la circulación motorizada en auto privado o en transporte público, es decir, la vialidad. Esta última ha evolucionado a la par de la sociedad, razón por la que hoy tenemos periféricos, ejes viales, avenidas, bulevares, privadas y demás; tampoco ha dejado de ser una vía de comunicación sino que se ha convertido en un espacio urbano motor de la economía local y ha definido la forma de las ciudades. La vialidad es también el espacio por donde viajan los servicios básicos para que las ciudades funcionen.

No ha sucedido lo mismo con la banqueta. El espacio y proporción se inclinan hacia la vialidad, y la convierten en un espacio excluyente y deshumanizado. Al perder espacio, la banqueta también ha perdido su sentido humano para convertirse en un campo de batalla entre la máquina y el hombre, el auto contra el peatón. Un espacio robado, ríspido y áspero, por el que resulta a veces imposible llevar a cabo la más mínima actividad y por la cual fue creada, andar, caminar, deambular, ir.

Al perder espacio, la banqueta ha sido robada y conquistada por la máquina y la inseguridad, pero sobre todo por la falta de comprensión de su significado y su valor dentro de la urbanización contemporánea. Las políticas públicas municipales están concentradas en darle servicio o mantenimiento a la vialidad, lo cual significa que no se han entendido las dos funciones de la calle. En la actualidad no hay interés, capacidad o tiempo para pensar en el diseño de la banqueta como un elemento fundamental y símbolo del espacio público democrático e incluyente en el que se llevan a cabo las funciones más diversas que exigen las ciudades contemporáneas.

Es fundamental la recuperación y revalorización de la banqueta como el espacio público más extenso que tienen todas las ciudades. La dimensión humana de la calle y de las ciudades futuras será inversamente proporcional a la dimensión de su banqueta. Entenderla no solo como un espacio que sirve para caminar y llegar a un lugar, sino como el espacio público más importante dentro de las ciudades, será el gran acierto si en verdad queremos humanizarlas.

 

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