El Paseo Parián en la FICA 2017

Por - 24/05/2017

 

Antecedentes de la FICA

La Feria de las Culturas Amigas de la Ciudad de México, celebrada desde el 2009 a lo largo del Paseo de la Reforma y desde el 2014 en el Zócalo de la Ciudad de México, se ha caracterizado por fomentar la inclusión y la multiculturalidad. La feria se desarrolla a partir de una serie de locales de distintas naciones que permiten conocer las tradiciones y los sabores que más las representan. La exhibición y venta de artículos se complementa con eventos culturales de danza, música, teatro, cine y fotografía. En esta novena edición, se transformó en la Feria “Internacional” de las Culturas Amigas (FICA). Puede visitarse en el Centro Histórico de la Ciudad de México del 20 de mayo al 4 de junio y en esta ocasión está conformada por el Pabellón de la Diversidad Cultural, con 91 países invitados, el Pabellón de la CDMX, en donde se llevan a cabo conferencias, proyecciones de cine, algunos espectáculos y el Pabellón Gastronómico, ubicado en la Plaza de Santo Domingo.

Desde hace unos años, los organizadores de la FICA reconocieron la importancia de garantizar la calidad arquitectónica en una feria que año con año adquirió una mayor relevancia. La feria es un montaje efímero de grandes dimensiones en donde el diseño de los pabellones tiene una importancia clave para la experiencia de los visitantes, como ha quedado de manifiesto en las ediciones anteriores. Desde el punto de vista arquitectónico, los recintos feriales han sido fundamentales en el devenir arquitectónico. Se trata de edificaciones que por su carácter efímero no se inscriben dentro de los parámetros cotidianos de la disciplina y que han servido como un laboratorio de experimentación. Mucho ha transcurrido desde el Crystal Palace de Joseph Paxton hasta la fecha y con respecto a esto, guardando las debidas proporciones de tiempos y costos, es importante reconocer que son oportunidades únicas para la reflexión. El diseño de los pabellones representa todo un reto hoy en día, más en montajes visitados por millones como la FICA, en donde es necesario lograr materializar las ideas en corto tiempo, con un presupuesto limitado y procurando la reutilización de los materiales.

 

El concurso del proyecto arquitectónico

La convocatoria para el concurso está organizada por la Coordinación General de Asuntos Internacionales de Gobierno de la CDMX y LIGA/ Espacio para arquitectura, y está pensada como un concurso abierto que con este año suma dos ediciones. El diseño ganador del pabellón del año pasado fue el de los arquitectos Ambrosi-Etchegaray, mientras que los pabellones de las dos ediciones anteriores a esta etapa abierta se asignaron de manera directa a los arquitectos de Productora y Estudio MMX respectivamente.

Es de reconocerse que algo se ha avanzado en el tema de los concursos abiertos, aunque paralelamente no podemos ignorar el hecho de que en la primera etapa, de la cual surgen los finalistas, se seleccione a partir de portafolios en donde los autores están identificados. Esta situación se continúa prestando para especulaciones y prevalecen algunos vicios como el que de una convocatoria abierta nacional todos los equipos ganadores sean de la Ciudad de México o también la proximidad de las esferas de acción de organizadores, jurados y participantes. Resulta por igual contradictorio que, en un ambiente democrático, el pabellón gastronómico de la Plaza de Santo Domingo no fuera concursado también.

En esta convocatoria, sesenta y siete equipos participaron, de los cuales hubieron cinco finalistas: Escobedo Soliz, CC Arquitectos, R-Zero + Max von Werz, a/911 y Colectivo de UNO. La propuesta ganadora para la FICA 2017 por decisión unánime fue proyectada por el Colectivo de UNO conformado por arquitectos egresados del Taller Max Cetto de la UNAM: Helmut Balle, Jimena Hogrebe, Roberto Michelsen y Nicolás Vázquez. Es un equipo cuya fortaleza surge a partir de las distintas maneras de abordar la arquitectura, enriquecido también por las diversas edades de sus integrantes, con la frescura que ello imprime, así como las experiencias y coincidencias entre ellos, como lo es la docencia.

Convencida de la importancia de tener más información para emitir un juicio, consideré importante entrevistarlos y fue muy grato para mi notar en ellos complicidad y pasión por su trabajo. Desde un principio me pareció importante cómo reconocen, con humildad, la labor de todos los que han participado en este proceso desde el inicio, con la postura de un equipo sin jerarquías. Están conscientes, por ejemplo, de la existencia de eslabones que ayudaron en las distintas etapas como el caso de Paulino que realizó los renders para el concurso, Sebastián Gnaedig, que asumió un papel fundamental en el proyecto ejecutivo, Heladio Ramírez de Espacios y conceptos, así como Tatiana Alcázar de Asuntos Internacionales, por mencionar a algunos.

Carlos Mijares decía que “para ganar un concurso, más que buscar una idea genial o innovadora -algo en lo que él no creía-, había que saber leer muy bien las bases y al jurado”. Considero que Colectivo de UNO hizo esto muy bien, a la vez que también supieron analizar a sus contrincantes. Conocían a profundidad los aciertos y desaciertos de las ediciones pasadas. Jimena Hogrebe, por ejemplo, elaboró textos críticos sobre las dos ediciones anteriores y Nicolás Vázquez fungió como jurado en la edición anterior.

De acuerdo con sus propias declaraciones, Colectivo de UNO “no buscó una idea genial”, sino aquella que ofreciera diversos lugares de encuentro para los visitantes, que generara recorridos sorpresivos y contrastantes que cumplieran con el objetivo esencial que la FICA solicitaba, pero que fundamentalmente tuviera como principal inquietud atender las necesidades del usuario, contenerlo y a la vez dejarlo fluir de manera libre y abierta. Helmut Balle mencionó que según la experiencia de hacer este proyecto podía asegurar que “lo más importante era que la feria estuviera hecha para el visitante incluso antes que para el expositor” y por ello fue lo principal en atender (defender) en estos seis meses de desarrollo.

A tres semanas de la inauguración, se presentó como una realidad ineludible el que casi la mitad de la Plaza de la Constitución estaría en remodelación y que la relación que se establecía entre los pabellones irremediablemente sería afectada. Esta situación refleja la realidad en la que estamos inmersos en nuestro país, en donde lo político prevalece frente a lo urbano y lo arquitectónico. Observando la obra de remodelación y su respectivo tapial, se hace evidente la falta de respeto hacia los esfuerzos ajenos, como lo es la misma FICA o el concurso nacional para la remodelación del Zócalo del año 2000. Sin embargo, la parte del gobierno involucrada directamente en la FICA tuvo la sensibilidad y el ímpetu de que los objetivos originales prevalecieran. Desafortunadamente no todos los implicados lo vieron así y estas decisiones afectaron el proyecto. Sin duda alguna, lidiar con estas condicionantes en tan poco tiempo representó un reto extra para los arquitectos y todo el equipo volcado en su materialización.

 

La propuesta de Colectivo de UNO

Colectivo de UNO hizo una propuesta de arquitectura efímera que permite acoger a los 91 países invitados y que logra un ambiente propicio para recibir a los cerca de 3 millones de visitantes que se esperan a lo largo de toda la duración del evento, con la posibilidad de contenerlos y dirigirlos de manera fluida, resguardándolos del sol, el viento y la lluvia. Después de las experiencias de las ferias pasadas, se puede asegurar que estas condicionantes son las exigencias de diseño más importantes.

Jimena Hogrebe habló de la importancia que significó, al proyectar la FICA, la dualidad de ambas palabras con las que titularon su propuesta: Paseo Parián. Vincularon la palabra paseo “con el intercambio cultural que se puede dar a través del recorrido, pero no desde una visión capitalista, sino más bien desde el punto de vista de un recorrido fluido y agradable”. La palabra Parián lo enlazan “con la vocación histórica que ha tenido la Plaza de la Constitución desde la época Prehispánica”, principalmente con el mercado El Parián demolido en 1844. En su investigación hacen énfasis en lo relevante que fue para ellos descubrir en los cuadros que retrataban a El Parián como un mercado muy colorido y con una plaza interna dentro del mismo, lo que permitía que viviera hacia adentro y hacia afuera de manera simultánea. Esta referencia, sin duda, es perceptible en su propuesta en la manera en que las secciones de círculo nos permiten tener esta dualidad de recorridos y que personalmente me resulta interesante, ya que de manera paralela articulan estos espacios de circulación y los de estadía, los “tránsitos y demoras” de los que hablaba el mismo Mijares. Asimismo, otorgando también una condición muy diferente y atractiva a los pabellones según el lado por el cual se les mira: de un lado la fuerza del color y por el otro el juego de las lonas en movimiento.

En cuanto al planteamiento urbano, en un primer instante resulta evidente que todos los trazos que conforman la Plaza de la Constitución son estrictamente ortogonales, pero a la vez el comportamiento en su interior es orgánico. Considero que el proyecto logra ofrecer a través de la sección circular recorridos orgánicos apegados a los que actualmente se dan de manera natural, a la vez que responden a distintas condiciones urbanas que parecieran ser las fuerzas que acaban por determinar las inflexiones de los pabellones. Los tres pabellones curvos conforman a su vez tres plazas con dinámicas distintas y que de alguna manera se delimitan también con las edificaciones como el Palacio Nacional o la Catedral, haciéndolos partícipes de la intervención. Al centro se arma una plaza central, la cual fue proyectada para contener el asta bandera, aunque esto último no pudo suceder por lo antes mencionado.

Como pude constatar en la entrevista, en Colectivo de UNO están conscientes de las referencias desde el arte y la cultura con la secciones curvas, específicamente con el concepto de paralaje y con la pieza Clara-Clara de Richard Serra. Para ellos, como lo explicó Roberto Michelsen “vivir la curva desde un interior y desde un exterior era fundamental”. Todo esto, acompañado de la definición estructural, consolidó de alguna manera la propuesta formal. Tomando en cuenta estas cuestiones, a pesar de las similitudes con la edición anterior, podemos decir que el origen de ambas intervenciones es completamente distinto.

 

Un recorrido por el Paseo Parián

Con la debida distancia que existe entre la imagen de lo proyectado y lo que se construye, me parece que en este caso hay congruencia entre ambas en el resultado final. Las decisiones que surgieron a partir del análisis urbano considero que son acertadas, a pesar de la mutilación del espacio disponible. Las tres secciones de curva en pendiente y con color, enmarcan y señalan las edificaciones circundantes, acercándolas y haciéndolas presentes en nuestro recorrido. Otro acierto es que la propuesta conceptual del colectivo fue trabajada estructuralmente desde su origen, lo cual resulta evidente al observar el complejo entramado del andamiaje que a la vez resulta en unos volúmenes limpios y muy expresivos.

La disposición de los volúmenes conforma diferentes plazas, entre ellas la más protagónica resulta la plaza central, delimitada por los tres pabellones. En ésta, las lonas blancas con transparencia, en caída libre, hacen que la escala se atenúe y los nueve metros de altura que en ese punto tienen los andamios no se perciban tan imponentes. El peatón es contenido por volumetrías que a merced del viento, van transformándose y diluyéndose, dejando entrever la estructura portante, así como el color por debajo de la misma. Un paisaje efímero, que nunca es el mismo, gracias al sutil juego que provoca el movimiento del viento.

Recorriendo la FICA a través de sus tres pabellones principales, resulta atractivo el ritmo con el que la gente que se va deteniendo en los locales de cada país. Las estructuras curvas albergan la exposición de noventa países -canceló Venezuela- y únicamente se interrumpen en el punto central de cada volumen por vacíos a manera de túneles, los cuales se vuelven una invitación a participar en ambas dinámicas de una manera variable y no impuesta. Permiten el ir y venir sin recorridos forzados, propiciando un espíritu festivo y de encuentros sorpresivos. La feria cobija distintas actividades y permite visualizarlas de manera paralela y sobre todo genera un tránsito sin aglomeraciones, lo que resulta contrastante al visitar el Pabellón Gastronómico en la Plaza de Santo Domingo, en donde resulta casi imposible circular por los pasillos centrales. Ahí mismo, el comedor se vuelve un oasis frente a la cantidad de personas que recorren los locales de comida o que permanecen de pie mientras degustan.

No podemos dejar de lado en este análisis que partes importantes de la propuesta ganadora fueron anuladas, como la geometrización y el color del piso o la pirámide que representaba al Pabellón de la Ciudad de México. Este último, además de que se concibió como una pieza lúdica, generaba un elemento de escala entre las curvas proyectadas y ofrecía al visitante un área adecuada para descansar, sentarse y retomar el aliento. Estas gradas se encuentran ahora a espaldas del tapial, lo que permite perderlo un poco, pero definitivamente no se perciben con la misma contundencia que en la propuesta original.

A manera de conclusión, me gustaría abordar el tema del color ya que creo que fue una de las apuestas principales del diseño arquitectónico y fue una decisión que no estuvo exenta de polémica. Confieso que para mí el contraste fue algo esperado -y deseado- ya que la impecable blancura del pabellón de Estudio MMX me dejó algunas dudas, así como la mímesis ocre del pabellón de Ambrosi-Etchegaray con el contexto construido del Zócalo. En un principio, cuando se publicaron las primeras imágenes del concurso, el colorido de la propuesta y las formas curvas remitían a una obra “Pop” en donde parecía haber cierta trivialización e incluso la evocación de una imagen comercial que contrastaba con el refinamiento arquitectónicamente correcto de otras propuestas. Sin embargo, creo que estas primeras lecturas se han superado gracias a la riqueza espacial que se percibe al recorrer la obra, experiencia enaltecida gracias a los contrastes que fueron generados precisamente por el uso del color y también por el movimiento de las lonas.

Evidentemente la utilización del color fue una apuesta que hace referencia a nuestra cultura, a la vez que enfatiza el carácter festivo. Sin embargo, surge la duda ¿por qué el rosa, verde y azul? Para Colectivo de UNO “era importante generar contraste y a la vez evitar algunos colores por referencias simbólicas y también buscaban que de alguna manera se complementaran entre ellos”.  El degradado de los tres colores sin lugar a dudas enriquece las visuales y enfatiza la masividad de los edificios circundantes. Ante todo, la utilización del color también puede ser entendida como la apuesta de un grupo de arquitectos que debía resaltar de manera contundente en el concurso frente a varios colegas consagrados. Por eso creo que es importante el tema del colorido para entender el proyecto ya que hay cierta rebeldía implícita en esta y en otras de las decisiones que dieron forma al proyecto, mismas que al final se tradujeron en experiencias espaciales positivas.

Terminaré reconociendo también, que dentro del acotado círculo de la arquitectura mexicana “de autor” –por llamarla de algún modo- el concurso de la FICA es una oportunidad que ha tomado una gran relevancia, en gran medida por su escala y por estar en uno de los sitios más emblemáticos del país. En este sentido, habría que resaltar la oportunidad que constituye para un equipo nuevo como Colectivo de UNO lograr este reconocimiento a nivel gremial que los llevará a nuevos retos y oportunidades que seguramente lograrán con la misma contundencia con la que abordaron la FICA 2017.

 

Quiero agradecer a Jimena, Roberto, Helmut, y Sebastián, por la charla tan entrañable que sostuvimos, así como a María Fernanda Sánchez Paredes por sus excelentes fotografías.

 

 

Fotografías: 

María Fernanda Sánchez Paredes*

Vive y trabaja como fotógrafa entre México y París. Es egresada del Posgrado de Artes Visuales de la UNAM y de la FCPyS, en donde trabaja como profesora de fotografía y teoría de la imagen desde 2006. Ha sido becaria del FONCA en Jóvenes Creadores (2006), como artista en residencia en The Banff Centre (2008) y en el programa de Artes Aplicadas para estudiar fotografía en la École Nationale Supérieure des Arts Déco en Paris (2010). Su obra es representada por la Galería de Arte Mexicano. Ha participado en exposiciones en la Galería Andrés Siegel, la Fundación de la Casa de México en París, el Royal College of Art de Londres, en la Feria de Arte Contemporáneo Zona Maco, entre otras. En 2013 fue residente en los talleres para artistas de Sacy-le-Petit en Francia, cuyo trabajo fue exhibido recientemente en el Instituto Cultural de México en París.

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