In trash we trust
Marcos Betanzos - 20/08/2014
Por Sandra Sánchez - 17/07/2015
En Radical Museology, la historiadora y crítica de arte, Claire Bishop realiza un análisis de la transición de los museos de arte moderno a los de arte contemporáneo, en los últimos encuentra una tendencia en donde el espacio monumental y la espectacularidad pesa más que las exposiciones: “la envoltura del museo se ha convertido en algo más importante que sus contenidos […] en este panorama global de los museos de arte contemporáneo, lo que los mantiene unidos consiste menos en una preocupación por la colección, la historia, una postura o misión que en una contemporaneidad montada a un nivel de imagen: lo nuevo, lo cool, lo fotogénico, lo bien diseñado, lo económicamente rentable”. A ello suma el modo en que los museos se ponen a la orden de sus patronos, por ejemplo, dice que el MOMA algunas veces muestra obras de su colección con base en las últimas adquisiciones de sus fideicomisarios.
Ante este panorama de museos brillositos surgen otro tipo de lógicas, como la de los espacios independientes, que si bien no se pueden unificar en una identidad total, tienen como constante generar sus propias reglas a partir de una demarcación territorial en donde las negociaciones no se realizan a partir de tendencias institucionales, sino de problemáticas locales y globales. Estos espacios generalmente van más allá de la organización de exposiciones, ya que recurren a una serie de estrategias en donde la pieza de arte es sólo un elemento más dentro del fenómeno del arte, el cual constantemente se ve rebasado ante las problemáticas políticas, estéticas y sociales que se ponen a discusión.
Tal es el caso de Tepetongo Balneario Crítico, que no lleva más de un semestre funcionando, pero que desde el inicio convocó a encuentros de diálogo crítico bajo los ejes del feminismo y la descolonialidad a través de exposiciones, charlas, publicaciones, etc. Ubicado en la colonia San Rafael, DF, este espacio inauguró con la exposición Habitaciones de servicio: no hay justificación para su ubicación y dimensiones, de la artista peruana Daniela Ortiz. La exposición mostró una serie de planos arquitectónicos de mansiones para visibilizar el modo en que se ubican los cuartos de los trabajadores que duermen en la casa, siendo generalmente ocupados por las mujeres que se encargan de la limpieza del hogar. A continuación una entrevista a Mauricio Patrón, fundador del proyecto junto con Ana Emilia Felker, sobre las aristas del proyecto y sobre la exposición de Ortiz.
-Me gustaría que nos contaran un poco más de Tepetongo, ¿quiénes integran el proyecto?, ¿es un espacio independiente dedicado a exposiciones?, ¿tienen otro tipo de actividades?
Tepetongo. Balneario Crítico (tepetongobalneariocritico.tumblr.com) es un espacio para el cruce del arte y la política, para replantear la división de lo sensible (Rancière). Incluye una “galería” instalada en lo que era el cuarto de servicio de un departamento, como una forma de romper con la clasificación del espacio en términos de lo que es público y lo que es privado. Hay que atravesar un espacio aparentemente privado (un departamento) para llegar a este espacio aparentemente público.
Pero más allá del espacio físico, lo importante es funcionar en términos performáticos para entender que la división entre arte y política es ficticia pero funcional a intereses particulares. Se nos hace creer que la política carece de estética y que las formas no tienen nada que ver con los contenidos, y es precisamente esta división la que se nos muestra naturalizada para impedir la discusión de esta repartición de lo sensible. Es esta la división que nos impulsa a cruzar pensamiento crítico con afectividad.
El balneario es mantenido por Ana Emilia Felker y por mí, Mauricio Patrón, quienes lo iniciamos en marzo de 2015 con financiamiento propio y con la idea de hacerlo un lugar y un momento abierto a la colaboración. Creo que es justo lo contrario a un espacio independiente, es un espacio que depende de las colaboraciones, de los lazos afectivos, ideológicos y de trabajo para suceder, y además tenemos el ojo puesto en intentar no reproducir condiciones de precarización.
Por eso en estos cuatro meses hemos colaborado con decenas de personas: Cecilia del Castillo y Esteban Azuela hicieron la imagen, Habitaciones de Servicio de la peruana Daniela Ortiz fue nuestra primera exposición, a la cual siguió la video-instalación Circunstancia de Mariana Juárez y Mario Coyol; pero también hemos armado un grupo de investigación y visualidad sobre necropolíticas llamado Necrocanibal Zero; un Domingo Drag, espacio para travestirnos y reflexionar sobre la construcción visual de los géneros, anfitrionado por el catalán Alberto Perera, y más.
-¿Desde qué punto de vista están abordando la crítica y por qué creen que sea importante para el circuito del arte contemporáneo?, ¿qué tipo de cruces creen que sea posible desde el feminismo y la descolonialidad con el arte?
Yo creo que estamos en un intento de abordar la crítica desde la práctica. Una práctica crítica que parta desde la autorepresentación. Helena Chávez McGregor tiene claro que la crítica es la exploración de las condiciones de posibilidad de la acción o producción y creo que es desde ahí también donde estamos parados. No es una crítica sólo al arte contemporáneo, sino una exploración de por qué decimos que algo es arte y por qué decimos que algo es política, e intentar entender cuál es el ordenamiento que regula eso.
Y justamente los feminismos y la teoría descolonial son espacios de pensamiento y acción cuyas genealogías parten desde esa disidencia crítica. Son grandes archivos vivos y en lucha donde se han generado discursos que revelan los mecanismos del poder.
La producción artística desde estos espacios se hace indisociable de, por ejemplo, la producción teórica o la activista de los feminismos y la descolonialidad, porque desde esos rincones hay una crítica que pasa por disolver esas fronteras y por reconocerse como situado. Y entonces el hacer arte contemporáneo o escribir un libro se vuelven herramientas nuevas para el ejercicio de esa crítica en sus espacios respectivos.
-Su galería se llama “Nadie para presidente”, ¿qué tipo de declaración buscan a partir de esta frase relacionándola con los cotos de poder del circuito del arte?
Creo que estamos en un momento donde hay una gran cantidad de espacios dedicados al arte contemporáneo y a la cultura en general a los cuales estamos llamando galerías. Pero esta palabra no ha dejado de ser clave en el mercado del arte, lo cual pone en conflicto su significado.
“Nadie para Presidente” es un espacio expositivo que no pretende vender nada y de hecho no está planeado para que ningún consumidor de arte llegue a él. Proponemos que sea un espacio de encuentro donde incluso las probabilidades de tener a alguien desconocido diminuyen. Es un lugar que procura la intimidad y la gente que llega lo hace muy de voz en voz.
Lo llamamos contingentemente como “Nadie para Presidente” haciendo alusión a la parodia de una campaña electoral que en 1976 se lanzó en Estados Unidos a las afueras de la Convención Republicana para señalar al sistema bipartidista como un vacío en el campo de lo político. La ironía de lanzar a “Nadie” para la presidencia de un país nos parecía una buena metáfora para explicar el objetivo de la galería: hacer evidente que el espacio del arte, tradicionalmente exiliado de lo político, es fundamental para el funcionamiento de lo político. No hay política sin arte, así que decidimos ponerla en el centro de la galería.
-¿Qué es Necrocaníbal Zero?, ¿dónde se puede consultar?
Es un espacio para pensar en las políticas de la muerte como forma de la administración del poder. Lo iniciamos hace poco más de un año en La Caníbal, una librería cooperativa en Barcelona, y decidimos integrarlo a Tepetongo porque es un laboratorio muy rico para pensar en la relación entre estética y violencia. Se trató de un programa de tres meses donde una semana leíamos sobre feminismo o descolonialidad y otra semana veíamos una película en Cráter Invertido. La reflexión apuntaba a pensar ¿qué está pasando con la violencia en México, cuál es el papel del espectáculo, de la sexualidad o del trabajo en esta masacre? El ciclo concluyó con una jornada de fanzine anfitrionada por Gelen del Equipo Jeleton. La información de esta investigación colectiva está en necrocanibal.tumblr.com y la conversación sigue en un grupo de Facebook del mismo nombre; además el proyecto seguirá en 2016 en el Programa Temático Anual del centro cultural Border y en unos meses entrará en circulación el fanzine.
-¿Por qué les interesó abrir su espacio con la exposición “Habitaciones de Servicio” de Daniela Ortiz?
Creo que las condiciones lo hacían inevitable. Ana Emilia y yo estábamos buscando un lugar para hacer Tepetongo y encontramos este departamento en la San Rafael con una pequeña habitación de servicio (7m2) atrás de la cocina y con sus propias escaleras de servicio y un baño compartido. Es una arquitectura que reafirma la segmentación de clases. Nos parecía un espacio ideal para exponer y de inmediato pensamos en el proyecto de Daniela Ortiz: Habitaciones de servicio: no hay justificación para su ubicación y dimensiones. (habitacionesdeservicio.com)
Ella hace una investigación de archivo para conseguir planos, fotos y semblanzas de arquitectos que han hecho casas para la clase alta donde se enfatizan las diferencias (clase, raza, genero, edad…) con las empleadas del hogar. La mayoría de las casas en el proyecto son de Lima, Perú, porque Daniela es peruana, pero justo tiene una serie de 6 casas mexicanas que fueron las que montamos.
Así, el proyecto se hacía cómplice del espacio expositivo: convertimos una habitación de servicio en una galería (espacio emblemático del capitalismo cognitivo) para explicar las condiciones de opresión de este tipo de arquitectura y al mismo tiempo era un acto de liberación de esa habitación. Es un juego que desactiva a la galería al ponerla en un cuarto de servicio y desactiva al cuarto de servicio al hacerlo galería.
-¿Realizaron algún otro tipo de actividades en torno a la exposición?
Sumado al hecho de que somos fans del trabajo de Daniela Ortiz, yo comencé a trabajar con el Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar (caceh.org.mx), así que desde el inicio tuvimos claro que queríamos hacer algo en conjunto. Un domingo hicimos un conversatorio: trabajadoras del hogar y público en general podían traer comida y bebida, y la idea era visitar la exposición, que ellas nos contaran sus historias de vida en el trabajo doméstico y cómo era vivir en habitaciones de servicio. Y también vimos juntas un corto documental que complementa la exposición e hicimos una conversación con Daniela por videollamada.
Además, uno de sus lemas “sin seguro ni contrato, invisible es mi trabajo” quedó dibujado en la lengua-pancarta-que-grita-continuamente de Gelen Jeletón en la exposición Alotropos que está ahora en el Museo del Chopo.
Tepetongo Balneario Crítico está ubicado es Sadi Carnot 90, esquina con Antonio Caso.
Para más información sobre sus eventos y propuestas: https://www.facebook.com/tepetongobalneariocritico
Acá la liga al trabajo de Daniela Ortiz: http://daniela-ortiz.com/