Oficinas de papel

Por - 06/05/2013

Sin importar del todo la disciplina en la que te desarrolles, pero con mayor claridad en la Arquitectura, existe un gran porcentaje de personas que tiene contemplado como punta del iceberg de su carrera profesional el establecer su propio despacho.

Pero más allá de metas por alcanzar y estímulos personales, montar una oficina conlleva mucho más que ímpetu, ganas y entusiasmo, desde mi particular punto de vista el éxito o fracaso de esto, va ligado a la experiencia y desarrollo profesional acumulado en cada uno de los integrantes, es decir, así como previo a caminar está el gatear y posteriormente el correr, lo óptimo debería ser entonces, tener antecedentes laborales que permitan no solo aprender, sino desarrollar y/o perfeccionar habilidades esenciales para tu crecimiento profesional. Tus jefes de taller u oficina se convierten de alguna manera en unos “padres putativos” de la vida laboral, de los cuales si eres lo suficientemente inteligente y hábil, intentarás absorber el máximo de sus conocimientos que servirán como referencia para ir resolviendo problemas cotidianos de la profesión, y que con el correr de los años y cuando la lista de proyectos se engrose, te otorgarán las tablas profesionales para tomar las decisiones más sensatas.

Lo anteriormente mencionado me parece el esquema de arranque ideal para la mayoría de los despachos de Arquitectura, pero entiendo que no es verdad absoluta y que existen los ejemplos tangibles de personas que sin este tipo de antecedentes laborales decidan correr el riesgo de aventarse a la vorágine de edificios y casas sin quizás entender lo que viene por delante, y es que en la vida real, esa que no te enseñan en la escuela (en la mayoría), el arquitecto es el encargado de hacer trámites y burocracia y perder el resto del día cuantificando hasta el último tornillo a utilizar en la obra y si es que sobra tiempo, habrá que sentarse a diseñar y dejar que la inspiración haga su aparición.

Ahora bien, ya sea con un bagaje profesional amplio como respaldo o sin él, la realidad es que el animarse a dar el paso de abrir tu oficina es lo fácil, de ahí en adelante es lo difícil, que se engloba en todo, desde decidir el nombre del despacho, pasando por el pago de rentas y demás gastos, salir a buscar proyectos, como quien ofrece seguros de vida y hasta lidiar con el “regateo” de los clientes, quienes no logran entender que los “dibujitos” que les entregaste tiene varias semanas de trabajo tras de él.

No miento cuando digo que existen muchos casos en los que varios de aquellos despachos que apenas dan sus primeros pasos, buscan desde entonces ser los nuevos “Barraganes y Zahas” del panorama arquitectónico moderno e inclusive han ensayado ya, las palabras que dirán al recibir “su” Pritzker, o quienes inclusive antes de siquiera tener un primer proyecto ya compraron 20 sillas de Eero Saarinen para recibir visitas en su incipiente “oficina”.

Y no es que esto esté mal, o quizás sí, lo realmente preocupante es caer en el papel de inventores y perder consciencia de donde estamos parados arquitectónicamente hablando, es decir, la importancia de las colaboraciones, lo primordial de afectar lo menos posible al entorno en el cual se desarrolle el proyecto, así como recordar siempre que somos parte de un todo y no pretender pensar que nuestras creaciones son entes individuales que vuelan en el espacio, es más, quizás todo sería mejor si nos arremangáramos las camisas negras y nos permitiéramos experimentar con sistemas constructivos y materiales de siempre, ya saben, tierra, tabique, madera, concreto y más.

Es entonces, responsabilidad de todos aquellos emprendedores que estén en la meta inicial de su maratón profesional, recordar que el rol del arquitecto dentro de la sociedad es ,escuetamente, la prestación de sus servicios en pro del bien común, aunque desafortunadamente hoy en día se hable más acerca de arquitectos que tienen mayor parecido a estrellas de rock que a profesionales de la construcción y de ciudades que olvidan las necesidades reales de sus habitantes en pos de crear una determinada imagen de marca.

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