Intersecciones y puntos ciegos
Isa Velarde - 22/06/2017
Por Alberto Waxsemodion - 26/04/2017
“Mis alegrías son puras naderías, pues nada es tan divino como la melancolía.
Trocaría mi estado por el del infeliz que traigas de la cárcel o mazmorra;
no han remediado mis penas, infierno son.
Mi tormento vivir ya no me deja. Aborrezco la vida, de tan desesperado:
Dejadme, pues, la soga o el cuchillo. Todas mis penas son, ante esto,
alegrías, no hay maldición más grande que la melancolía.”
Robert Burton (Fragmento)
¿A qué remite la palabra “melancolía” cuando es enunciada? Quizá en la mayoría de los casos nos lleve a pensar en un estado de ánimo semejante o equivalente a la tristeza o pesadumbre, un melancólico hoy en día podría ser una persona con síntomas de depresión y sin embargo este término no siempre ha sido utilizado de la misma manera; ya en tiempos de los antiguos griegos se plantearía la idea de que el ser humano vive influido por el balance de cuatro humores, de los cuales uno es precisamente el fluido negro.
El origen de esta teoría se da cuando el filósofo presocrático Empédocles apuntó en sus estudios sobre la composición del ser humano, que existían cuatro raíces fundamentales (o elementos) que más tarde se convertirían en los cuatro humores del cuerpo. Es preciso mencionar que cada una de estas raíces estaba supuestamente presente en todo lo que existe en el mundo, y que a partir de la carencia o abundancia de uno de estos cuatro, todo lo que nos rodea puede existir o dejar de existir; esta es una teoría que une al cuerpo con la naturaleza, pero también con la religión, puesto que según el propio griego, cada uno de los elementos es representado por una deidad (Zeus= Fuego , Hera= Tierra, Nestis = Agua y Aidoneo= Aire) dejando entender que también hay un principio de masculinidad y de femineidad en todo ser y cosa existente.
La teoría de las cuatro raíces partía del supuesto del equilibrio entre fuego, aire, tierra y agua, es por eso que la primera medicina curaría a partir de estos elementos, cosa que sería debatida y enriquecida por el así llamado padre de la medicina, Hipócrates de Cos, quien además de ser uno de los pioneros en el estudio de anatomía y enfermedades propuso que el cuerpo no estaría regido por elementos (solamente) sino por cuatro humores que corrían a lo largo de todo ser vivo.
Estos cuatro humores, como es de esperarse, se encontraban relacionados con los cuatro elementos y con una estación del año, quedando así que el primer humor, relacionado con el aire y la primavera, sería la sangre, seguido de la bilis amarilla, del verano y el fuego, después tendríamos la flema, relacionada con el agua y el invierno y finalmente la bilis negra, de la tierra y el otoño.
A grandes rasgos, la medicina hipocrática proponía una observación tanto del cuerpo como del entorno y relacionaba la naturaleza con el padecimiento, partiendo siempre de la noción del equilibrio de los cuatro humores para que un individuo estuviera saludable y pleno; si alguien, por ejemplo, padecía de terribles ataques de ira, el médico observaba detenidamente su cuerpo y quizá concluía que tenía un exceso de bilis amarilla, ante lo cual podía recetar algún remedio que intentaría recuperar el equilibrio en el mismo.
Se creía que cada humor poseía una característica peculiar que derivaba en un modo específico de comportarse por parte del individuo, y un desbalance en estos líquidos sería causante de enfermedades o conflictos de personalidad severos; aunque hay que tener claro que el temperamento o “temperamentum” (mezcla correcta) sí podía tender más hacia alguna de las cuatro bases del cuerpo, dando por resultado individuos con caracteres coléricos, sanguíneos, melancólicos o flemáticos.
El melancólico era aquel individuo que padecía un exceso de bilis negra y que por esto tendía a un carácter taciturno e introspectivo, es en esta etapa del estudio de las emociones y el cuerpo, que finalmente la palabra adquiere un significado cercano a lo que consideramos actualmente como tal. La melancolía, según Robert Burton en su célebre libro Anatomía de la melancolía no era sino “una especie de debilidad mental y delirio sin fiebre, acompañada de temor y tristeza sin causa aparente”, y esto sólo se curaría recuperando el equilibrio de los otros tres fluidos principales del cuerpo.
La bilis negra como enfermedad no sólo llevaba hacia la tristeza, sino también a la desnutrición, a la fragilidad de huesos (pues se creía que este líquido llevaba el líquido protector de los mismos), a los problemas de piel, dolores de cabeza y el insomnio además de problemas digestivos. Como mencionamos anteriormente, el tratamiento de dicho padecimiento era generalmente basado en la dieta y el comportamiento, pero es notable decir que casi siempre se hablaba de tratamientos personalizados, es decir, si un pescador y un campesino padecían de melancolía, sus tratamientos si bien podrían parecerse, eran distintos en algunas cosas.
Cada uno de los humores influiría de cierta manera en la cultura de su época, pero la imagen de estos personajes lánguidos, cabizbajos y pensativos sería irremediablemente llamativa para muchos artistas que encontrarían en este padecimiento (o en lo que ellos comprendieran por Melancolía según su tiempo) el pretexto ideal para retratar los pesares propios, mismos que ellos consideraban importantes para la humanidad. Es impresionante pensar que sólo uno de cuatro líquidos lograría tener un impacto tan profundo en la historia, dejando a los demás si bien no olvidados, cuando menos de lado. ¿Cuál será el motivo de la fascinación humana por la tristeza y el desencanto? ¿Será acaso un síntoma moderno?
Algunas respuestas a esta pregunta se plantean en la más reciente exposición del Museo Nacional de Arte (MUNAL) que exhibe un cuerpo de 137 obras que tratan el tema a partir del arte mexicano desde el siglo XVII. Es interesante encontrar y contraponer lo local y lo universal que puede ser una emoción o su representación, y esta es una de las riquezas más grandes de la muestra. Cuatro núcleos temáticos que van desde el arte religioso, la exploración de la muerte (y el abandono causado por ésta), la idea de la predestinación a la melancolía renacentista, y la tristeza mundana a partir de la pérdida.
La muestra constituye una importante oportunidad para elaborar nuestro conocimiento sobre las emociones, sus lugares comunes y pretensiones de universalidad, también para observar cómo los conceptos van variando a través de la historia aunque se hable de cosas tan aparentemente inamovibles como los sentimientos y su impacto. La muestra permanecerá abierta en el MUNAL a partir del 4 de abril y hasta el 4 de julio del 2017.