La siguiente desigualdad
Eduardo Cadaval - 30/10/2014
Por Adriana Cantoral - 28/06/2016
Timo es una actitud.
-Rodrigo de la Sierra
Timoteo como persona y personaje
Comprender a Timo como una actitud nos remite a la concepción de persona. En este caso, el concepto de “persona”, se refiere a ese personaje antiguo de la Grecia Clásica que utilizaba una máscara para actuar y expresarse. La careta le permitía a este hablar en el escenario del teatro. Por lo tanto, Timo en su carácter de persona, comunica una infinidad de situaciones a través de su gruesa máscara. No obstante, es más bien un personaje, un homólogo de persona que se representa, justamente aludiendo, a la primera noción de persona. Rodrigo de la Sierra de manera natural y espontánea manipula los materiales para esculpir el rostro de Timo completamente oculto detrás de su persona. Por ello, hay una doble intencionalidad en la obra del escultor; hacer de él una persona y convertirlo en personaje.
Con esta premisa podemos ahondar en su personalidad, así como en su ethos. Su peculiar modo de ser se identifica, más de una vez, con el de la muchedumbre. Es decir, en varias ocasiones manifiesta valores individuales, pero comunes a todos, con fuertes dosis de ironía, sarcasmo, burla, simpatía e inocencia. Asimismo, es presentado a semejanza de una caricatura trágico – cómica – crítica. En relación con las multitudes, ciertamente muestra algunos rasgos de estas, tales como la imitación, enajenación y despersonalización, sin embargo, cabe aclarar que Timo no es un ente masificado, al menos no la mayoría de las veces, ni un representante de la compleja masa, simplemente sus cualidades son universales. Por ejemplo, obsesionarse por un ideal, luchar por una causa o imponer o sustituir valores. De cualquier modo, él se muestra apacible ante la adversidad y la fortuna.
Quizás Timo no sea consciente de la profunda carga reflexiva que conllevan sus conductas. Con su forma de ser un tanto ingenua, muy regordeta y aparentemente torpe, el personaje resuelve con aplomo la vida misma con sus sufrimientos y placeres. La serenidad de sus movimientos lo llevan a traspasar su pesada cubierta de bronce para establecerse en un mundo donde es el actor principal. Su cuerpo es un misterio, no precisamente por estar tapado, sino porque, en solitario o en conjunto, logra resolver diversas hazañas de las que constantemente sale íntegro, partiendo de muy pocos detalles físicos y anatómicos de su ser. Para Rodrigo la corporalidad es meramente un medio que transmite ideas, comportamientos e historias consecutivas o aisladas. Lo corpóreo es el pretexto y la condición para determinar la existencia de Timo.
Timoteo como colectivo y antihéroe
Indudablemente hay heroísmo y antiheroísmo en las sencillas proezas de Timo. Este tiende a cambiar su entorno, pero si le resulta demasiado complicado se adapta y lo toma con humor pasivo. Su cara encubierta exterioriza una naturaleza heroica y no necesariamente por haber sido hijo de dios y mortal, o por su fama, o alguna acción sobresaliente buena. No, su heroicidad radica en el valor que posee él mismo, en cómo la proyecta y en lo que hace más allá de un juicio ético o examen de virtudes. En consecuencia, Timo no es un virtuoso absoluto hablando en un sentido moral. A pesar de lo anterior, lo seguimos y admiramos colectivamente como si en el fondo todos fuéramos él.
Entiéndase colectivo como un grupo de personas con intereses comunes. Hasta aquí, sus atributos nos demuestran que a veces triunfa, más no siempre, y eso no lo demerita o le resta carisma. Al contrario, paradójicamente es un antihéroe a la vez, no porque haga lo opuesto a un héroe, o sus acciones resulten negativas, sino por su gracia esporádica, su valentía repentina, su coraje subjetivo y su escala de valores diferente.
Al parecer, Rodrigo concuerda con algunos de los valores de Timo, pero presupone que los espectadores encontrarán otros principios alternativos en el personaje. Tomando en cuenta que el creador coincide parcialmente con su obra, los observadores se reconocerán con mayor afinidad en ella. De ahí que «Todos somos Timo», todos aprobamos esa falta de heroísmo puro y lo sustituimos por el héroe más real con defectos e imperfecciones; en el antihéroe Timoteo. Cabe destacar que este se arraiga y desarraiga de su persona, personaje, autor, colectivo y valores, pese al hecho de que el artista articula hábilmente la relación entre su personaje, el colectivo y la dualidad héroe – antihéroe.
Timo obedece a un heroísmo – antiheróico, no por ser bueno o malo, o vencedor o vencido, o bello o repugnante, sino por los arquetipos que se adjudica, rechaza y retoma. Por eso usa una vestimenta neutral y una máscara encarnada a la piel que le imposibilita mostrar su mirada real y verdadera. Curiosamente, existe un momento en el que cobra vida propia dejando muy lejos a su artífice, inclusive, este no pretende ser Timo ni viceversa, se trata de seres totalmente independientes aunque a primera vista compartan aspectos. Más bien la propuesta artística de Rodrigo sería «Que todos sean Timo» a su libre albedrío.
En definitiva, nuestro protagonista sintetiza dialécticamente a la sociedad contemporánea con sus aciertos y errores, y de ese modo, construye y deconstruye anacrónicamente los ideales de la vida rutinaria. Timo es la voz del colectivo que posee significados propios y actúa en razón de ellos.