¿Valió la pena el I-CONO?

Por - 02/04/2018

A principios del 2018 se llevó a cabo el concurso anual organizado por Arquine para el desarrollo de un pabellón temporal. La convocatoria solicitaba un pabellón que lograra generar una propuesta innovadora y sostenible, que pudiera funcionar para un programa público abierto y que construyera un lugar para la interacción entre arquitectura y ciudadanía. La propuesta tenía que ser planteada para ser reciclable, desmontable y también replicable. Además, como reconocimiento a los recientes desastres naturales ocurridos en México, se valoraría favorablemente la realización de un pabellón que diera respuesta a situaciones de emergencia.

El proyecto ganador para construirse en el marco del Festival de Arquitectura y Ciudad Mextrópoli fue el titulado I-CONO, diseñado por el despacho bianchimajer y Anna Merci. Para el jurado, conformado por Isaac Broid, Jachen Duri Schleich, Loreta Castro Reguera Mancera, Gabriela Carrillo, Emmanuel Ramírez y Fermín Espinosa (como jurado técnico), la propuesta se distinguía “por su calidad espacial, logrando un interior innovador utilizando solamente un material, con una decisión constructiva contundente, generando un hito urbano hacia el exterior y aprovechando las calidades plásticas del agua y la luz al interior.”

Utilizando como referencias imágenes de silos, el Panteón de Agripa, las Torres Automex de Legorreta y Goeritz y una pieza de James Turrel en Austin, I-CONO se planteó como un cono construido con garrafones para agua. Los círculos concéntricos armados con los contenedores variaban de doce metros de diámetro hasta tres para construir la figura, dejando hasta arriba un óculo libre. Los garrafones, traslúcidos en las imágenes del concurso, estarían parcialmente rellenados con agua y unidos con cinta buscando que la estructura fuera sólida y auto-portante.

I-CONO fue descrito como un pabellón de agua que se buscaba fuera una “fuente de experiencias sensibles hechas de silencio, rayos de luz que irrumpen y se cruzan, que atraviesan el agua proyectando su sombra al suelo.” Además, se planteó como una propuesta que invitaba a reflexionar sobre la realización de proyectos entrelazados con la conciencia ambiental, el empleo responsable de materiales, métodos constructivos sencillos, reversibilidad y re-empleo de los componentes. De esta forma, la propuesta planteaba que los garrafones pudieran ser desmontados y transportados para ser utilizados en situaciones de urgencia, mientras que al pabellón se le pudiera dar una segunda vida como un espacio comunitario.

Como en todo concurso de arquitectura el resultado provocó comentarios diversos. La forma, la espacialidad y el material parecían estar proponiendo un espacio sugerente aplaudido por muchos. En una ciudad en la que el agua es un tema urgente y en la que los depósitos se han vuelto esenciales para el consumo de agua potable, parecía interesante que se construyera con garrafones viejos que pudieran seguir su vida útil después. Aunque algo forzada, la vinculación con casos de emergencia parecía una posibilidad viable. Sin embargo, fue la posibilidad constructiva lo que más se cuestionó; incluso se llegó a mencionar la necesidad de una sub-estructura con la que se pudieran lograr la forma y la espacialidad buscadas. Incluso en el acta del jurado se incluyó una nota al respecto: “Para la construcción del Pabellón Mextrópoli 2018, los ganadores y el jurado técnico deberán trabajar en conjunto en la revisión estructural para poder llevar a cabo la propuesta planteada.” Y, efectivamente, fue este el talón de Aquiles que debilitó la propuesta.

 

Construir I-CONO

El pabellón I-CONO fue construido por Factor Eficiencia para ser inaugurado el 18 de marzo de 2018 y desmontado cuatro días después. Para llevarse a cabo se utilizaron 2,500 garrafones nuevos de color azul que, en lugar de pegarse con cinta como se sugería en la propuesta, fueron perforados en algunos puntos para poder atravesar alambres que los mantuvieran unidos. La variación de los diámetros de los círculos concéntricos no fue tan significativa como en el proyecto, por lo que la figura se aceró más a ser cilíndrica que cónica.

Esta situación abrió muchos cuestionamientos sobre el proyecto seleccionado porque, al no poderse ejecutar como estaba planteado, no sólo cambiaron la figura y la experiencia espacial sugeridas, sino que parecía haber una contradicción con el discurso. Al estar perforados, los garrafones no podrán volver a ser utilizados para contener agua. Y, a pesar de esto, se decidió utilizar garrafones nuevos y no usados. Al parecer, I-CONO se instalará próximamente en el Huerto Roma Verde como un pabellón de acceso. Esto, por lo menos, permitirá la segunda vida pensada originalmente. Sin embargo, es evidente que no se alcanzó la coherencia entre las ideas y la realidad material, lo que desde cierta perspectiva lo vuelve un proyecto debilitado y cuestionable.

 

Vivir I-CONO

La experiencia del pabellón era muy distinta al exterior que al interior. Desde afuera, I-CONO no se percibía muy atractivo. La figura casi cilíndrica y la colocación de los garrafones con el fondo hacia afuera provocaban que se percibiera tosco y plano, principalmente desde la lejanía. La escala y la ubicación no permitían que su presencia se advirtiera potente. El intenso color azul era, tal vez, la cualidad más fuerte hacia afuera, sobre todo al relacionarse con la reproducción del mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central y el amarillo del Laboratorio de Arte Alameda.

Por adentro, la escala y la textura lograda con la parte superior de los garrafones lo hacían un espacio muy atractivo. Uno que, además, lograba desconectarte del exterior por la configuración del ancho muro circular. La combinación entre la figura circular y el juego de profundidades y de perspectivas provocaron vivencias únicas disfrutadas por la mayoría de los visitantes.  El gran óculo que enmarcaba cielo, nubes y follaje maravilló a muchos ojos.

Se podría decir que lo mejor logrado de I-CONO fueron los juegos de capas, transparencias, tonos y reflejos. Esto hizo que fuera un éxito para las cámaras y las redes sociales, factor que en la realidad actual se ha vuelto esencial.

 

Reflexionar I-CONO

I-CONO invita a interesantes reflexiones sobre la arquitectura y la actualidad.

Los concursos son un mecanismo que abre muchas posibilidades a arquitectos y a comunidades, aunque van acompañados de problemáticas. En este caso, por ejemplo, se puede hablar sobre la responsabilidad de proponer un proyecto que se pueda llevar a cabo como está planteando con la meta de no terminar en incoherencias o en conflictos mayores. También se puede hablar sobre la responsabilidad de un jurado al elegir un proyecto que responda a los objetivos buscados.

En esta línea, se puede reflexionar sobre la importancia de la coherencia entre el discurso y la obra. Si un proyecto se sustenta en ciertas ideas y es por ellas que se busca ejecutarlo, ¿qué sucede cuando la realidad debilita esas ideas? ¿Es un proyecto válido? Sugiere una locura buscar lo primero y avalar lo segundo, ¿cómo se puede sostener una cultura que no es clara y coherente? Tal vez, en este contexto, es interesante hablar sobre las redes sociales. Parece que el hecho de que algo fotografíe bien es suficiente para validarlo, sin importar la incoherencia o las consecuencias.

¿Importa que 2,500 garrafones nuevos no puedan ser utilizados en situaciones de desastre? ¿Importa este tema en una ciudad con problemas de basura y de agua? ¿Importa en un mundo preocupado por buscar la sustentabilidad? ¿Importa que un concurso busque opciones para situaciones de desastre y no las obtenga? ¿O el valor de experimentar con materiales, de innovar, de provocar nuevas y sugerentes experiencias es lo que importa?

A mí, personalmente, me pareció muy atractiva la vivencia interior. Me cautivó. Sin embargo, me pregunto si valió la pena ese instante. No lo sé. Sólo espero que la segunda vida de I-CONO sea exitosa, inspiradora y duradera para que no termine siendo un pabellón de plástico en la basura.

Fotografías: Jimena Hogrebe

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