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VACA, la otra arquitectura

Por - 13/08/2015

En un país plagado de desigualdades y contrastes, la arquitectura no se podía quedar atrás. Si ésta es capaz de reflejar la calidad de vida de un sector de la sociedad o de un país entero, en el nuestro son más notables las diferencias y más grandes las carencias de la arquitectura social.

El problema de la desigualdad es mucho más complejo de lo que parece, y tiene al país hundido cada vez más en un túnel que parece no tener salida, la falta de liderazgo en las personas que dirigen nuestro país ha hecho que cada día los contrastes en todos los aspectos de nuestra sociedad sean abismales. El rico es más rico y el pobre es más pobre.

 

La arquitectura y el urbanismo son la muestra tangible de esos contrastes. Residencias, fraccionamientos y departamentos de lujo muchas veces colindan con asentamientos informales, vivienda auto construida con frágiles materiales sin los servicios básicos, ni transporte, escuelas u hospitales, es decir, sin la infraestructura mínima básica.

Retomo un poco este tema a raíz de los dos textos publicados por Marcos Betanzos titulados “El Desinterés social, una bienal de arquitectura en los cuales expresa su preocupación por la falta de participación o interés en proyectos sociales en la pasada Bienal de Arquitectura de la Ciudad de México, y en general de los arquitectos en estos temas.

Me parece que este desinterés tiene que ver con la imagen del arquitecto, siempre visto y catalogado como un intelectual, y que por lo tanto ha dirigido su trabajo a la clase económicamente dominante, como si esa clase fuera intelectual, o como si la clase económica a la que una persona pertenece lo hiciera más preparado, culto o educado. Bajo esta postura, los arquitectos han puesto su mirada en clientes y proyectos donde el dinero, la fama y el estrellato del firmamento los cobijan, aún sabiendo las enormes necesidades existentes.

 

Afortunadamente, está el otro lado de la moneda, la Otra Arquitectura, aquella que no ocupa los escaparates editoriales, aquella que tampoco está dirigida para la alta sociedad de nuestro país, la que tampoco se inventa proyectos para beneficiar al suegro y perjudicar la ciudad bajo los ojos de todo el gremio de la capital, que mucho dice y poco hace.

La Otra Arquitectura es aquella en la que el papel y compromiso social del arquitecto con las comunidades o sectores más necesitados se hace presente y tangible, es aquella que no negocia con los grandes empresarios, ni con reinas de Polanco o mirreyes de la Condesa. La otra arquitectura es aquella que se hace con las propias manos del arquitecto, la otra arquitectura es aquella que está desarrollando VACA, (Verano, Aprende, Construye, Ayuda) Un programa de Auto construcción asistida con materiales naturales endémicos para hacer frente a la pobreza multidimensional de comunidades rurales”.

El proyecto VACA nació hace dos años y es dirigido por Juan Carlos Loyo, arquitecto egresado del ITESM Campus Monterrey y por Sara Márquez Martin Arquitecta por la Universidad Politécnica de Madrid. Junto a ellos se unen docentes, voluntarios, estudiantes y sobre todo los mismos habitantes o futuros usuarios del proyecto. A través de una estrategia de crowdfounding, en la que todo aquel que quiera apoyar el proyecto lo hace con donativos, el programa se sustenta en soluciones de auto construcción con técnicas vernáculas y materiales naturales. VACA obtiene el financiamiento para el traslado de su personal, herramientas e insumos de construcción básicos como clavo, madera, etc. Los materiales y técnicas de construcción son de la zona, haciendo más eficiente y óptimo el proceso.

La labor social de VACA no sólo se enfoca en satisfacer una necesidad de una comunidad específica, forma un pequeño grupo interdisciplinario, haciéndolo funcionar como una familia en la que el arduo trabajo de construir se convierte en una actividad lúdica y de integración con la comunidad, viviendo, comiendo y trabajando durante el tiempo que dura la construcción. Para el estudiante de arquitectura, VACA es una inmejorable oportunidad de conocer no sólo su capacidad física sino humana, tan indispensable en nuestro tiempo, dar valor a la gente que poco tiene y que con poco hace, forma y forja el carácter del futuro arquitecto y un hombre socialmente responsable.

 

Cada Año VACA emprende un proyecto nuevo, La Casita Mágica (2013), una vivienda en Izúcar de Matamoros, Puebla, La Casa Ejidal y La Casa de Costura (2014) en Querétaro y la Cooperativa para Mujeres Indígenas (2015) en Chiapas, forman los 3 proyectos que VACA ha desarrollado.

Desde mi punto de vista, el que un arquitecto dirija su trabajo hacia una u otra clase es una postura personal, de responsabilidad y compromiso social, un acto consciente de preocupación y ayuda. VACA revaloriza el papel del arquitecto vestido de mezclilla, botas y casco, con aquel sin pelo, barba de 3 días y vestido de negro. Hasta el día de hoy, no hay ley o iniciativa que obligue a un profesional de cualquier índole a dirigir su trabajo hacia cierta clase social, sin embargo, en este país en el que más de la mitad de sus habitantes son pobres y que por lo tanto no tienen acceso a una vivienda digna, en el caso de los arquitectos ¿debería existir?, ¿sería no sólo justo, sino ética o legalmente exigible que cada despacho desarrollara un proyecto VACA?

La capacidad de los arquitectos mexicanos es y ha sido demostrada no sólo en la arquitectura sino ahora también en la tv anunciando refrescos de manzana y whiskys.

 

 

Fotografías:

1.-3. Cortesía del programa VACA
4. @genarolozano para Excelsior

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