Teatro Butoh o Teatro Posdramático

Por - 01/07/2013

 

 

Los cementerios y los teatros consisten en la puesta en escena de unas ausencias, que únicamente se pueden hacer presentes a través de su no-estar y de eso nos hablan las escenografías teatrales y las presentaciones al pie de las lápidas.

Óscar Cornago

 

Los pasados días 30 y 31 de mayo en el teatro del Museo Universitario del Chopo se presentó Xibalbá, una pieza de danza butoh realizada por Natalia Cuéllar, artista chilena. La pieza versa sobre el descenso al inframundo de los mexicas, el Xibalbá, y el trayecto que se lleva a cabo para llegar a él.  La obra duró aproximadamente 45 minutos, con dos actores en escena. En realidad a la pieza no le fue atribuida el nombre de danza butoh sino teatro butoh. Esto me hizo reflexionar acerca del cambio que ha ocurrido en ese tipo de danza, sin mencionar el cambio de temática en la pieza de Cuéllar.

Butoh fue una danza iniciada en el Japón de la posguerra debido a las atrocidades ocasionadas por la bombas arrojadas a Hirsohima y Nagasaki. Su discurso debe hablar sobre lo grotesco y profundizar en los temas del dolor del hombre y la decadencia de éste mismo. “Toma su nombre de las palabras japonesas de danza (bu) y golpear la tierra (toh)… Butoh busca ser una danza del “cuerpo obscuro”, influida por el Budismo y el Shintoismo… sus bailarines realizan la danza casi desnudos, cara y cuerpo pintados de blanco, en un lento y magnífico ritual.”[1]  Claramente, Philippe Noisette coloca a el Butoh dentro de la categoría de danza debido a los movimientos continuos del cuerpo, es por esto que salta mucho a la vista que en la obra de Cuéllar el término de danza haya sido sustituido por el de teatro. Más allá del simple término, en Xibalbá, se notaba una fuerte inclinación hacia el arte teatral más que al arte dancístico, esto se hizo presente al incorporar mucha más gestualidad y prosodia que movimientos corporales en sí. La danza Butoh sí recurre a la gestualidad como un elemento importante, sin embargo el cuerpo y  el flujo de su desplazamiento sigue siendo el principal actor en escena.  Entonces, me surge la pregunta si en el realidad, la obra de Cuéllar tiende más hacia el teatro que hacia la danza y si esto pasa, ¿entonces se le puede seguir considerando Butoh o tiende a una visión posdramática del teatro?

Evidentemente, no se trataba de danza ya que no existía una secuencia de movimientos corporales, sino más bien era una secuencia de gestos y acciones.

“La dificultad para captar un tan vasto dominio posmoderno se demuestra por la larga lista de características supuestas para circunscribirlo: ambigüedad, celebración del arte como ficción, celebración del teatro como proceso, considerado autoritario y/o arcaico, discontinuidad, heterogeneidad, no textualidad, pluralismo, variedad de códigos, subversión, multilocalización, perversión, el actor como sujeto y figura central, deformación, texto rebajado a material de base, deconstrucción, autoritarismo y arcaísmo del texto, la performance a mitad de camino entre el drama y el teatro, antimimético, refractario a la interpretación”[2]

Es decir, se trata de un teatro que ya no cuenta con los conceptos convencionales del teatro clásico, en donde se aprecian estructuras, personajes, diálogos, cronología y una historia muy concreta que se desarrolla a lo largo de la puesta en escena. En el teatro posdramático, estos conceptos ya no toman tanta relevancia y se da lugar a un teatro más abierto a interpretación y con mayor utilización del cuerpo y de sonidos que aparentemente no tienen coherencia alguna. Lo grotesco pasa a formar una parte importante en la acción y el expresionismo alemán es retomado para enfatizar la atmósfera por medio de la sobre gestualización. Presenta conceptos que nos representan y nos ayudan a ver en ellos nuestras propias ausencias. Es un teatro que mueve y toca al espectador al confrontarlo con sus propios miedos y demonios. Todo esto se vio presente en Xibalbá y es por esto que me atrevo a decir que en realidad no se trataba de una obra de Butoh sino una obra de teatro posdramática.

Al denominarla de dicha forma pierde su calidad de danza y por tanto la denominación Butoh ya que, como su nombre lo indica, ésta es una tradición apegada al mundo dancístico. Habría que repensar entonces si hay cabida para piezas Butoh fuera de su especificidad japonesa. Cabe resaltar que el tema de la Xibalbá, no sólo se aleja de los temas utilizados en Japón  sino que es trasladado a un ambiente prehispánico, el cual aleja aún mas la temática de la cultura japonesa. Por tanto, ¿será posible que se considere Butoh a algo que se distancia tanto de su esencia creadora? Butoh contiene unos preceptos sumamente específicos y al transferirla  a otra cultura, se están perdiendo estas bases fundamentales, lo que resulta en una pérdida definitiva del origen.

Es un tanto dogmático pensar que la pieza Butoh debe conservarse y realizarse bajo una influencia japonesa, pero si lo pensamos un poco más a fondo, no se puede comparar el sentimiento de posguerra y el horror vivido en ese país y trasladarlo a algo cercano a nuestro entorno. De la misma manera, si se saca la danza regional mexicana y se transporta, tal vez a Francia, reinterpretándola bajo su propia cultura, entonces pierde el folklore mexicano y se convierte en otra cosa totalmente distinta. Es cierto que la danza puede abordar muchos temas distintos en contextos diferentes pero en este caso los temas son muy específicos y nacen de un evento muy particular de la comunidad japonesa. Es por esto, que al observar un tema que tiene que ver con la identidad prehispánica mexicana, resulta un tanto difícil sentir que en realidad se está observando danza Butoh ya son temáticas antípodas que no tienen ninguna coincidencia ni en espacio ni tiempo.

El ejercicio realizado por Cuéllar me pareció interesante, ya que fue un intento por contextualizar una danza para hacerla más cercana a nuestra cultura. Sin embargo, creo que en el camino perdió la esencia de la referencia para convertirse en otra cosa, en un teatro posdramático que problematiza acerca del descenso al inframundo de los mexicas. Si la pieza, desde un principio, se hubiera expuesto como tal y no como “Teatro Butoh”, (si es que tal cosa existe), la recepción del público hubiera sido diferente y sus expectativas no habrían sido desairadas. De tal forma que la disposición para apreciar un teatro distinto se habría hecho presente. Disposición para un teatro que refleja las necesidades de nuestra sociedad y no de otra distinta a la nuestra.

 

 

Texto: María Cano Chanez



[1] Noisette, Philippe, Talk About Contemporary Dance, Ed. Flammarion, Paris, 2001.

[2] Liehmann, Hans-Thies,  El Teatro Posdramático: Una Introducción, Trad. Riva, Paula, Revista Telón de Fondo, No. 12, Diciembre, 2010.

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