Sórdido < > Anodino

Por - 22/10/2015

 

A lo largo de su historia, el cine nos ha mostrado lugares y mundos memorables. La ciudad, vista a través de la lente, es el gran actor silencioso pero aglutinante en todos los géneros. Woody Allen nos cuenta sus divertidas y brillantes historias a través del filtro empático de París, Roma o Nueva York. Robert Altman entreteje el drama carvesiano con situaciones mundanas y anodinas del área metropolitana de Los Ángeles, en su dramática Short Cuts (1993). También, las ciudades en decadencia con una evidente pátina, son fuente de lugares nostálgicos e historias secretas que permean y articulan los relatos de Wim Wenders o Jim Jarmush. Pero, de igual manera, la ciudad moderna con sus periferias e infraestructuras, sirve como herramienta para contar historias extremas o de ciencia ficción: son idóneas para reflejar la desesperada condición de la sociedad contemporánea, con sus frustraciones y aspiraciones. El cine nos muestra las impresiones de una memoria colectiva hacia los futuros posibles; un simple recorrido de cámara –en plano secuencia- a través de un viaducto soviético, es suficiente para representar un futuro alienado y deshumanizado como es el caso de Solaris (Tarkovsky, 1972).

Es inquietante ver que a treinta y tres años de que se estrenara Blade Runner de Ridley Scott, su imaginario siga vigente en lo que respecta a la imagen y morfología de la ciudad. El autor nos muestra de manera detallada un palimpsesto urbano, una hibridación extrema de símbolos e idiomas pero, sobre todo, una densidad o congestión urbana delirante. Dicha ciudad –Los Ángeles- en la realidad del presente, contiene las semillas de lo que se avecina en Blade Runner. Considero que, con una muy leve dosis de imaginación, este collage congestionado e infinito se nos revela como un hecho urbano cada vez más común en varias ciudades de países desarrollados o emergentes.

La Zona Metropolitana del Valle de México ha servido como escenario de varias mega producciones Hollywoodenses; destacan las películas de Man on Fire (Tony Scott, 2004) o Traffic (Steven Sodebergh, 2000), entre otras. En estas cintas se muestra a un México ingobernable, donde la corrupción y la violencia son lo cotidiano, algo con lo que los mexicanos nos sentimos naturales y cómodos.

Justo el ver el nuevo proyecto que nuestro gobierno de la ciudad pretende hacer sobre avenida Chapultepec, me trajo a la memoria una sórdida historia de ciencia ficción: la película (original) de Total Recall (Paul Verhoeven 1990), filmada en parte aquí en la Ciudad de México.

La película muestra una idea de nuestra ciudad más perturbadora que las mencionadas anteriormente, no porque la ciudad sea el marco para contextualizar la trama, sino porque más bien Verhoeven encuentra en algunas mega-estructuras colosales conocidas, el medio idóneo para narrar una desquiciada y frenética historia. En la cinta vemos a los actores desenvolverse entre columnas, cartelas y marcos de concreto gris extraídos de la arquitectura monumental mexicana de los setenta y ochenta, la cual se representa en la cinta a través de un mega-edificio continuo que encarna a un estado autoritario y represor, enemigo de los protagonistas.

Con la poca información que tenemos disponible acerca de la arquitectura del Corredor Cultural Chapultepec, diría que sus imágenes evocan a un edificio monumental de carácter evidentemente histriónico. Vemos, a través de un par de imágenes una mega-estructura fuera de escala y lo peor: que aterriza sobre un espacio público, el cual podría tener la generosidad y el tratamiento espacial de Reforma con un par de acciones puntuales. De inmediato, a través de las redes sociales, descubrimos que el proyecto y su gestión es un “set” político para contarnos una historia aberrante y alterna a nuestra realidad; caemos en cuenta que debajo del título “cultural” se esconde una operación inmobiliaria sumamente jugosa para EL inversionista. Pero el proyecto resulta duro y opresivo como el que Paul Verhoeven nos muestra en su deprimente película.

Recuerdo una escena en particular, donde el Schwarzenegger huye de sus captores en pleno metro Chabacano, que ya para entonces era bastante retro-futurista, y al final de la persecución, el personaje emerge en un caótico metro Insurgentes; en una escena nocturna con ríos de gente, anuncios luminosos -a la Blade Runner– pero de Peñafiel y Bacardí (lo que hace a la película más extraña y anodina). Toda la parafernalia de un futuro automatizado y decadente es manejada aquí con facilidad por el director, simplemente al utilizar –sin escenografías superpuestas- un par de lugares descuidados y grandotes de nuestra ciudad. Tal vez, si la película se filmara ahora, la huida del personaje sería a través de un corredor elevado, inverosímil, gigante y artificial. Tal cual.

De vuelta a nuestra realidad, la glorieta de Insurgentes podría ser un lugar público exitoso; varios grupos sociales y muchas personas se lo han apropiado dignamente, pero su mantenimiento, uso y gestión fueron relegados y olvidados durante sexenios por parte de las autoridades, así como el metro Chapultepec, numerosos nodos vitales de nuestra ciudad y por supuesto la avenida Chapultepec. Su estado actual no es más que el resultado de planear la infraestructura de transporte masivo (el metro y dos viaductos subterráneos), sin integrarla al tejido urbano superficial y adyacente; “tapar” esta condición con plantitas en jardineras sobre un segundo piso no resolverá los problemas que actualmente vemos, sino todo lo contrario. ¿Está la ciudad de México en condiciones de soportar más mega-estructuras sacadas de películas de ciencia ficción sobre sus frágiles ecosistemas urbanos? ¿Realmente el corredor “cultural” re-tejerá la des-hebrada condición urbana existente? ¿Qué pasará con el espacio del metro Insurgentes y el nuevo CETRAM Chapultepec cuando se conecten con esta mega-estructura? ¿Se volverá todo un mega mall completamente privado? ¿Por qué no vemos renders del enorme bajo-puente que generará esta mega-estructura? ¿Es broma, verdad, que hay otros diez proyectos siguiendo la misma lógica perversa?

La simulación y el silencio son la base del guión con el que los servidores públicos de nuestra ciudad quieren materializar su descabellada ocurrencia. Es evidente la búsqueda de nuestros funcionarios por encontrar vacíos legales y otras mañas para sortear la lógica e imponer su postura. Y diría que la exclusión de la ciudadanía en la gestión del proyecto es directamente proporcional a la exclusión que generará la privatización de nuestro espacio público. Hacer un proyecto de esta forma, es abonar a los excesos mostrados en las cintas que después nos indignan.

Los desatinos de los delegados-secretarios-regentes en turno, sin el necesario escrutinio público, caen rápidamente en el cajón de los engendros atractivos para Hollywood. Y así, en el 2055 el Corredor “Cultural” Chapultepec será “devuelto” a la ciudad y tendremos una intrincada ruina y un bajo puente grafiteado y orinado, idóneo para alguna película apocalíptica o de violencia.

Como muchos otros amigos, colegas y ciudadanos en general, lamento que nuestra ciudad no sea locación -sin maquillaje- de aquellas historias en donde se celebre a la ciudad como logro de su sociedad y de su historia. En su lugar, nuestra ciudad aparece nutriendo los catálogos de muchas películas taquilleras, pero sórdidas y anodinas. Y, vemos, una vez más, cómo nuestros servidores públicos toman decisiones en lo oscurito, fomentando la improvisación y la corrupción, lo cual deja en claro que no existe una estrategia e idea de Ciudad de cara al futuro. Hace ya tiempo que Hollywood se ha dado cuenta de ello.

 

Posdata:

¿Ya vieron Elysium? (Neill Blomkamp, 2013). Si se animan, podrán ver a nuestra ciudad y a su zona metropolitana como el escenario de una favela infinita y paupérrima en la cual se desarrolla parte de la historia. El “set” escogido para la trama es nuestra realidad urbana, aquí en Iztapalapa, Neza y el bordo de Xochiaca.

 

 

 

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