Santos, caballeros y doncellas. Reinauguración de la Sala Gótica en el Museo Nacional de San Carlos

Por - 27/06/2016

El pasado domingo 12 de junio se conmemoró el 48 aniversario de la fundación del Museo Nacional de San Carlos.

Con motivo de la celebración se realizó un evento temático, un “aniversario medieval”, dedicado a una de las salas de la colección permanente de la institución, la cual resguarda un conjunto de piezas de origen europeo que datan del siglo XIV y XV: la Sala Gótica.

Algunas de las actividades que se realizaron fueron las visitas interpretativas a dicha sala, una dedicada especialmente al público infantil, otras para adolescentes y adultos; y la escenificación de un combate medieval en el magnífico patio oval del antiguo inmueble virreinal.

Resulta destacable que el personal del museo haya elegido consagrar el día a la Sala Gótica, pues esta fue inaugurada el pasado 22 de abril, después de seis meses de encontrarse cerrada al público por trabajos de remodelación.

Al momento en que ingresé a esta sala, quedé impresionada por el trabajo museográfico que da un nuevo aspecto al espacio: las paredes de color lila contribuyen a destacar el dorado de los retablos; las luces tenues que le dan un toque místico al ambiente, muy ad-hoc con el carácter religioso de las piezas.

Sentí un brinco en el estómago al escuchar el comentario de una amiga, sobre una tabla del siglo XIV con escenas de la vida de San Lázaro: Imagínate, cuando se realizó este retablo en Europa, en América “teníamos” a las civilizaciones prehispánicas.

El pequeño ejercicio de contextualización me resultó fascinante, pues despertó en mí, tan naturalmente, una emotiva conciencia histórica. En aquellas paredes lilas, colgaban los vestigios de un tiempo pasado, inalcanzable, irrepetible, único. La memoria gráfica de una sociedad recóndita.

De las 13 piezas que se exhiben en el recinto, la mayoría presenta un carácter devocional y una temática religiosa. En ellas los principales protagonistas son santos (femeninos y masculinos). Quisiera dedicar este breve texto a esos entrañables personajes, admirables, y a la vez incomprendidos, por el rigor y la determinación de sus principios.

Los santos que mencionaré a continuación, vivieron durante un periodo en el que el cristianismo enfrentaba una fuerte oposición por parte de los dirigentes del Imperio Romano, entre los siglos III y IV, cuando se emprendió una represión violenta con el fin de detener el creciente culto cristiano. Todos ellos se encuentran en la Sala Gótica.

 

Santa Catalina, San Águeda, y Santa Lucía

Tres mujeres parecen reunirse en una agradable tertulia. Cada una de ellas lleva consigo un objeto distinto. Se trata de sus atributos iconográficos. Santa Catalina, por ejemplo, detiene con su mano una rueda dentada, San Águeda exhibe unos senos, los suyos, en una charola, y Santa Lucía hace lo mismo con sus ojos. Los que estas damas tienen en común son dos cosas: el martirio, es decir, la tortura física a causa de su creencia religiosa; y su virginidad.

Catalina, Águeda y Lucía rechazaron a los hombres quienes las pretendieron, pues no aceptaron ningún contacto físico con un mortal. Sus personas estaban encaminadas a dios, hacia la trascendencia. ¿Por qué habrían de negar sus aspiraciones?

Sin duda, las tres representan un interesante modelo de virtudes femeninas.

 

Pablo de Tarso

Pablo de Tarso tenía la orden de perseguir a los cristianos en la ciudad de Damasco. Cuando se dirigía a este sitio, tuvo una visión que lo hizo caer de su caballo. El hombre vio una luz en el cielo, acompañadas de una voz que decía: “¿Pablo, por qué me persigues?”. La impresión fue tal que Tarso cayó del caballo, y el resplandor del cielo fue tan intenso que lo dejó ciego. Cuando Pablo llegó a su destino, en lugar de continuar con la cacería de cristianos, se convirtió al cristianismo, y entonces recuperó la vista.

Pablo encarna el valor de la conversión. En este breve pasaje de su historia, el sentido de la vista y la luz, pueden entenderse como una metáfora de la regeneración.

La expresión “camino de Damasco” puede emplearse para referir el acto de la conversión al cristianismo.

 

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(El camino de Damasco. Detalle de predela. Autor Anónimo)

 

San Jorge y el dragón

A finales de la Edad Media (XI-XIII), se emprendieron las Cruzadas, luchas en Oriente Medio por la conquista de Tierra Santa. Las guerras se libraron entre cristianos y musulmanes.

En este contexto, surgen las órdenes caballerescas, formadas por militares dispuestos a pelear, pero que a su vez, adoptan principios muy similares a los de las órdenes religiosas. El personaje al que muchos caballeros adoptaron como modelo y patrón fue: San Jorge de Capadocia.

San Jorge, fue uno de los santos más populares de la Edad Media. La historia dice que nació en Nicomedia (hoy Turquía) entre el 275 y 281 d.C. Sirvió como militar al emperador romano, Diocleciano, conocido por haber encabezado una de las más sangrientas persecuciones en contra de los cristianos.

San Jorge es, finalmente, martirizado por los romanos. Sin embargo, no es este el pasaje de su vida más representado durante el medioevo, sino el de su lucha contra el dragón.

La leyenda cuenta que San Jorge rescató a la princesa de un reino que era asediado por un dragón. Lo que las personas de esta población hacían era sortear a las doncellas para que la elegida saliera a convertirse en carnada de dragón, mientras los demás podían almacenar un poco de agua. Una doncella es una mujer cuyo atributo es la virginidad, y el dragón de San Jorge, gustaba sólo de comer mujeres vírgenes. (Pienso en la creencia medieval de que únicamente las doncellas eran capaces de ver a un ser sobrenatural muy hermoso, el unicornio. La doncellez tenía sus ventajas, después de todo).

El valiente San Jorge rescató a la princesa Sabra, y en muestra de agradecimiento, todo el pueblo se convirtió al cristianismo.

 

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(San Jorge y el dragón. Detalle de predela. Autor Anónimo)

¿Qué es lo que mueve a estos personajes a comportarse como lo hacen? ¿Cuál es la fuerza detrás de sus principios y aspiraciones? El amor, ya sea hacia un ser divino, o a un prójimo (como en el caso de San Jorge), es el motor que los encausa hacia la virtud.

En estos personajes encuentro condesada la memoria histórica de una época que proponía un modelo aspiracional de vida encausado hacia dios, o en otras palabras: “lo bueno”, “lo correcto”.

La distancia histórica nos separa de las piezas que se exhiben en la Sala Gótica, pero podemos intentar pensar ¿qué habrían significado para las personas de esta época? Creo que la empatía, o el mero intento de comprender a los otros, ensancha nuestros horizontes, y de alguna manera nos acerca.

La sala puede visitarse de Martes de Domingo de 10:00 a 18:00 hrs.

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