Reflexión intrínseca

Por - 16/06/2015

Haré un pequeño paréntesis a la nueva serie de arquitectura y literatura para platicarles sobre un tema que recientemente me saltó encima: Las arquitecturas fantásticas, reflexionen junto conmigo.

Como suele sucederme con frecuencia, fui al cine, vi “Tomorrowland” la reciente entrega de Disney protagonizada por George Clooney y dirigida por Brad Bird (Ratatouille, The Incredibles), en resumen, trata sobre el futuro y nuestro papel dentro de su concepción y gestión. En esta ocasión la cinta no será nuestro eje articulador, pero es la chispa que encendió la mecha para profundizar sobre un fenómeno que he notado desde mis días dentro de las aulas en la facultad: ¿Cuál es la postura de la arquitectura ante el futuro?

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Es curiosa la imagen que muestran sobre la ciudad futurista: altísimos rascacielos, de siluetas curvilíneas y dudosísimas áreas verdes danzando entre sus oquedades raquíticas y esqueléticas, sin duda nada que no hubiésemos visto en esos blogs dedicados a la arquitectura de render. Desde que yo era una estudiante circulaban sin mesura miles de imágenes de “proyectos” experimentales en donde exploraban y explotaban el diseño de la arquitectura como objeto escultórico, ya que a pesar de que se respaldan con pobres análisis de programa arquitectónico, impacto urbano y social, generalmente son estudios escuetos y carentes de una investigación sólida y análisis meticuloso.

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Cabe mencionar que lo peligroso no es la difusión ni la experimentación, al final arquitectura también es un ejercicio plástico que nos permite mantener nuestra mente ágil, sin embargo, al igual que con las revistas de moda, al mero estilo Vogue, distorsionan nuestra visión y apreciación en un momento delicado y crucial como lo es la formación de los futuros arquitectos. Si nos detenemos un momento a observarlas meticulosamente y hacemos de lado el hiper- realismo, la calidad de la post-producción y lo audaz de su sobre-diseño, veo densidad, poca conciencia sobre el espacio urbano y su interacción con otros elementos, aunado a una clara intención de imposición sobre la escala humana. ¿Eso es lo que realmente queremos para nuestras ciudades futuras?

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Nadie posee un oráculo para ver en qué se convertirán las ciudades pero dudo que estemos en las posibilidades de echar mano de la tabula rasa y dar reset a la ciudad. Mucho hablamos sobre cómo y para qué se enseña arquitectura pero poco consideramos de qué manera afectan los agentes externos, qué tanto están influenciando a las jóvenes y maleables mentes de los aspirantes; no vale subestimar el poder y alcance de lo que hacemos, quizás entre tanta variedad y volumen de estímulos creemos no ser relevantes y mucho menos trascendentales, no obstante ignoramos la longitud exacta del poder de nuestro alcance.

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Insisto, la experimentación y proposición son válidas y necesarias, además todos poseemos una visión única ante el porvenir y nos enriquece culturalmente y como sociedad compartir esas inquietudes sobre el mañana. Cómo olvidar la obra maestra de Fritz Lang “Metrópolis”, por allá de 1927, la cual plantea una ciudad del futuro que, independientemente de la crítica social, revela la sobre-explotación del espacio y esta preponderante verticalidad: altos rascacielos con tintes brutalistas y destellos Art Decó, que nos recuerdan a la Nueva York de hoy en día, que para finales de los 20’s, al igual que Chicago, estaba aún en pañales respecto a la construcción de edificios de gran altura; Fritz Lang acertadamente vaticina un importante aumento de densidad y, en contra parte, la disminución de entradas de luz natural, con edificios aún construidos de piedra con pequeñas ventanas, sin saber que 20 años después vendría un boom por la arquitectura de cristal y acero, aligerando significativamente la monumentalidad que los caracterizaba.

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Metrópolis influenció a millones, bastaría recordar aquella “Gotham City” de Tim Burton, con todo y el gran puente que porta un tren de alta velocidad; otro aspecto interesante, ¿Cómo será la movilidad en el futuro? Tema delicado que representa un 80% de la eficiencia en una ciudad, pero que lamentablemente es lo último a considerar al momento de poner en prospectiva cualquier proyecto, ya sea en modalidad ficción o en la realidad; al igual que la francesa “The Fifth Element” dirigida por Luc Besson, proyecta una Nueva York de principios del s. XXIII, sumamente vertical cuya solución a los problemas de movilidad recae en autopistas invisibles que pasan entre los edificios, eliminando por completo el concepto de calle como lo conocemos hoy en día, erradicando al peatón. Estas distopías tienen como común denominador el concepto de ciudad máquina, sistémica y sobre- poblada, donde la marginalidad se queda al fondo, en el lúgubre, insalubre e hiper-contaminado ras del suelo. ¿Dónde quedan las bicicletas?

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Dando un salto de estas cintas de culto al siempre basto mundo de la animación, “The Jetsons” comic animado de ciencia ficción pura, producido por los gigantes William Hanna y Joseph Barbera, al aire desde Septiembre de 1962; ubicada en el entonces lejano s. XXI manifiesta nuevamente una arquitectura lejana a las calles, curiosamente menos densa pero 100% aérea, de extensos bulbos sostenidos por un esbelto soporte vertical, ya de por sí un reto a nivel estructural, con notas de fachadas acristaladas en su mayoría, de morfología similar a un yate de lujo, quizás y aquí voy a especular, como una analogía de estos titanes flotando en el océano, como islas en el cielo.

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Entonces, cuando explotemos hasta el último cm² de terreno… ¿La solución será construir en el cielo? ¿Cómo lograremos vencer la gravedad y crear estructuras capaces de ello?

Definitivamente encontraremos una manera de solucionarlo, para bien o para mal, lo que nos hace volver a la premisa, la arquitectura de render, arquitectura fantástica, a diferencia de las películas, caricaturas, juegos de video y demás expresiones, ¿Por qué podría ser peligroso un render? Bueno, en un principio se convirtieron en una poderosa y útil herramienta que permite visualizar un proyecto con un alto grado de realismo al cual una maqueta no puede llegar, comenzando por la escala y el ponernos a nivel del usuario, algo que hacían las perspectivas tradicionales pero se potencializó con programas de modelado y post producción. Ahora, la evolución en cuanto a la representación gráfica arquitectónica es tema que se cuece aparte, qué pasa cuando comienza a perderse la intención de mostrarle al cliente una imagen lo más cercana a la realidad para así facilitar el entendimiento del proyecto y se sobre produce para nuevamente alejarlo y convertirlo en un mero póster publicitario, es así como vendemos una idea acartonada y utópica a la que no sólo nos acostumbramos, sino que comenzamos a convencernos de que ESA figura es la correcta.

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De regreso a las escuelas de arquitectura y la afición que los estudiantes desarrollan por el render, sin reparar en discernir entre una herramienta y los verdaderos problemas de las urbes en expansión, la fantasía y la ficción contra las necesidades reales; valdría preocuparse por desarrollar el sentido y la disciplina del análisis, pues al final la ciudad no se erige con renders y nos estamos llenando de proyectos invasores y aislados, incapaces de respetar y coexistir con lo ya edificado, no necesitamos arquitecturas vanguardistas y esculturales, si éstas no se conciben bajo un estricto sentido de ética y raciocinio sobre la repercusión de cada elemento que insertamos en este vulnerable ambiente… la ciudad.

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