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Parteluz: Equilibrio entre luz y sombra

Por - 31/10/2017

 

 

Desde hace unos años, en el marco de Design Week México que se lleva a cabo en la Ciudad de México en otoño, se ha montado afuera del Museo Tamayo el Proyecto Tamayo-DWM. Este consta de un pabellón experimental cambiante diseñado por distintos arquitectos reconocidos que ofrece un espacio alternativo en la zona posterior de la institución. En 2016, por ejemplo, Nikolaus Hirsch y Michel Müller desarrollaron el Museo de la inmortalidad II. Un par de años antes Alejandro Castro diseñó una instalación circular que incluía un jardín enterrado. Tatiana Bilbao estuvo a cargo del de la edición 2013 y planteó un pabellón de madera que reinterpretaba la figura piramidal del Tamayo. De los distintos proyectos que se han desarrollado para DWM algunos se han relacionado más que otros con la arquitectura del museo, pero todos han planteado una indagación espacial y material.

Materia es un despacho de la Ciudad de México fundado en 2006 por Gustavo Carmona y Lisa Beltrán que intenta abordar la práctica desde perspectivas multidisciplinarias. Una de sus principales búsquedas es crear atmósferas con la utilización precisa de los materiales  y la depuración de los detalles. “Conceptos como masa, luz, contraste son preceptos fundamentales en la materialización de los espacios proyectados.” Para la novena edición de DWM en 2017, Materia diseñó Parteluz.

 

 

Parteluz

 

Desde el ventanal posterior del Tamayo ya se empieza a ver Parteluz, resalta atrás de uno de los icónicos taludes de concreto martelinado. El pabellón se compone por setenta columnas de sección rectangular de concreto prefabricado con acabado blanco que alcanzan 4.80 metros de altura. Vistas en planta, las columnas se separan una de otra alrededor del ancho de su sección. Se desplantan delineando dos arcos enfrentados y desfasados tres entre-ejes que forman un espacio interior de figura elíptica. Treinta y dos vigas de madera de pino se fijan a las columnas que coinciden y las conectan formando una pérgola rectangular. El largo de las vigas coincide con la distancia más grande que hay entre pilares, lo que provoca que en los puntos en donde las curvas se van cerrando, las trabes queden flotando en el exterior. Estas no son de sección sólida, sino que se conforman por distintas piezas de madera atornilladas que crean un patrón ligero. La configuración y el montaje evidencian un preciso cuidado del detalle y una mano de obra impecable. Todo esto sucede sobre una superficie de grava color gris claro y dos líneas curvas de luz en el piso acompañan ambos ejes de columnas para la iluminación nocturna.

Las curvas enfrentadas y desfasadas delimitan dos accesos en los extremos de la figura elíptica. Al entrar se tiene la sensación de estar en un espacio contenido e íntimo a pesar de los vacíos que existen entre las columnas y las vigas que no solamente permiten ver el contexto circundante, sino que se provocan que se pueda ser observado desde él. Las fronteras creadas por los planos verticales y el plano horizontal son límites difusos que enfatizan el exterior mientras ofrecen un abrazo en el interior. Te alejan, pero no te aíslan. La sensación de contención se complementa con la experiencia de moverse por el espacio, un espectáculo de volumen y vacío con ritmos, profundidades y juegos de percepción. Pasa lo mismo cuando se recorre Parteluz por afuera; aunque ahí se enriquece el calado porque una capa de columnas se antepone a la otra. Además, ambos entramados curvos de soportes verticales junto con los tramos de vigas salientes van desencadenando remates visuales cambiantes según la perspectiva.

Estos juegos promueven querer pasear por y alrededor del pabellón pintoresco una y otra vez, con distintos ritmos y velocidades, llevando la mirada en cada ocasión a distintos puntos. Incluso hacia arriba para ver el cielo fragmentado por la pérgola de madera. Recorrerlo evoca aquel ensayo en el que Yves-Alain Bois describió Clara-Clara de Richard Serra a través del concepto de paralaje, ese efecto que provoca que la posición de los objetos se identifique distinta según la posición desde la que son observados.

Parteluz se enriquece cuando el sol se pone en acción. Al observarlo y andarlo, las sombras creadas por los rayos de luz fragmentados y partidos hacen de la experiencia algo sublime. Dan ganas de quedarse disfrutando el movimiento de las líneas de luz y las líneas de sombra intercaladas que forman un tejido visual sobre las superficies de los materiales. Los contrastes no se hallan solo en los fenómenos lumínicos como en el efecto a contraluz, también se encuentran en el diálogo del material natural con el prefabricado. En la ligereza de la madera contra el volumen pesado de las columnas, aunque sea al revés con sus respectivos colores; el blanco que resalta y el café que se esconde. Por estos contrastes, los momentos que se viven ahí se caracterizan por una especie de equilibrio.

No se podría decir que sea el pabellón del Proyecto Tamayo-DWM el que se relaciona mejor con la arquitectura del museo, sin embargo conversan amablemente sobre los distintos juegos de percepción que Parteluz ofrece cuando uno lo pasea o lo observa desde la quietud de algún lugar adyacente.

 

 

Equilibrio entre luz y sombra

 

En su libro El elogio de la sombra de 1933, Junichiro Tanizaki realiza un recorrido por la presencia de la sombra en distintos aspectos de la cultura oriental, en especial en la japonesa. Su reflexión plantea su importancia en temas como la comida, la arquitectura, el teatro o algunos hábitos. A lo largo del libro explora conceptos como los claroscuros, el valor de los contrastes, las profundidades, las modulaciones y los juegos de las sombras, la luz incierta que realza la belleza, entre otros. “Nuestro pensamiento, en definitiva, procede análogamente: creo que lo bello no es una sustancia en sí sino tan solo un dibujo de sombras, un juego de claroscuros producido por yuxtaposición de diferentes sustancias. Así como una piedra fosforescente, colocada en la oscuridad, emite una irradiación y expuesta a plena luz pierde toda su fascinación de joya preciosa, de igual manera la belleza pierde su existencia si se le suprimen los efectos de la sombra.” Esta exploración se acompaña por una comparación con la cultura occidental, ya muy presente en aquellos territorios en la primera mitad del siglo XX, que Tanizaki plantea en busca constante de la iluminación. Así, va identificando realidades culturales a través de la aproximación a la sombra y a la luz. “Los colores que a nosotros nos gustan para los objetos de uso diario son estratificaciones de sombra: los colores que ellos prefieren condensan en sí todos los rayos del sol.”

 

Al visitar Parteluz y observar el magnífico juego de sombras y luces, recordé el texto de Tanizaki que unas semanas antes había comentado con mis alumnos. Me vino a la mente que, efectivamente, en este rincón del mundo suele haber un gran interés por los espacios iluminados; una herencia más de la modernidad. Sin embargo, también suele haber una búsqueda por la sombra y no solamente para el resguardo como lo menciona el escritor. La riqueza del pabellón se destaca por la manera en la que el vaivén de la luz y de la sombra se deslizan por las superficies, por los cambiantes e infinitos patrones que en conjunto componen. De noche, cuando la oscuridad predomina, es por las líneas curvas de luz en el piso que el pabellón aparece. La experiencia sería distinta sin el equilibrio que se forma entre los rayos de luz y las sombras. Aunque de manera distinta, aquí se encuentran muchas de las cualidades que Tanizaki identifica en la sombra oriental como las texturas, los reflejos tamizados, los tonos, las profundidades, los matices o la omisión de accesorios. “En realidad, la belleza de una habitación japonesa, producida únicamente por un juego sobre el grado de opacidad de la sombra, no necesita ningún accesorio.”

Divagando así por Parteluz y las reflexiones de Tanizaki se podría decir que es en el equilibrio entre la sombra y la luz en donde está nuestro elogio, más que solo en la iluminación. Parteluz , “una herramienta para el mapeo del tiempo, la disección de la luz y la apreciación de la sombra”, como dirían sus creadores, es un ejemplo de este equilibrio y evidencia que cuando los rayos de luz y las sombras crean sus tejidos, su riqueza se expone al máximo esplendor.

 

Fotografías: Jimena Hogrebe

 

 

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