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La suerte de las ranas

Por - 13/07/2017

Usualmente visualizamos a la Ciudad de México como una urbe cosmopolita; la ciudad de las marchas, los encharcamientos y el tránsito vehicular. También se le asocia con la violencia y la inseguridad, no es sorpresivo caminar por la calle, acercarse a un puesto de periódicos y observar más de una primera plana con título en signos de exclamación y acompañada de una brutal imagen: “¡EXPRIMEN SU JUGO!”, “¡RATICIDIO!” son algunos de los ingeniosos slogans que fungen como carnada para curiosos y morbosos. Inimaginable encontrar entre las páginas de los ya conocidos diarios “La Prensa” y “El Gráfico” fotografías de la calidad compositiva y artística como las de Enrique Metinides: “El Hombre que vio demasiado”.

Ganador del premio Ariel al Mejor Documental, dirigido y escrito por Trisha Ziff, El Hombre que vio demasiado es un documental narrado en primera persona, compuesto por las anécdotas a viva voz de Metinides, hijo de inmigrantes griegos, quien nos cuenta que la primera vez que tomó una cámara tenía 9 años y fue un regalo de su padre que solía tener un negocio donde vendía cámaras y rollos. Con una personalidad claramente obsesiva (basta mirar todas sus colecciones), desde muy joven y con cámara en mano Metinides retrató accidentes de coche en el centro de la ciudad, posteriormente se hizo amigo de los policías, mismos que vieron sus fotografías y lo invitaron al ministerio público para retratar criminales y otros accidentes. En principio se trató de un juego que le servía para aumentar su colección, pero poco tiempo después fue contratado por el periódico La Prensa como fotógrafo con tan solo diez años de edad.

Durante el documental vemos y escuchamos historias detrás de las icónicas fotografías de Metinides, que además se exhiben en una galería en Nueva York. Pero lo interesante más allá de la composición y el manejo de cámara y lo que me trae a contarles sobre este, es sin duda el papel de la ciudad dentro de sus fotografías. Una característica importante en la obra de Metinides es la amplitud de cámara, por medio de la cual incluye no solo a los mirones y espectadores del lugar, sino también al contundente y significativo espacio donde ocurre lo retratado.

Mientras expone gráficamente la tragedia y el horror, incluye un escenario que habla del contexto de lo que sucede. Podemos ver una Ciudad de México siempre vulnerable para los ciudadanos a pie y los niños. Accidentes aéreos dentro de la pista de aterrizaje, una persona (entre muchas) electrocutada al intentar robar electricidad, camiones volcados y más accidentes automotrices con el Conjunto Urbano Nonoalco Tlatelolco de fondo, aquel que Monsiváis alguna vez llamó “la atopía del México sin vecindades”.

Por los ojos de Metinides han pasado miles de cadáveres, ha observado el declive de la ciudad, se ha adentrado en casas en llamas, mercados, vecindades y mucha pero mucha calle. En sus fotografías podemos ver parte de la historia de la ciudad y de cómo la habitaban, lo salvaje y peligroso; describe la violencia del día a día que intrínsecamente acompaña al aire urbano, es imposible no quedarse petrificado por la crudeza de sus fotografías pero simultáneamente sentirse curioso y maravillado ante ellas.

Metinides relata el dolor desgarrador y las noches de llanto tras presenciar tanto desastre, pérdida y horror. No en vano aquella inolvidable captura del edificio del Hotel St. Regis devastado por el terremoto de 1985, la historia de la mujer que se suicidó en el Bosque de Chapultepec, mismo escenario para un final trágico de lo que en un principio era un paseo para un par de novios, un tiroteo en un supermercado o una melancólica escena en la torre Latinoamericana.

El documental cierra con la confirmación de que no todo lo que sucede y es retratado o narrado sale a la luz, hay demasiadas cosas que se mantienen silenciadas y, en opinión del mismo Metinides, es mejor así. Asegura la imposibilidad de una vida tranquila si la sociedad supiera de todo aquello que acontece en la ciudad.

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