La Mexicana

Por - 26/01/2018

Proyecto

El 24 de noviembre del 2017, después de unos meses de atraso, fue inaugurada la primera parte del proyecto del parque La Mexicana en Santa Fe, llevado a cabo con una inversión privada de dos mil millones de pesos. El proyecto fue desarrollado en el predio La Mexicana, un terreno público recuperado de cuarenta hectáreas en el que solía existir una mina de arena. En 2012 se había hecho un intento por desincorporar el terreno del dominio público y construir viviendas. Sin embargo, los vecinos estuvieron en contra y el proyecto no evolucionó.

Después de años de disputa entre vecinos y autoridades, se creó el mecanismo llamado Sistema de Actuación por Cooperación (SAC) La Mexicana. Un acuerdo entre la administración del gobierno capitalino e inversionistas inmobiliarios para desarrollar construcciones privadas en el treinta por ciento de la superficie, a cambio de crear un área verde pública en Santa Fe en el setenta por ciento restante. El acuerdo planteaba que el SAC estaría coordinado por la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (SEDUVI) y que lo primero en construirse tendría que ser el parque. Este será concesionado en su uso, aprovechamiento, explotación y administración con el propósito de contribuir a la conservación y al desarrollo sostenible de la zona, a través de un fideicomiso. No ha quedado del todo claro cómo se desarrollarán las doce hectáreas que ahora serán parte del dominio privado, aunque se ha hablado de mil quinientas viviendas y de zonas comerciales. Muchos de los vecinos de zonas aledañas están en contra de este desarrollo (se deseaba que todo el terreno fuera utilizado como parque o que se creara infraestructura faltante en la zona, como una estación de bomberos o un hospital) y se han manifestado por el impacto que esto tendrá en transporte y servicios del poniente de la ciudad.

El diseño del parque de veintiocho hectáreas estuvo encabezado por el arquitecto y paisajista Mario Schjetnan. Es de planta irregular, mantiene la topografía original y una serie de caminos delimitan las diversas áreas que lo componen: jardines infantiles, jardín canino, otros temáticos, skatepark, anfiteatro, centro cultural, cuerpos de agua, comercio y terraza gourmet, entre otros. Además hay una pista para bicicletas y para trotar. Más adelante, en la parte sur en donde se encuentra una reserva natural, se desarrollará una segunda etapa en la que existirá un área con canchas deportivas. El parque también cuenta con servicios como cámaras de vigilancia, wifi gratuito, bebederos, baños y puestos móviles de comida. Tres puentes, con nombres de arquitectos, conectan el parque con el contexto inmediato. Este consta, en su mayoría, de edificios altos y áreas todavía no desarrolladas.

El parque La Mexicana, tres veces más grande que la Alameda Central y llamado el nuevo pulmón de la ciudad, fue diseñado tomando en cuenta la auto-sustentabilidad y la conservación ecológica. Cuenta con un tanque de tormenta, bajo el lago artificial, para regular el agua de lluvia y almacenarla para riego, además de los dos lagos y tres humedales. Hay más de tres mil especies de árboles, ciento ochenta mil metros cuadrados de jardines con pasto y sesenta mil metros cuadrados de jardines con plantas de ornato y especies endémicas. El parque cuenta con celdas fotovoltaicas que suministran electricidad sobre todo para la iluminación nocturna.

 

Experiencia

Visitamos el parque durante las vacaciones de diciembre. Fuimos como a medio día en coche por el desconocimiento y las dificultades de aventurarnos en transporte público hasta allá. Al llegar, tuvimos que formarnos un rato para entrar al estacionamiento improvisado en el terreno en donde parece que se desarrollará la segunda etapa del proyecto. Lo caminamos todo, disfrutamos el recorrido y nos llevamos una serie de impresiones de distintos tipos.

Los cambios en la topografía te permiten ir descubriendo el lugar mientras avanzas, esto provoca sorpresas en momentos diversos. Es interesante la mezcla de jardines y vegetación porque se van creando diferentes ambientes, provocando que la experiencia no sea monótona. Esto es también un resultado de la diversidad programática, las opciones diversas atraen actividades diferentes y público de todo tipo. La mezcla de visitantes fomenta la construcción de comunidad. Los cuerpos de agua también provocan cambios en la experiencia; los lagos invitan a la contemplación y la fuente saltarina a la interacción. Nos gustó también la escala porque es grande y ofrece un espacio abierto atractivo, pero no es tan grande como para no poder recorrerlo completo en una visita.

Por otro lado, lo percibimos algo desolado por los árboles que no han crecido, el pasto seco y los varios componentes que están sin terminar. Nos hicieron falta espacios sombreados que probablemente surgirán cuando los árboles crezcan; estos también podrán aminorar los fríos vientos de invierno que se sienten en la zona. Extrañamos también superficies grandes de pasto en las que la gente pueda echarse a ‘hacer parque’ y especulamos sobre la posibilidad de que algunos pisos no fueran tan duros, que se relacionaran más con la naturaleza. Vacilamos al ver el color del agua de los lagos, no nos dio mucha confianza tocarla. Nos pareció sospechoso volver a ver el formato de espacio público lleno de espacios para grandes marcas. Sobre todo, no disfrutamos nada gran parte del paisaje circundante lleno de edificios anodinos y genéricos, completamente desvinculados de un espacio natural y común como este. Se percibe un límite tajante entre el parque y lo que hay alrededor.

Al salir, alrededor de una hora después, nos sorprendió que la fila del estacionamiento era mucho más larga que cuando llegamos. Esto nos hizo preguntarnos cómo se va a solucionar esta situación con el tiempo.

Falta todavía para que el parque quede cien por ciento terminado, para que el tiempo actúe y permita que la vegetación crezca y que la comunidad se fortalezca. Tendremos que visitarlo cuando eso suceda para completar nuestra opinión sobre la experiencia de vivirlo. También tendremos que visitarlo cuando el treinta por ciento de las cuarenta hectáreas quede desarrollado y vendido a privados, para ver si se crea un conjunto en lo que empezó como un mismo predio. Por ahora y a pesar de los puntos que no disfrutamos, pensamos que es un paseo que vale la pena hacer. Ojalá fuera más fácil llegar a él desde distintos puntos de la ciudad.

 

Dilema

Se puede decir que el parque La Mexicana es un nuevo componente positivo para la ciudad. De entrada porque es una zona verde pública en donde antes había un terreno vacío. Además, por ser una zona verde en un área de la ciudad que no se caracteriza por contar con espacios públicos de esta naturaleza. Por otro lado, el diseño del parque con una visión auto-sustentable se presenta indicado ante la realidad de la ciudad en la que vivimos. La diversidad programática ofrece espacio para muchas actividades, muchos gustos y la multiplicidad de visitantes. Se podría pensar, además, que el dinero privado invertido de manera directa fue eficiente y no tuvo que perderse en la inmensidad burocrática que caracteriza a nuestras instituciones; también podría pensarse que la concesión de manejo y mantenimiento puede llegar a lograr que el espacio se mantenga en buen estado, aunque esa sea una responsabilidad que le tocaría al gobierno asumir.

Sin embargo, este nuevo espacio verde está acompañado de problemáticas y aspectos negativos que no son posibles de ignorar. La ubicación no facilita la llegada. Aunque el Ecobús y el tren México-Toluca serán una opción, queda claro que el automóvil será la primera para muchas personas. En cambio, la llegada peatonal no se presenta como la más atractiva por la configuración de esta zona de la ciudad. Por otro lado, el paisaje construido no ofrece una experiencia enriquecida y el natural va desapareciendo poco a poco.

Convendría examinar con lupa el SAC planteado en este caso. Estos mecanismos suelen evitar los instrumentos de controles y procesos obligados, al igual que las consultas públicas. Son mecanismos que benefician de manera significativa a los inversionistas privados. En este caso aprovecharán el treinta por ciento de un terreno que solía ser público y lo desarrollarán bajo la discrecionalidad que el SAC les permita. Además, los recursos utilizados y generados no necesariamente pasarán por la tesorería pública, no necesariamente rendirán cuentas. También parece problemático que, por el mismo mecanismo, no se conozcan con exactitud los planes para el nuevo desarrollo, sobre todo considerando el origen público del predio y las problemáticas que pueden surgir para los habitantes de la zona.

Estas son algunas de las razones por las que han habido reacciones tan opuestas al proyecto del parque La Mexicana. Hay quienes defienden este nuevo espacio público que puede llegar a cambiar la vida común en esta zona de la ciudad que lleva años viviendo hacia adentro. ‘Mejor de esta forma que de ninguna’, podrían pensar. Sin embargo, hay quienes condenan el precio que se ha tenido que pagar por él y especulan sobre las consecuencias que esto provocará. Es definitivamente un caso polémico lleno de tonos de grises que vale la pena visitar por lo menos una vez.

 

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