La fiesta del trabajo en equipo

Por - 11/04/2013

Al reflexionar sobre los motivos que me hicieron escoger la carrera de diseño industrial, dedicarme a ella y vivir de los frutos de mi trabajo diseñando; inmediatamente me remonto a mi infancia, cuando desarmar por completo mis juguetes era una parte más del juego. Recuerdo que al jugar con un barco pirata de plástico me preguntaba ¿cómo funciona? ¿por qué flota? o ¿quién lo habrá hecho de esa forma?. Con los carritos de cuerda descubrí que podía usar su mecanismo para hacer otra cosa. En fin, en mis manos, los juguetes terminaban siendo algo diferente de lo que se mostraba en su empaque.

Viendo hacia atrás, descubro que esa curiosidad bien encausada me hizo escoger la forma de vida que ahora tengo.

Más tarde, en el ejercicio profesional, descubrí poco a poco, que para que ese juguete llegara a las manos de un niño, tuvieron que pasar muchísimas personas y procesos por él. Especialistas de cada ramo intervinieron en el diseño, la ingeniería, la fabricación etc. Y esta es la historia de cualquier objeto que nos rodea.

El diseño está en todas partes, éste no puede ser de una sola persona, las cosas no nacen por generación espontánea; son el resultado del trabajo en equipo.

Muchos afirman que en México no sabemos trabajar en equipo o que no somos buenos para eso. Tal vez por que quien lo dice, no lo sabe hacer. Sin embargo, ejemplos de trabajo en equipo en nuestro país hay demasiados. Incluso hay diseños magistrales que han trascendido fronteras. Diría yo, que si en México hay alguien que supo hacer equipo con los mejores en sus disciplinas e hizo de esto su mejor herramienta de trabajo, fue sin duda: el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, con quien mi padre, el arquitecto Victor Manuel Lara Martínez, tuvo la oportunidad de trabajar.

Recuerdo las anécdotas que relata mi padre acerca del proyecto y la dirección de obra del Museo de Arte Moderno o de la torre de Relaciones Exteriores, ya que en ambas colaboró; pero sobre todo, recuerdo que me contaba que, para la coordinación de los Juegos Olímpicos de 1968, el arquitecto Ramírez Vázquez, convocó a los mejores en sus disciplinas, fuera en escultura, museografía, diseño gráfico o editorial, no importaba desde donde tuviera que traer a esa persona. Decía: “¿Quién es el mejor en esta disciplina? Pues, hay que traerlo”. Tenía muy claro lo valioso de conformar un equipo y respetarlo. “No es solamente un equipo para que reciba órdenes y las ejecute. Hay que oír a ese equipo y respetarlo”.

Creo que esa filosofía fue la que hizo que su trabajo transformara a nuestro país. Proyectos tales como: la Basílica de Guadalupe, el estadio Azteca o el museo de Antropología e Historia, son obras que al entrar, nos hacen sentir orgullosos de ser mexicanos. Pero creo que sin duda el proyecto que lanzó a México a nivel internacional fue: la organización y el diseño de los Juegos Olímpicos de 1968. Un claro ejemplo del trabajo en equipo conformado por los mejores en su ramo.

Cuenta mi padre que durante la organización de las Olimpiadas, don Pedro invitó al Arq. Eduardo Terrazas, quién ya había tenido varias exposiciones en el extranjero y sabía cómo recibían a México en el mundo, para que con su experiencia y contactos conformara un equipo de trabajo para esta labor. Comenta que entraron al despacho, ubicado en Fuentes 170 del Pedregal de San Ángel, una gran cantidad de jóvenes de México y del extranjero. Ninguno rebasaba los 30 años, muchos no tenían experiencia “esa nos toca a nosotros”, le decía Ramírez Vázquez. Los diseñadores gráficos invadieron por completo el área de los arquitectos. Recuerda que el arquitecto Eduardo Terrazas destacó cómo en la fecha 68 y en el logotipo olímpico se formaban líneas y círculos concéntricos y Ramírez Vázquez le pidió a Terrazas que reforzara esa idea tomando como base la artesanía de los huicholes, hecha con estambres uno al lado de otro. Sin duda una idea genial que trascendió en la historia, desarrollada en equipo y llevada a cabo por los dibujantes del despacho entre ellos, Lance Wyman, quien fue el primero en integrarse al despacho pero también el primero en salir.

El trabajo en equipo es algo que nos caracteriza a los mexicanos. Cuando le preguntaron al Arq.Terrazas cómo habían logrado que tanta gente trabajara en este proyecto dijo: “a los mexicanos nos gusta la fiesta. Y si estamos satisfechos, estamos contentos con un tipo de fiesta en la que gozamos y presumimos; pues respondemos.”

Creo que  tenía toda la razón. En México si un proyecto nos emociona, si para nosotros eso es una “fiesta”, entonces respondemos con lo mejor de cada uno. Así el proyecto no es de una sola persona sino de todo un equipo. El diseño de autor, aunque se le llame así, no sería posible sin el trabajo de muchos. Cito a Ramirez Vázquez: “la arquitectura de autor nunca me ha interesado, a lo mejor porque no la sé hacer.”

Una virtud es saber hacer equipo, dirigirlo hacia un objetivo y reconocer en cada participante lo que hace bien. Es así como cada proyecto debe ser una fiesta de colaboración. Por lo tanto, entendamos que un buen diseño tiene concepto, colaboración y un sistema para realizarse.

 

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