La DES-Humanización del espacio urbano

Por - 17/03/2014

Un prefijo es la sílaba o palabra que se antepone a la raíz de una palabra para formar otra con otro significado pero manteniendo siempre la relación con el vocablo inicial.

La DES-Humanización del espacio urbano es el significado adverso al título del libro de Jan Gehl “La Humanización del Espacio Urbano”, en el que plantea, entre otras cosas, por qué el uso del automóvil deteriora la calidad urbana, qué hace que una calle sea atractiva para caminar y por qué en una ciudad sana los espacios públicos y no los centros comerciales son el lugar de encuentro.

El libro de Gehl, más que un texto, es un manual de criterios y casos de éxito que han servido para la utilización del espacio público en diferentes ciudades, las cuales a través de diversas intervenciones urbanas, gestiones y decisiones políticas han logrado no solo transformarse, sino humanizarse.

En la actualidad el 70% de la población vive en ciudades y, según la ONU, en un lapso de 40 años la población mundial podría duplicarse, razón por la que el diseño urbano cada día cobra mayor importancia.

Los gobiernos municipales, apoyándose en sus diferentes secretarías o direcciones, tienen la facultad y obligación, más no necesariamente la capacidad y tiempo, de gestionar y decidir los proyectos de movilidad, planeación y ordenamiento urbano. El problema radica en que esas decisiones se toman de acuerdo a intereses y aspiraciones políticas muy por encima de las necesidades de la población y de la misma ciudad, es decir, los proyectos de una ciudad son inversamente proporcionales a las aspiraciones políticas de una persona. La cantidad y calidad de esos proyectos son a su vez inversamente proporcionales a la capacidad y visión de esa persona, conclusión: si un proyecto no reúne las características políticas de un gobierno, se quedará guardado sin importar su solución arquitectónica o urbana. Lo que es peor, un proyecto de ciudad, para la ciudad y sus ciudadanos, depende muchas veces de la decisión de una persona en el poder.

Nueva York en tan sólo 6 años pasó de ser una de las ciudades más peligrosas y caóticas a una de las más seguras, sustentables, equitativas y urbanísticamente humanizadas del mundo. Sus transformaciones, como la peatonalización de una de las calles más emblemáticas del Times Square, el multipremiado HighLine, las intervenciones que han convertido espacios residuales en plazas o los más de 580 kilómetros de ciclovías, han hecho que la experiencia peatonal y de movilidad en Nueva York sea mucho más placentera, eficiente y sobre todo más humana de lo que antes era. La gran manzana se convirtió en una ciudad para y de sus ciudadanos, ¿la razón? visión y concientización por encima de intereses personales o ambiciones políticas.

Hamburgo, una de las ciudades más importantes de Alemania, ha lanzado un programa a 20 años para excluir el uso del automóvil en el centro. El plan contempla la creación de espacios urbanos como plazas, parques y ciclovías, elementos fundamentales para la convivencia y el encuentro.

Nueva York, Hamburgo y muchas otras ciudades han entendido la importancia del espacio público y la movilidad como elementos fundamentales para la Humanización de las ciudades. Lamentablemente, en nuestro país los intereses personales y ambiciones políticas están por encima de una visión y concientización acerca del futuro de las ciudades. Los planes y proyectos que existen sobre la ciudad, duran lo mismo que los puestos o cargos públicos de las personas.

En Puebla, por ejemplo, la ciudad se ha ido construyendo a través de impositivos proyectos de infraestructura urbana poco pensada y planificada, pretendiendo con estos modernizar y transformar la ciudad; aunque se haya puesto en marcha en el centro histórico el programa “smartbike”, no hay un plan a corto, mediano o largo plazo que excluya el uso del automóvil. En los últimos cuatro años se han construido cerca de cinco nuevos distribuidores viales, el último y el más polémico a 400 metros de la zona arqueológica de Cholula, lo más grave de este proyecto es que no resolverá los problemas de tráfico existentes, al contrario, aumentarán. De igual manera, las principales avenidas que cruzan la ciudad de norte a sur y de oriente a poniente están siendo “modernizadas”, sustituyendo el pavimento de asfalto por concreto hidráulico con una vida promedio de 20 años; si entendemos que el espacio urbano es todo aquel espacio que no es privado, la calle sería el principal, y en ninguna de estas avenidas se proyectó ampliar la sección de la banqueta, incluir vegetación, plazas o parques, áreas de descanso, ciclovías o algún otro elemento urbano que permita, como dice Gehl, hacerla atractiva para caminar, humanizarla.

La discrecionalidad y corrupción con la que se manejan y asignan los proyectos públicos en México, han dado como resultado ciudades DESHumanizadas donde conceptos como espacio público, continuidad, densidad, movilidad y  desplazamiento, no forman parte de las agendas públicas.

Necesitamos un cambio profundo en la forma de gobernar, gestionar, pensar y diseñar nuestra ciudad del futuro. Nos queda poco tiempo y si realmente queremos una sociedad más sensible y con mejor calidad de vida, debemos empezar por humanizar el espacio urbano.

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