La ciudad como archivo de la memoria

Por - 22/01/2014

La ciudad es memoria y olvido, huella y ruina de civilizaciones sucedáneas. Es la permanencia de nuestros actos escritos y recuerdos capturados e interpretados por la memoria colectiva de la ciudad. Toda historia crítica se remite a la ciudad, conformada mediante una variedad de espacios y edificios unos encima de otros, no sólo con respecto a la configuración urbana y arquitectónica, sino también en cuanto a los significados que adquieren los lugares intervenidos que permanecen en la memoria aún cuando los edificios, calles, plazas y parques se transforman. El tinglado urbano es tan móvil que no ofrece más que un mínimo anclaje al recuerdo, del que la crónica se sostiene con descripciones minuciosas. La ciudad como teatro de la memoria es una forma de reconstruir lo que es y ha sido. Intersticios donde el espacio construido se transforma en experiencias vividas para enriquecer la memoria y su imaginación.

En el capítulo sobre “La memoria colectiva” de La arquitectura de la ciudadAldo Rossi introduce consideraciones que aproximan al conocimiento de la estructura más profunda de los hechos urbanos, y por lo tanto, a su forma. El arquitecto italiano cita La Mémoire collective de Halbwachs para decir que la ciudad misma es la memoria colectiva de los pueblos; y como la memoria está ligada a hechos y a lugares, la ciudad es el locus de la memoria colectiva: las permanencias de los hechos urbanos. “La memoria colectiva llega a ser la misma transformación del espacio por obra de la colectividad”, una colectividad que da significado a la estructura urbana. Una memoria material colectiva que se adquiere a través de los espacios recorridos. Es así como los signos de la ciudad hacen redundante a la memoria, ya que repite estos signos para que la ciudad empiece a existir a partir de lugares inventados por la voluntad y el deseo, por la escritura, por la multitud desconocida. Los umbrales del laberinto de la memoria permiten la construcción de la identidad social a través del tiempo. Como un gran registro de sucesos donde las generaciones han precedido y dejado sus huellas grabadas. Rossi continúa diciendo que sólo “así la unión entre el pasado y el futuro está en la idea misma de la ciudad que la recorre, como la memoria recorre la vida de una persona, y que siempre para concretarse debe conformar la realidad pero también debe tomar forma en ella. Y esta conformación permanece en sus hechos únicos, en sus monumentos, en la idea que de éstos tenemos”. Para entender la dimensión arquitectónica de la ciudad y la consideración de la misma como totalidad concreta, es necesario entender la postura reminiscente de la ciudad desde la memoria colectiva.

Como su Teatro del Mondo, asociamos los edificios con otros edificios que recordamos o con edificios sobre los que nos acordamos que hemos pensado, y que a veces pueden presentarse en nuestra mente más grandes que los que conocimos realmente. A veces, las cosas por las que nos sentimos más atraídos son las que alguna vez aspiramos a tener y nunca tuvimos: una arquitectura que existe, podríamos decir, en la memoria de los sueños. La masa, la escala, las proporciones y la textura definen el ideario de la memoria colectiva de los edificios. Percibimos la arquitectura de dos maneras: una asociativa y otra empática; una ‘de memoria’ y otra emocional. Establecemos asociaciones entre los edificios y otros edificios, y los sentimos como presencias emocionales. Son los edificios –y su empatía– los que más contribuyen a dar forma a nuestros recuerdos arquitectónicos. En Por qué importa la arquitectura, Paul Goldberger cuenta que “la memoria arquitectónica no siempre es personal, y no proviene siempre de los edificios que visitamos físicamente; a veces es algo compartido, y puede estar modelado por las imágenes de los edificios que vemos en el arte, en fotografías, en el cine o en la televisión. Esta memoria arquitectónica compartida puede estar configurada a veces no por una imagen, sino por palabras; buena parte de nuestra memoria cultural común de la arquitectura proviene de pasajes descriptivos sobre los edificios que aparecen en las novelas”. Al final, los gestos de los arquitectos y de los visitantes coinciden en una misma experiencia: encontrarse en el lugar, percibir, asociar, disfrutar, jugar con imágenes que nos sugieren otras imágenes en el interior de la memoria; como el embalse de un teatro que flota y escenifica La arquitectura de la ciudad, de nuestra propia ciudad.

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