Un proceso de selección fotográfica como jurado

Por - 08/10/2013

 

 

 

Posición, Imposición, Riesgo, Rabia y Compromiso.

El argumento como cimiento y lo subjetivo como lastre.

La fotografía que se inscribe en los circuitos de arte es solo una de las aplicaciones de este medio tecnológico, sin duda una de las derivaciones de menor producción, circulación y visibilidad de la producción total fotográfica.

Consideremos la sobreproducción fotográfica que se ejerce actualmente: tan solo en 2012, 750 millones de usuarios de FB cargaron y compartieron 100 millones de fotografías por día. De ahí que sea humanamente imposible conocer todo lo publicado, exhibido o circulado en imagen fotográfica, sin importar estudio o trayectoria dentro de la fotografía.

El Segundo Concurso de Fotografía Contemporánea 2013, de la Fundación Mexicana de Artes y Ciencias A.C. recibió en esta emisión 1,574 registros, para un total de 8,740 imágenes. Cifras, que nos demuestran que la fotografía deja de ser una práctica para convertirse en un hábito.

Pero las cifras son un gran espejismo, que debemos ver con cautela y analizarlas. De no ser así, seria alarmante que de los 1,574 inscritos a esta emisión, solo se eligieran a 35 finalistas. Realicemos esta analogía: basta con hacer una comparación de lo que se vierte, circula y volatiliza en Instagram… Ahí la popularidad de usuarios o imágenes derivan de causas ajenas a los contenidos de la fotografía como medio, considerémosla una poderosa plataforma tecnológica relativamente democrática, plural y popular, ahí cada usuario es responsable de lo que publica, comenta o hace énfasis en lo que es de su agrado, en donde ciertas personalidades o figuras públicas tienen literalmente millones de seguidores, sin importar cualquiera que sea el tipo de imagen que compartan, y es un hecho que ningún museo, galería, crítico, curador, teórico, asesor, gestor cultural, editor o coleccionista pensaría en esto como un referente por su aporte, o relevancia a los circuitos de la fotografía de arte. Aquí la validación, monumentalidad, iconicidad, lo sublime, lo catártico, la experiencia estética, el concepto, deconstrucción, contexto, vanguardia, etc. como entendemos en la arena del arte actual no aplica de ninguna manera. Ser popular no implica, ser propositivo.

Continuemos con la analogía y consideremos que el inscribir imágenes fotográficas a un concurso, se basa en otra premisa, que es muy distinta y lejana de sustentarse en una plataforma democrática, plural o popular. El proceso consiste en someter imágenes bajo ciertas reglas a un panel o jurado designado por el organizador en base a su experiencia, estudio, trayectoria, conocimiento, especialidad, limitación, etc. Para que estos a su vez realicen una selección partiendo idealmente de la siguiente estructura: describir, interpretar, contextualizar, articular, comparar, diseccionar, descifrar, contrastar, evidenciar, evaluar y teorizar a partir de argumentos que por más sólidos que estos sean siempre podrán ser cuestionados, pero paradójicamente solo con argumentos sólidos, lo cual me parece fascinante, para reflexionar y comprender un medio que parece tan cercano y a veces es tan inasible. Todo lo anterior es el contexto para acentuar que en este proceso de deliberación es el jurado quién ejerce también una imposición sobre lo seleccionado, pero ya estamos claros que este es el proceso natural de un modelo donde se seleccionan ganadores, seleccionados y rechazados. En un jurado toda discusión interpretativa incrementa el entendimiento y profundiza en la apreciación, ya sea de manera positiva o negativa, esto es generar argumentos y desarticular cualquier pronunciamientos autoritario. En esta dinámica los juicios de valor o hablar de que todo es subjetivo, en nada ayudan a comprender y acercarse a la imagen, que en ocasiones es sumamente compleja, y con diversas capas de significados que necesitan de diversas estrategias y herramientas para asirla. Desde mi particular punto de vista la frase “todo es subjetivo” como un valor del entendimiento de una imagen, me parece una muletilla de la que se abusa cuando ya no se sabe como continuar una discusión, una salida de emergencia, una zona de confort, es un pesado y estéril lastre que habría que desterrar de una vez por todas.

“Seamos claros, un concurso es un evento que no tiene nada de democrático, es entonces: un ejercicio de poder”. Y contrariamente a lo que podría pensarse el ejercicio de poder no esta en manos del jurado, si no que quién ejerce este poder es el autor de las imágenes. Es el creador quien a partir de su interés, proceso, desarrollo o visión personal: produce, selecciona y edita su envió según las reglas establecidas por el organizador.

En esta ocasión para el inscrito solo existen dos posibilidades en la primera fase de este concurso específico: seleccionado como finalista con la posibilidad de ser acreedor a uno de los premios, o rechazado. Los concursos  no son para quién no conciba quedar eliminado, para quién no crea que existan mejores trabajos que el propio, para quién tenga poca tolerancia a la frustración, o para quién el rechazo sea algo insoportable.

Para mi pesar y desconcierto, encontré que un gran porcentaje de los participantes solo construyen visualmente desde el más elemental lenguaje fotográfico (técnica, composición, línea, forma, ritmo, textura, volumen, tono, color, contraluz, barridos, vibrados, abstracción, pintado con luz, emplazamiento, etc). Y si a esto sumamos que otra gran parte del envió consistía en el convencionalismo absoluto en la manera de abordar mismas temáticas con mismas aproximaciones: Monumentos históricos, atardeceres, cielos con nubes, las bellezas naturales de México y «su gente [sic] indigentes», interiores de iglesias, desnudo femenino académico en estudio o exteriores, mascotas, danza, teatro, lugares abandonados, ancianos, niños, desposeídos, vacaciones, flores, folclor, fiestas tradicionales, artesanías o concheros solo por mencionar unas cuantas y hay quién mezclo varias de estas aproximaciones o temáticas en un mismo envió. La fotografía no solo en México se ha convertido en un medio que de manera sistemática repite patrones, convencionalismos, que mantiene vigentes por ignorancia lastres, dogmas, formulas, reglas, ingenuidad y clichés: analfabetismo visual.

Otra de las condiciones del concurso era adjuntar un texto que acompañaran las imágenes para obtener más información del proceso o tema que se presentaba, mismos que explican el porque del proceso creador o el tema seleccionado, pero que no necesariamente hablan del objeto mostrado es decir de la imagen, esta acotación del autor nunca fue el mecanismo para seleccionar, ya que se trata de un concurso de fotografía en donde el texto solo acompaña a las imágenes. Aun creo en la supremacía de la imagen por encima del texto al enfrentarme a una fotografía, pero entiendo este texto como una herramienta muy útil para generar los argumentos necesarios para un acercamiento o distanciamiento de cada autor.

Desde mi particular postura me parece relevante que el calificar que algo sea o no sea “contemporáneo” o “fotografía contemporánea”, no añade valor, ni informa sobre nada. Si tomamos en cuenta que los historiadores del arte empezaron a llamar arte contemporáneo a las neovanguardias o posvanguardias entre 1960 y 1990 (minimal, conceptual, body art, land art, etc), entonces de ahí la ambigüedad y discusiones acerca del término. Pero aquí hay que atajar y entonces entender que el envió a este concurso se trata de fotografía actual, una parte sustantiva de lo que se produce en México aquí y ahora.

Bajo las premisas de este concurso el fotógrafo debe imponer una mirada, asumir certezas o riesgos con el fin de proyectar un discurso. Imponer una mirada es proponer, evocar, comunicar, evidenciar, polemizar, denunciar, provocar, ironizar, sistematizar, citar, parafrasear, contextualizar, dar sentido, trivializar, confrontar, exhibir,  divertir, conmover, esquematizar, señalar, desplazar, derribar, emular, homenajear, reaccionar, acotar, explorar, vivenciar y un sin fin de posibilidades.

“Imponer mirada es ante todo generar un discurso”. Un discurso claro y conciso, sin importar su alcance o temática no es un proceso sencillo. Un discurso es una plataforma firme y compleja con capas de lectura, unas más superficiales o epidérmicas otras mas densas o quirúrgicas.

Lenguaje y discurso: dos plataformas muy diferentes desde donde asir, entender y reflexionar la creación fotográfica, para clarificar en imagen y dar con ello un sentido. Saber escribir y leer, no nos convierte en el novelista, ensayista o poeta que transforma, comunica y traduce en palabra sus inquietudes e intereses; Sumar y restar no nos convierte en matemáticos; Saber como utilizar un dispositivo fotográfico, nos convierte en un operador, un técnico; Utilizar el lenguaje fotográfico es balbucear, y hay quienes desde ahí trazarán un eje claro para dirigirse a ser un autor con un discurso, que logren proyectar una experiencia estética y transformar al espectador.

Desde luego que en todo el envió surgieron imágenes y autores que me sorprendieron, me entusiasmaron, algunos me fascinaron, encontré varios puntos de contacto muy definidos, me atrevería a asegurar que identifique a una generación de autores que recién inician con preocupaciones y temáticas similares, lo cual me parece muy significativo, y un signo de los tiempos. Algo que llamo mi atención fue la gran cantidad de proyectos que  desde la ficción ya sea metafórica o fársica exploraban gráficamente en temáticas como la violencia, violencia de género, lo marginal, la desesperanza, suicido, homicidio pero que eran en su mayoría: anodinos, irrelevantes, ingenuos, dispersos, involuntariamente cómicos,  pero es claro que hay algo en el ambiente que esta lleno de furia, rabia, ira e intolerancia… de nuevo un eco de los signo de los tiempos.

Pero no todo lo que me era significativo lo fue para los demás jurados, así como muchas de sus predilecciones de los demás jurados no eran las mías. Y de ahí el magnifico ejercicio de la argumentación, el debate y el consenso para concluir con los 35 finalistas.

Para acotar consideremos que lo que busco el jurado fue la aparición de cualquier conjunto de imágenes capaz de proyectar una experiencias estética, de sorprender, de transformar al espectador en uno, varios o todos los presentes, independientemente de las intenciones de su productor, lo cual seria un tanto oscuro de no ser que la conclusión final será una exhibición pública. Aun es prematuro dar conclusiones de todo este proceso, jamás la experiencia será la misma al ver imágenes en un monitor que verlas montadas ya en el espacio físico, y al recorrerlas continuar con los argumentos de que es lo que proyectan, para así definir los premios acordados. Y por último cabe mencionar que por parte del jurado, ya se hicieron las observaciones y anotaciones pertinentes a los organizadores de este concurso, para que este mejore en cada emisión, para acotar y reducir cifras, y así focalizar el esfuerzo hacía una fotografía mexicana actual con intencionalidad, discurso, pero sobre todo con repercusiones no solo para el gremio fotográfico.

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