Inspiración en lo cotidiano

Por - 02/07/2013

Hablar de inspiración en cualquier tipo de expresión artística como si se tratase de una musa divina que se apodera de nosotros, nos direcciona el camino y nos libra de todo mal, pareciera más una salida fácil, que cualquier otra cosa. Intentando demostrarle a no sé quién, quizás a clientes o colegas, que el método de trabajo de la oficina se basa en un proceso donde los ejes rectores del proyecto nacen a partir del estudio de la naturaleza o algún objeto en particular y que el resultado final para nada es producto de la casualidad, aunque así pareciera.

Creo que es un error sustentar la Arquitectura únicamente en la Arquitectura misma, ya que desde tu formación dentro de las aulas, donde se supone que te otorgan las herramientas necesarias para sobrevivir en tu venidero camino profesional, las referencias que suelen repetirse continuamente son de tipo arquitectónicas, desde Palladio hasta Rem Koolhaas, sin olvidar a Pani o a Barragán en nuestras fronteras. Y no significa que esto deba necesariamente estar mal, es más, creo que tiene un alto porcentaje de acierto, pero me parece también que no termina por ser suficiente, y con esto no me refiero a la cantidad sino a la variedad de influencias en las cual uno se refugia para aminorar dudas e inquietudes, anhelando encontrar personajes.

Me han enseñado y espero de a poco estarlo aprendiendo, que la inspiración está lejos de ser el recurso barato que tanto utilizan arquitectos y diseñadores con el afán de respaldar su trabajo, “no estoy inspirado” se les escucha decir frecuentemente. Inspiración podría perfectamente ser el título de un libro contenedor de historias, personajes y creatividad que al mezclarlos te proveen de argumentos sólidos sobre los cuales descansarán las ideas básicas iniciales de cualquier proyecto que se pretenda desarrollar.

Me inspira Carla Fernández, extraordinaria diseñadora de modas que con su talento y trabajo con las comunidades indígenas del país ha puesto el ejemplo de cómo se deberían hacer las cosas, tomando la batuta en su profesión. Me inspira la comida de mi abuela materna y la ternura de la paterna, me inspira el ejemplo de mi padre y el amor incondicional de mi madre, me inspiran los mercados y la ciudad-caos donde encaja cualquier propuesta. Me inspiran también las playas de mi tierra jarocha, me inspira la creatividad de la gente común y corriente, me inspiran los tatuajes y el arte urbano, me inspira una buena película y también la postal gratuita diaria que me regala el Popocatépetl, y podría así seguirme sin quizás nunca terminar una lista de situaciones que ocurren cada día y que si tenemos la suficiente sensibilidad y los ojos bien abiertos, estará frente a nosotros un infinito mar de recursos para utilizarlos cuando lo creamos conveniente.

Y por supuesto que me inspira la arquitectura y algunos arquitectos, pero en muchas ocasiones es difícil entender, o al menos para mí lo es, que habiendo a nuestro alrededor tantas ideas y visiones increíbles de gente con la que nos cruzamos en el camino cada día, los arquitectos insistamos en quererlo explicar todo, en buscar la aprobación y admiración de cuanto se pueda, como si realmente eso fuera algo importante, y en querer confundir aún más a todos aquellos que nada tienen que ver con nuestra profesión con conceptos sumamente complejos. No es necesario que Toyo Ito explique que para la sede de TOD´S en Tokio se inspiró en la naturaleza, dado que es más que evidente, como de igual manera, sale sobrando que Frank Gehry intente convencernos de que el edificio que diseñó para la IAC Building en Nueva York está más cerca de la idea de un barco o tempano de hielo que de una bola de papel arrugado, de verdad todo sale sobrando, cualquier explicación o intento de ella.

La arquitectura nació a mi entender, en un sentido básico, para solventar problemas de la vida cotidiana, cuando nuestros ancestros se dieron cuenta que necesitaban refugio, se formaron las primeras cuevas, ahora casas, cuando entendieron que necesitaban un lugar donde rendir culto a sus Dioses, se formaron los templos, iglesias y catedrales, cuando les urgió la necesidad de un lugar para sanar sus heridas y enfermedades, surgieron las clínicas y hospitales y así continúa la historia, es por eso, mi absoluto convencimiento de que si nos apegamos más a esta idea y nos distanciamos de falsas posturas, en consecuencia, nuestro ejercicio y desarrollo profesional, así como el resultado de nuestras propuestas, podrá quizás, en un futuro, ser inspiración para alguien más.

 

 

 

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