High-Rise: Entre ficción y realidad

Por - 03/12/2015

 

 

 

Later, as he sat on his balcony eating the dog, Dr Robert Laing

reflected on the unusual events that had taken place within this

huge apartment building during the previous three months.

J. G. Ballard

Ficción

En 1975 se publicó High-Rise, una de las novelas distópicas de J. G. Ballard. En ella se cuenta la historia de una de las cinco torres habitacionales de un conjunto al este de Londres cuya población, al vincularse con el edificio y aislarse poco a poco del mundo exterior, comienza a perder la noción de la realidad y el tiempo, y a construir una serie de dinámicas violentas que parecen romper con la aburrición de su aparente vida perfecta. Durante tres meses los habitantes se sumergen en una lucha entre clases sociales (divididas literalmente en la parte baja, media y alta del edificio) llena de tragedias y eventos desafortunados. El high-rise, que se lee como el personaje principal de la novela, crea su propio ambiente paralelo al mundo exterior y va enganchando a los habitantes en relaciones de destrucción, caos y guerra, degenerando la vida al interior.

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El high-rise de la novela está planteado como respuesta a los proyectos arquitectónicos utópicos del siglo XX. Ballard pensaba que una nueva arquitectura podía cambiar la vida moral y sentimental de los humanos e identificaba en estos proyectos de la modernidad problemáticas que podían afectar negativamente a sus habitantes. Así, planteó un edificio de departamentos con cuarenta pisos y dos mil habitantes con todas las comodidades de la vida moderna como áreas deportivas, albercas, escuelas, espacios recreativos, tienda de autoservicio y estacionamientos; además de las instalaciones tecnológicas más avanzadas. La configuración de la torre surgió de los edificios habitacionales brutalistas desarrollados en Inglaterra en la época de la posguerra. En especial la Torre Balforn en Poplar y la Torre Trellick en Kensignton diseñadas por Ernö Goldfinger quien, como el personaje del arquitecto en la novela, vivió en el penthouse de una de ellas (aunque él terminó mudándose después de un tiempo). Esta combinación de un proyecto arquitectónico posiblemente real y las catastróficas dinámicas que en él suceden, provoca una especie de realidad ficcionada que invita a cuestionar la manera en la que se diseña y las posibles consecuencias que esto provoca. “Defensible Space: People and Design in the Violent City (1972) by Oscar Newman, an American professor of urban planning, was a big influence on Ballard. Newman, like Jane Jacobs before him in The Death and Life of Great American Cities (1961), argued that urban violence can be mitigated by designs and layouts that exploit the natural surveillance of open spaces inside and outside buildings, something that high-rise buildings notably lack.”[1]

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Ballard pensaba que la importancia de la arquitectura radicaba en que, a través de ella, podía hacerse una reconstrucción psicológica de sus creadores. En varias de sus novelas, por ejemplo, aborda el tema de comunidades cerradas física y psicológicamente. Los personajes están ligados a la arquitectura, no sólo aceptan su entorno (un mundo construido por el hombre), sino que se vuelven parte de él. Es por esto que sus novelas son y no son, al mismo tiempo, sobre arquitectura. High-Rise presenta un ejemplo de esta arquitectura ballardiana, como se le ha llamado al espacio que el autor construye en sus historias, un espacio complejo que va atrapando a sus habitantes. El edificio es laberíntico, con células repetidas y pasillos eternos, y con una gran cantidad de espacios ambiguos; un edificio anónimo y genérico. Esto provoca que la arquitectura se narre en fragmentos y que se perciba la sensación de un presente interminable. En este high-rise se vive solamente en el espacio interior, el exterior aparece como un lejano imposible, mientras que los espacios liminales son los más peligrosos. La configuración arquitectónica da pie y permite una lucha constante entre la vida privada y la vida social.

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La distopía y los espacios ballardianos fueron transportados al cine en una película que lleva el mismo nombre dirigida por el británico Ben Weathley y estrenada en el Festival de Cine de Toronto 2015 (saldrá al público general en el 2016). La adaptación parecía un reto complicado por la complejidad temática, temporal y espacial de la novela, sin embargo, el director y su equipo lograron una versión igualmente peculiar que, con la potencia de la imagen y el sonido, incita a una nueva lectura de la propuesta crítica de la obra. El edificio brutalista y los interiores parecieran haber sido diseñados en la década en la que la novela fue escrita. Esta combinación es interesante por el juego temporal que ofrece, una película distópica futurista ubicada en el pasado, pero completamente vigente el día de hoy. La película, al igual que el libro, es específica, bizarra y actual, e invita a reflexionar sobre la realidad en la que vivimos y la arquitectura que construimos y habitamos.

 

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Realidad

“He predicted all of the things that are now part of our world. He predicted social media. He predicted YouTube and the industrialisation of the moving image. He said that the way we related to technology would create shifts in our psychological patterns.”[2] Ballard fue un visionario, es por esto que en sus historias podemos identificar muchas problemáticas actuales. En High-Rise, por ejemplo, se aborda el tema de las comunidades cerradas al interior y al exterior de las ciudades y los efectos de este aislamiento. Éstas son un formato habitacional que se sigue utilizando en el que podemos reconocer el deseo de la gente de alejarse cada vez más del otro, de alcanzar la privacidad y la aparente seguridad con barreras cada vez más grandes. El libro también ejemplifica algunas posibles consecuencias de la confianza plena en la tecnología y los gadgets, definitivamente uno de los temas más actuales que están transformando a pasos agigantados la manera en la que nos relacionamos con los otros y el entorno. El consumismo y conformismo de los personajes de la novela muestran la alienación que esto puede provocar, situación perenne en nuestra realidad. En High-Rise se insinúa constantemente la decadencia de la arquitectura al ser cómplice y resultado del sistema capitalista, la arquitectura como demostración ideológica que hoy en día es evidente en nuestras ciudades.

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Al transportar estas ideas a la realidad de una ciudad como la Ciudad de México, es posible identificar estas problemáticas en la arquitectura habitacional colectiva contemporánea. La producción inmobiliaria creciente, por ejemplo, suele mostrar el deficiente diseño y desarrollo de la mayoría de los edificios de departamentos resultado de una realidad regida por el consumo y conformismo, en el que la ganancia económica es el objetivo primordial. Pareciera existir una obsesión por construir a toda costa, sin importar las consecuencias que esto está provocando en la vida de la ciudad y sus habitantes. Lo mismo puede observarse en los conjuntos habitacionales construidos en la zona conurbada de la ciudad. Ese urbanismo insular formado por conjuntos cerrados que han provocado un sinnúmero de dinámicas negativas en la vida de los habitantes y sus comunidades. A tal grado que alrededor de cinco millones de estas viviendas en el país han sido abandonadas. Santa Fe también puede relacionarse con la catastrófica temática de High-Rise. Toda su configuración y el reciente deslave son una prueba más de que las comunidades aisladas, la arquitectura especulativa, la obsesión por la tecnología y la separación de clases socioeconómicas provocan problemáticas que pueden llevar a realidades desastrosas.

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High-Rise, la novela, fue publicada hace cuarenta años. En su momento era vigente porque surgió en medio de sueños utópicos sobre tecnología, arquitectura y mercado; como una especie de advertencia que pasó desapercibida. High-Rise, la película, fue estrenada este año y sigue siendo vigente ya que da la impresión de que vivimos en esa realidad distópica que plantea. Revisitar esta obra podría tomarse como una oportunidad de entender y cuestionar si el mundo en el que vivimos es realmente el que deseamos. Reflexionar si el espacio liminal que une la ficción y la realidad podría permitirnos imaginar y crear otras posibilidades; “[…] we project narrative into reality, the imagination remakes de world […]”[3].

 

[1] Chris Hall, “Why JG Ballard’s High-Rise takes dystopian science fiction to a new level,” en The Guardian (sitio web), 3 de octubre de 2015, consultada el 26 de noviembre de 2015, http://www.theguardian.com/books/2015/oct/03/jg-ballards-high-rise-takes-dystopian-science-fiction-to-a-new-level.

[2] Henry Barnes, “High Rise director Ben Wheatly: social collapse is imminent,” en The Guardian (sitio web), 14 de septiembre de 2015, consultada el 26 de noviembre de 2015, http://www.theguardian.com/film/2015/sep/14/high-rise-director-ben-wheatley-tom-hiddleston.

[3] London Consortium TV, “Ballardian Architecture 7 – Chris Hall,” Vimeo video, 7:28, 15 de mayo de 2010, consultado el 26 de noviembre de 2015, https://vimeo.com/13673739.

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