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Si Hemingway hubiese sido diseñador

Por - 25/07/2017

“All you have to do is write one true sentence. Write the truest sentence you know.”

—Ernest Hemingway

 

 

¿Qué pasaría si un diseño partiera de escribir la oración más verdadera que uno conoce? Una de las preguntas con las que más me encuentro al momento de explicar mi profesión como diseñadora industrial, es el origen de la inspiración al momento de concebir un objeto. Existen un sinnúmero de métodos que estimulan la creatividad y la generación de ideas, sin embargo me tropecé con la respuesta a esta pregunta cuando tenía 17 años, aún estudiaba el bachillerato y no tenía ni idea de la analepsis profesional que esa revelación literaria ocasionaría.

Sin sospecharlo me encontraba en clase de literatura, ahondando en los años veinte, las vanguardias, la generación perdida y los escritores de dicho periodo histórico. Fue Hemingway quien logró captar mi total atención. Recuerdo muy bien una frase que mencionó la profesora acerca del estilo literario del autor y la manera en la que conseguía escribir sus relatos. Sus palabras en resumen fueron: “Hemingway consideraba que para poder escribir uno debía vivir diversas experiencias a lo largo de la vida. Un autor debe experimentar y conocer para relatar (…)”.  Incluso en uno de sus consejos para nuevos escritores Hemingway proponía, “(…) el mundo más allá del escritorio tiene posibilidades que solo puedes explotar si sales y vives un rato.”

En ese momento no era consciente de lo que esas palabras significarían en algún momento para mí, y mucho menos cómo podría relacionarlas y aplicarlas en mi profesión, sin embargo, me llamaron mucho la atención y como hoy puedo comprobar, se quedaron almacenadas en un lugar accesible de mi memoria.

Hemingway decía que el trabajo de un escritor era contar la verdad. Es por ello que en la mayoría de sus relatos existen tintes autobiográficos que reflejan sus vivencias de la Primera Guerra Mundial, sus viajes a lugares exóticos, sus deportes favoritos, entre otras experiencias. Él hacía énfasis en su misión por encontrar la veracidad y exactitud de la expresión y evitaba todo tipo de barroquismos y recursos que impidieran la lectura fluida de un mensaje genuino y claro. Por ello el autor experimentaba, buscaba nuevas sensaciones, nuevos paisajes, distintas culturas y gente con maneras de pensar diferentes a la suya. De esta manera encontraba riqueza y diversidad  en sus relatos, manteniéndose fiel a sus ideales.

Si me lo preguntan a mí, en el diseño pasa algo muy similar. Cada objeto que existe es el resultado de un proceso creativo en el cual se hace uso de toda la información relevante que está al alcance. Usualmente se parte de una investigación teórica para familiarizarse con un tema y esto es completamente válido y correcto, sin embargo leer un libro, experimentar nuevos sabores y olores, practicar un deporte y conocer puntos de vista diferentes complementa dicha investigación. Es información que vamos almacenando de manera inconsciente en nuestra base de datos, es justamente lo que nos permite percibir el mundo de manera diferente y hacer propuestas con una perspectiva única. Entre más experiencias vivamos, más soluciones seremos capaces de generar. Si retomamos la propuesta de Hemingway de la búsqueda de la veracidad y exactitud de la expresión, y la llevamos al plano del diseño industrial, podremos llegar a objetos que no solo existan por existir, sino que cuenten una historia acerca de su contexto, su tiempo y su creador con una voz clara y un discurso genuino. Y como bien lo dijo el autor en uno de sus discursos: “Siempre se debe intentar algo que nunca se ha hecho o que otros han intentado y fallado. Entonces, a veces, con mucha suerte, se tendrá éxito.”

Manteniéndome en el mismo periodo histórico pero saltando de un autor estadounidense a uno chileno, recuerdo los versos del poema titulado Arte Poética de Vicente Huidobro:

 

“Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;

el adjetivo, cuando no da vida, mata.

(…)

 El poeta es un pequeño dios.”

 

Con esta cita no pretendo decir que los diseñadores o los escritores tienen poderes divinos o alguna especie de mutación, en realidad son seres humanos como todo mundo. Sin embargo, tanto un escritor como un diseñador toman elementos de su realidad, proponen y transforman. Los escritores diseñan mundos y situaciones para sus personajes y reflejan su sentir ante la realidad en la que viven con papel y tinta. Por otro lado, los diseñadores escriben la cultura contemporánea con materiales y procesos de producción industrializados. En ambos casos existe una gran responsabilidad pues al final se llega a la vida de las personas.

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