Fronteras de la Ciudad, de lo privado a lo público: Dos ideas

Por - 28/01/2014

“El diseño en todas sus manifestaciones como síntesis del mundo espiritual -surgido del intelecto y los sentimientos- con el mundo material -producido con la participación y para beneficio de todos-, constituye una necesidad histórica de la nueva sociedad y el reto cultural revolucionario más significativo de la época. Este proceso requerirá transformar masivamente la actitud pasiva tradicional del consumidor conjugándola con la del productor, como derecho y deber social y moral de cada ciudadano, cambiando el culto consumista del objeto, por la instrumentalización eficiente del derecho socialista a los servicios sociales (…) cambiando el concepto de lujo por el de calidad con recursos propios.” Fernando Salinas 1988 (Sagre prólogo:1990) Esta crisis del diseño, ha generado sin duda, que los entusiastas y generadores de objetos se estén separando paulatinamente de algunos compromisos que se tienen con la humanidad. Los diseñadores de espacios se han segregado de cumplir varias necesidades básicas en distintos sectores adquisitivos -lo cual resulta insólito- considerando las cifras de la situación económica mundial. El concepto forjado por siglos de que los arquitectos son diseñadores de espacios de una clase económica específica, son ideales que ya no corresponden con la época actual. El mundo exige una re-interpretación liberal de la arquitectura, como dice Habermas citado por Fernández Alba “El arquitecto (o diseñador) tiene en sus manos el control del proyecto, en este control la potenciación de su libertad subjetiva; tal vez, el arquitecto sigue deseando ignorar que la libertad subjetiva no tiene espacios institucionalmente asegurados”. En el caso de la vivienda no se puede regular ni estandarizar el verbo “habitar”, sin embargo los seres vivos están -a pesar de las fronteras espaciales- diseñados para adaptarse a su entorno; se desarrollan las barreras formales (para satisfacer al producto en el mundo consumista de espacios), cuando en realidad se deben de desarrollar las causas materiales (para satisfacer la habitabilidad de los usuarios), lo que se tiene al alcance contra lo que se cree tener. Estas simples ideas, si las logramos transportar a un diseño urbano, en el cual se pueda tener un cambio de mentalidad de fondo para el desarrollo de una arquitectura, como una consecuencia implícita de la ciudad, se pueden desarrollar dos planteamientos de análisis de gran relevancia en un marco complejo: “La definición que propone Vincent Descombes de la noción de “país retórico” a partir de un análisis de la “filosofía” o más bien de la “cosmología” de Combray: ¿Dónde el personaje está en su casa? La pregunta no se refiere tanto a un territorio geográfico como a un territorio retórico (tomando la palabra retórica en el sentido clásico, sentido definido por ocios retóricos como el alegato, la acusación, el elogio, la censura, la recomendación, la admonición, etc.). El personaje está en su casa cuando está a gusto con la retórica de la gente con la que comparte su vida. El signo de que se está en casa es que se logra hacerse entender sin demasiados problemas, y que al mismo tiempo se logra seguir las razones de los interlocutores sin necesidad de largas explicaciones. El país retórico de un personaje finaliza allí donde sus interlocutores ya no comprenden las razones que él da de sus hechos y gestos ni las quejas que formula ni la admiración que manifiesta. Una alteración de la comunicación retórica manifiesta el paso de una frontera, que es necesario con toda seguridad representarse como una zona fronteriza, un escalón, más que como una línea bien trazada” Marc Auge, Los no lugares, 1992.

Primera idea: Heterotopías a través de la memoria colectiva

El diseño de las ciudades propuesto por Kevin Lynch por medio de mapas mentales, los cuales son generados por la misma memoria colectiva de los habitantes, propuso desarrollar esta imagen como un sistema “situacional” (De igual manera como ahora se desarrollan los mapas por medio de las redes sociales o gps), en el cual se consideran 5 elementos básicos: trayectos, límites (fronteras), regiones (zonas), nodos y puntos de referencia (monumentos). El ambulante de las ciudades que las va caminando y las vive en el diario, retoma estos elementos básicos para desarrollar un mapa de su memoria colectiva, a través de las orientaciones físicas y psicológicas. Si tu “hogar” es la calle, cambiaría tu mapa mental de la percepción espacial, en el medio urbano, de lo que es “externo”; evidenciando una gran diferencia con el sujeto que entiende la ciudad como un elemento “externo” a su “hogar”, ambos en la dualidad de la frontera entre “lo privado” y “lo público”. Sin embargo, los que percibimos el espacio público como el “hogar”, tendemos a diferenciar de igual manera -ante la búsqueda inminente de un refugio íntimo- estas fronteras entre lo “público” y lo “privado”; diferenciando a este último como un “espacio semi-privado” para el sujeto que detenta de un ambiente reservado. Una simple reinterpretación de las fronteras de la percepción humana, donde el espacio reformado y constituido, puede tener una función u otra. Estos dos espacios y su ínter, representan las más complicadas heterotopías, desde la percepción de la vida humana.

Siguiendo la descripción filosófica de Michel Foucault sobre el tema; en un primer principio, por un lado el espacio público puede ser interpretado de distintas maneras, es un lugar real, presente en todas las culturas del mundo el cual tiene la característica de ser un espacio de desviación, ya que es donde hacemos todo lo que no hacemos cuando estamos en lo “privado”. De igual manera sucede de manera inversa, desde lo “privado” con respecto a lo “público”. Como segundo principio, tiene un funcionamiento preciso u otro; y a su vez distintos -incluso infinitos- dentro de sí mismo “según la sincronía de la cultura en la que se encuentra”. Esto es que el espacio público, en sí, es multifuncional en todo momento, se pueden desarrollar distintas realidades interpretativas dentro de él. Ahora solamente camino por la calle para transportarme hacia otro lugar, en otro momento camino, hablo por teléfono, me transporto de un lugar a otro y cruzo la avenida por la zona indicada; Otro sujeto estará usando el espacio público para ejercitarse y otro más para habitar en él (ya que no siempre todos lo habitamos, simplemente nos desarrollamos como objetos transitorios). Este espacio puede ser agradable, infinito, multimodal, funcional, ordenado, con identidad específica y con muchas otras características. Al igual sucede con el espacio privado, específicamente hablando del lugar donde habitamos, puede transformarse dependiendo de la interacción de los sujetos que lo ocupan. En un tercer punto, el espacio común “está yuxtapuesto por múltiples espacios, múltiples emplazamientos que son en sí mismos incompatibles”. Para beneficio del tema, un parque/plaza tiene significaciones superpuestas, puede ser el lugar donde habitan unas personas, el lugar donde se hace ejercicio, una representación de micro ambiente del medio rural dentro del urbano, como para recordar de donde vinimos como sociedad rural; y habrán sujetos que lo interpretarán simbólicamente como su lugar de “estar feliz y en paz”. De igual forma, la privativa casa habitación, representa múltiples espacios (contradiciendo, no solamente tiene una función básica o arquetipo, el cual hay quienes piensan es: dormir). Es el lugar donde se duerme, donde se descansa, para algunos, su lugar de trabajo, donde se preparan los alimentos y otras; de igual manera -infinitas- actividades; queda claro que es un lugar real, el cual, está yuxtapuesto por múltiples espacios, a su vez incompatibles unos de los otros o con funciones distintas, las cuales dependen de la ocupación del espacio por un sujeto en un tiempo determinado. La cuarta característica serán las heterocronías, por sus asociaciones a los cortes de tiempo en las que se asocian las heterotopías. Esto es una organización compleja en la que el espacio público esta inmerso en una eternidad que no se disuelve ni desaparece, relacionando con una heterotopía crónica; es decir, de acumulación del tiempo. Esta característica, hace al espacio efímero, con una carga histórica llena de simbolismos y siempre cambiante (revolucionario). Los monumentos en las ciudades o los edificios como objetos y las historias que cuentan, se van acumulando en estas como una gran exposición museográfica, son los observadores los testigos permanentes de la sociedad que los erige e institucionalizan la memoria colectiva de estos mismos grupos; al realizar cierta acumulación de objetos históricos en nuestro espacio privado, inmerso en nuestra memoria individual, estamos constituyendo nuestro “lugar de todos los tiempos”. Esto después pasará a ser parte de una memoria colectiva; la casa de mis abuelos tenía un plato de Grecia que representaba algo (ocupación espacial-crónica en tercera persona), o compraré esta máscara africana para decorar mi sala y que represente algo (ocupación en primera persona). Esos elementos pasan a formar parte de una crónica, cuando se retiran del espacio que ocupaban, pasarían a ser crónicas efímeras. En su quinto punto, se caracteriza la suposición de un sistema de apertura y uno de cierre en el espacio, estos elementos que aíslan y a su vez lo vuelven penetrable. Este punto es mucho más evidente en el espacio privativo -cualquiera de ellos- principalmente en su carácter de confinamiento, y de igual forma, existen un cúmulo de rituales para ingresar a estos lugares, espacialmente distintos con sus fronteras de cambio; es entonces cuando nos sometemos a estos ritos y purificaciones cuando “ingresamos” al espacio público, entonces se crea esta ilusión de penetrar algo, pero por el mismo hecho de entrar, somos excluidos de éste. Nos bañamos, nos vestimos, preparamos nuestro cuerpo y mente para “ingresar” al terreno compartido de la ciudad, un ritual en el cual se deben de cumplir ciertos compromisos sociales, comportamientos elocuentes y costumbres culturales, evidentemente con sus peculiaridades en las distintas culturas, pero estas reglas básicas existen como leyes de algunos posesos dentro de las sociedades. Es el constante acto de cruzar fronteras desde sus distintos niveles y la manera en que los seres realizan este acto distintivo. Por ejemplo, por simple condición humana, los sin techo, se ven en la necesidad de crear esta frontera del ritual o del cambio purificador. Es decir, se esta adentro, en un espacio recreado (pudiera ser una cobertura de cualquier tipo que sirva de abrigo) que a su vez esta en un afuera y se reproduce el mismo ritual, el cual alimenta esta ilusión de frontera. Por otro lado, rompen los esquemas de estas leyes culturales de comportamiento en algunas sociedades, más no en todas. Por ejemplo los Sadhu de la India, personas que deciden vivir en las calles el resto de sus vidas, como un procedimiento de purificación, y sobre todo, como una forma de “des-materialización” de las cosas del mundo, abandonando todas sus pertenencias y dedicando su vida a lo que reciben de la gente, son simples personas sin hogar y sin un techo, los cuales, son resultado de una sociedad distinta y muy contraria al imaginario occidental de sus similares, pero que en la India son adorados y respetados por la sociedad por tomar la decisión del abandono material, contradiciendo a la sociedad occidental, los cuales segregan a las personas que necesitan habitar en las calles.

Por ultimo mencionamos “la función”, en la casa privada las funciones espaciales se entrelazan para cumplir un gran objetivo espacial de su mismo conjunto, diferenciando cada una de estas dependiendo su uso cotidiano (cómo espacio flexible). De igual manera lo público posee este orden de especialidades, en realidad sin un orden, pero que van formando una serie vinculada entre sí. En este punto, el urbanismo teoriza (o más bien sueña) sobre la relación clara entre adentro/afuera, con ordenes visuales claros, circulaciones permeables, pues fácil, el mismo orden espacial. Pero estas teorías siempre serán utopias, ya que el medio urbano se va transformando y modificando, sin un orden preciso, ya que no es una ciencia exacta con fórmulas rigurosas que se puedan implementar (al menos no en su totalidad). El espacio público funciona como espacio de ilusión creada, es un emplazamiento que va creando a su vez otros y estos crean un espacio real conjunto; al organizar el espacio terrestre de cierta manera -con un orden meticuloso- se crea la heterotopía. Las memorias colectivas y la diversidad de la cultura global, va organizando el espacio y el territorio de nuestro mundo. Cuando Foucault concluye su manifiesto filosófico, menciona al barco como la más excelente representación de las heterotopías; sin embargo (sin querer descalificar al gran filósofo), considero al espacio público con este atributo, sin descartar la complejidad que posee un barco como espacio heterotópico. Pero analizando desde estos putos de vista, el espacio público resulta mucho más complejo. En primer lugar el “Espacio Público” ya se encuentra ahí, como por casualidad, desde una consecuencia y no hay que constituirlo tal cual es; es un elemento flotante de la ciudad, un lugar sin lugar, que vive por el mismo, que está cerrado sobre sí y que al mismo tiempo está liberado al infinito del territorio de la percepción, y que, de espacio en espacio, de acera en acera, de edificio en edificio, de ritual en ritual, entre una casa y la otra, va recorriendo nuestras ciudades sin barreras precisas y que se va descubriendo paulatinamente en sus paseos (trayectos), contornos (límites), colonias (regiones), jardines (nodos), maravillas (monumentos), con ese embrollo que representa a la misma humanidad que lo consolida como tal, lo significa como puede y lo transforma a su manera, en tanto que siempre será un espacio físico y social. “En tanto que “cuerpos”, los seres humanos están al igual que las cosas situados en un lugar y ocupan un sitio. El lugar puede definirse claramente como el punto del espacio físico en que un agente o cosa están situados, “tienen lugar”, existen (…) El sitio ocupado puede definirse como la extensión, la superficie y el volumen que un individuo o cosa ocupan en el espacio físico, sus dimensiones o, mejor, su envolvente. Los agentes sociales que se constituyen como tales en y en relación con un espacio social -y también las cosas en tanto que los agentes se apropian de ellas, y son pues constituidas como propiedades-, están situados en un lugar del espacio social que puede caracterizarse por su posición relativa con respecto a los otros lugares y por la distancia que lo separa de ellos. Así como el espacio físico se define por la exterioridad recíproca entre las partes, el espacio social se define por la exclusión mutua (o la distinción) de las posiciones que lo constituyen, es decir, como estructura de yuxtaposición de posiciones sociales. Así, la estructura del espacio se manifiesta, en los contextos más diversos, bajo la forma de oposiciones espaciales donde el espacio habitado (o apropiado) funciona como una especie de simbolización espontánea del espacio social. En una sociedad jerarquizada no hay espacio que no esté jerarquizado y no exprese las jerarquías y las distancias sociales, de un modo (más o menos) deformado y sobre todo enmascarado por el efecto de naturalización que entraña la inscripción duradera de las realidades sociales en el mundo natural: así, determinadas diferencias producidas por la lógica histórica pueden parecer como surgidas de la naturaleza de las cosas (basta con pensar en la idea de “frontera natural”). Es lo que ocurre, por ejemplo, con todas las proyecciones espaciales de la diferencia social entre los sexos (en la iglesia, en la escuela, en los lugares públicos como en el ambiente doméstico).” Pierre Bordieu, Efectos de lugar, 1999.

Segunda Idea: Espacio residual y sus apropiaciones

En consecuencia de un mal diseño, históricamente, cuando se realizan propuestas para renovaciones urbanas, dentro de sus procesos, no siempre son tomadas en cuenta las personas más vulnerables, con sus respectivas condicionantes económicas y sociales. Por lo que es preciso agregar un diseño de las ciudades a través de los espacios residuales, destacando la creatividad como consecuencia de una necesidad de espacios. Este concepto de residuos urbanos fue introducido al urbanismo por Roger Trancik; de alguna manera decía que los automóviles ocupaban espacios muertos y esto le sirvió para crear una nueva categoría dentro del análisis urbano, el “lost space” (espacio residual) destaca el constante crecimiento de tres espacios urbanos de desecho: los lotes vacíos o residuales (empty lots), la superficie de estacionamiento (surface parking) y los distribuidores de tránsito (traffic interchanges); cómo resultados de una mala urbanización, este espacio perdido, generado por los otros, no esta considerado -ni diseñado- para beneficiar a su población contigua, al menos en el tema de habitabilidad. Como una nueva tendencia para solventar equipamientos urbanos de servicio para la población, se han desarrollado proyectos que aprovechan de manera sustancial estos espacios residuales y otros más. Destaca el espacio residual generado por los distribuidores de tránsito, propuesto por Trancik. Un ejemplo lo encontramos en el proyecto de regeneración e imagen urbana, donde surgió la idea de recuperar los espacios encontrados en los bajo puentes. Propuestas de distintas índoles, en este caso, acentuando los de uso comercial, transformando los barrios urbanos y sus alrededores, no sólo por la plusvalía de los terrenos sino por la excesiva densificación inmobiliaria. En algunos otros casos desarrollando arte urbano e instalaciones artísticas o deportivas. En la Ciudad de México, es consecuencia de una ‘recuperación’ de bajo puentes con fines comerciales, para reconvertir estos lugares intersticiales y de desecho urbano que propiciaban inseguridad y apropiaciones irregulares. El proyecto de regeneración ha resultado en  espacios comunitarios al aire libre con mobiliario urbano y juegos para niños; y también espacios cerrados con locales de uso comercial y servicios básicos como misceláneas, restaurantes, bancos o veterinarias. Después de una lucha constante por los ocupantes de la zona, con producciones de arquitectura efímera e irregular en la vía pública, es plausible el hecho de brindar espacios para antiguos establecimientos informales contra las adecuaciones del espacio público realizadas para retirarlos. Sin embargo, la manufactura deja mucho que desear.  Los más exitosos son sin duda los bajo puentes que se han convertido en centros recreativos con juegos y “skateparks“. En contra parte, las ‘cajas de zapato’ y las inserciones porosas esperarán un sentido de apropiación que cambie su estado actual. Así, entre nuestras esculturas urbanas cotidianas –casetas de teléfono obsoletas, postes de luz, parabuses y macetas– la situación de los bajopuentes entre invasivas estructuras publicitarias sigue una línea de contaminación visual y saturación. En conjunto y al final, malos resultados ante ‘buenas intenciones’. Ante la propuesta de los “empty lots“, terrenos residuales generalmente con pocas dimensiones, los cuales se van quedando como resultado de la urbanización, se han propuesto algunas soluciones similares a los bajo puentes, en su mayoría para equipar con parques pequeños, en algunos otros países, son utilizados para realizar huertos urbanos que le den servicio a una comunidad; algunos arquitectos incluso, han desarrollado con gran creatividad, edificios de apartamentos de igual manera con dimensiones castigadas. Solucionando un espacio perdido por la ciudad, para realizar vivienda mínima, en un mundo donde la vivienda -entre tanto negociante- cada vez es más escasa. Para citar otras carencias, hablábamos del parque/plaza y de su simbolización con respecto a “recordar como seres urbanos nuestra pasada vida rural”, evidentemente no estoy hablando de los centros comerciales, los cuales últimamente ponen el nombre “plaza” o “parque” (aunque algunos si hayan sido parques en sus vidas espaciales pasadas); hablo de los parques reales, estos que deberían ser los verdaderos invasores de la ciudad, los cuales son una fiel representación simbólica de aquel paraíso rural dentro del insolente medio urbano y que también, evidentemente, son una gran necesidad para desarrollarnos como seres humanos en un ambiente de paz y tranquilidad, dónde algunos lo aprovecharán para ir a leer, otros para hacer ejercicio o para vivir. Un nuevo uso, generado por la falta o el alto costo de algunos alimentos en ciertos países, se están realizando, como consecuencia de una necesidad por una alimentación más sana, los huertos urbanos comunitarios, un “city market” pero real, a precios accesibles o inclusive gratuitos. Realizados en su gran mayoría en terrenos residuales, un ejemplo es el “Cesar Chavez Community Garden” inmerso en Los Ángeles, donde los vecinos organizaron un huerto comunitario para dar servicio alimentario de gran calidad. “el espacio es uno de los lugares donde se afirma y ejerce el poder, sin duda bajo la forma más sutil, la de la violencia simbólica como violencia inadvertida (…) a causa de su misma invisibilidad del simbolismo del poder y de los efectos totalmente reales del poder simbólico. (…) La capacidad de dominar el espacio, en especial apropiándose (material o simbólicamente) de los bienes escasos (públicos o privados) que se distribuyen en él, depende del capital que se tiene.” (Pierre Bordieu, Efectos de lugar)

Texto: Fernando Reséndiz Sáinz / @xolotltzcuintli

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