ETERNA SEDUCCIÓN ENTRE ARQUITECTURA Y CINE: Vol.V “CRIMSON PEAK”

Por - 17/11/2015

 

 

 

“Crimson Peak”

Dirección: Guillermo del Toro

Historia: Guillermo del Toro, Mattew Robbins

Diseño de Producción: Thomas E. Sanders

(2015)

 

[Beware of Crimson Peak!]

 

Tenía un tiempo ya de no escribir sobre cine, quizás porque no había encontrado aún algo que me motivara tanto. Películas con una estrecha relación con la arquitectura hay muchas, eso es innegable, pero de un modo u otro, todo acontece tan abruptamente (inconvenientes de la modernidad) que se complica la decantación. Por tanto, ante la marejada de estímulos materia de interesantes textos, suelo guiarme por un burdo y precario instinto. En esta ocasión vuelvo al cine con una película que, por lo que he leído y escuchado, causó un poco de polémica dividiendo a la audiencia: La Cumbre Escarlata.

La llamaré por su nombre original, Crimson Peak, ya que soy fiel y devota hacia los colores y, en mi entendimiento, carmesí y escarlata son colores diferentes. Definitivamente es un nombre fabuloso, la historia a mi parecer es predecible, sabes inclusive de qué va la historia desde que ves el trailer, los actores hacen un fabuloso trabajo y les compras el papel sin problema. Situada en el siglo XIX y con un joven Buffalo de escenario, Edith (Mia Wasikowska) es una joven americana hija de un importante constructor (sí, desde ese tiempo la construcción es un excelente negocio que aspira a publicar un libro, una novela de fantasmas); conoce al británico Baronet Thomas (Tom Hiddleston) de quien se enamora perdidamente y a su hermana Lucille (Jessica Chastain); Thomas y Edith comienzan a frecuentarse a pesar de los intereses de Alan McMichael (Charlie Hunnam) un oftalmólogo interesado en Edith. Tras un fatídico evento, Edith queda huérfana y vulnerable, posteriormente contrae matrimonio con Thomas y debe mudarse a Allerdale Hall, ubicado al norte de Inglaterra: una casa monumental erigida sobre una mina de arcilla colorada por la que lleva el sobrenombre Crimson Peak, lo que viene después involucra oscuros secretos, triángulos amorosos, almas en pena y una descomunal muestra de espacios cuidados con detalle. Evidentemente, y al estar aún en cartelera, no podré dar demasiados detalles sobre la historia, salvo la cuestión de que si ustedes están esperando ver una película de terror como El Conjuro, pierden su tiempo.

Mucho se escribe y escucha sobre la verdadera naturaleza de la película o de su género, el mismo Del Toro hace mención de ello en diversas entrevistas. Lo que vamos a experimentar es un romance gótico, complejo, con capas psicológicas por demás interesantes y perversas, que durante el desarrollo de la película nos dan pistas que nos permiten intuir la dirección de la historia; hay efectivamente escenas memorables, brutales e icónicas, también se habla mucho sobre el montón de guiños y referencias a otras películas, directores y literatura, pero los que nos trae aquí es la arquitectura.

Definitivamente es una película recomendable que seguramente miraré más de una ocasión para ir develando detalles, sin embargo hubo aspectos que saltaron a la vista de manera notable: la casa es extraordinaria, por supuesto que funge como un personaje más; la mansión de tres niveles destaca por su personalidad monstruosa, sangrante y ruidosa, es una casa decadente con un hueco decrepito en el techo que interioriza el exterior, dejando pasar tormentas de nieve, hojas quebradizas y el gélido viento nocturno, la casa respira.

El diseño de producción quedó a cargo de Thomas E. Sanders, que también trabajó en el majestuoso Bram Stocker’s Drakula de Francis Ford Coppola que le valió la nominación al Oscar a mejor diseño de producción, nominación que auguro se repetirá por esta cinta; definitivamente se nota una maestría en la creación de espacios oscuros, lúgubres y melancólicos, cada habitación es memorable, no sólo por los acontecimientos que albergan, sino por el toque distintivo y la manera en que potencializan la historia.

El elevador, el cuarto de baño, un enorme pasillo a modo de nave con bóvedas de crucería, maderas con formas humanas y ventanas que asemejan ojos, no faltan los descomunales cuadros, tétricos e imponentes, un gran salón con un piano señalado por un haz de luz que evidencia lo denso de la atmosfera.

En los cimientos de la casa, los cuales conviven inherentemente con el terreno arcilloso que me recordó sin duda a Hellboy, en el papel tapiz de los muros que Lucile usaba para camuflajearse con sus oscuros y mohosos vestidos, en las tuberías viejas, vibrantes y quejumbrosas haciendo estremecer cada uno de los rincones de la escalofriante propiedad, en ella veo sin duda un aire solemne y tenebroso como el castillo de Drácula y, aunque a menor escala, la cumbre, el ambiente y el clima me remiten a The woman in black.

La película no sería la misma sin el meticuloso trabajo de ambientación. Construida en 14 semanas, incluía un elevador operante y tuberías intramuros para el efecto de los muros derramando arcilla (¿o sangre?); en la paleta de colores preponderan tonos terrosos, mohosos y húmedos, los cuales se ven en contraste con el rojo encendido y el amarillo oxidado de los atuendos de Edith.

Cabe recalcar la atención puesta en detalles como la jerarquía de las puertas, los ventanales y los corredores, así como la participación activa de los objetos y el mobiliario en la historia.

Aunque, como mencioné al principio, la narrativa me pareció un tanto predecible, mirándola muy superficialmente se compensa en sobre manera con el diseño de producción y de arte, es abrumadora, te atrapa y se arraiga a tus pensamientos. Definitivamente no es una película de terror ni de “espantos” pero saca a flote los horrores de la condición humana por sí misma, su psique y hasta dónde somos capaces de llegar, inclusive el hecho de que el amor puede ser monstruoso.

 

 

 

 

 

 

 

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