Eterna seducción entre arquitectura y cine: Vol. II “Inception”

Por - 11/11/2014

 

 

Inception

Director: Christopher Nolan

Guión: Christopher Nolan

Fotografía: Wally Pfister

Música: Hans Zimmer

(2010)

 

[El sueño es real]

¿Cuántas veces no hemos escuchado o leído sobre la capacidad de manipular nuestros sueños? Decía un profesor es una cualidad que puede entrenarse, basta con lograr mirar nuestras palmas; así como la posibilidad de ejercitar recordarlos.

En esta ocasión Christopher Nolan explora, de manera magistral, el universo de los sueños; tema recurrente en las expresiones artísticas ya que puede ser explotado en formas inimaginables: los sueños revelan una mezcla de recuerdos, deseos, miedos y demás aspectos de nuestra mente, los cuales somos incapaces de vislumbrar estando “conscientes” (si pudiéramos asegurar que despiertos estamos realmente conscientes).

La cinta presenta una historia sci fi, en la que Dom Cobb (Leonardo DiCaprio) es un ladrón junto con su socio Arthur (Joseph Gordon-Levvit); profesionales en el arte de la “extracción” (entrar al subconsciente durante el periodo de sueño para hurtar información importante), aplicado usualmente para espionaje corporativo. Cobb recibe una oferta por parte de Saito (Ken Watanabe) para implantar una idea en Robert Fisher (Cillian Murphy), heredero de una imperante empresa que amenaza con monopolizar el mercado, anulando a la compañía de Saito. La misión de Cobb consiste en la incoasión de la idea: disolver la compañía de su moribundo padre y comenzar una nueva; para ello Cobb requiere armar un equipo talentoso, ya que a diferencia de la extracción, originar una idea es una tarea laboriosa que va a requerir de un meticuloso plan. Como incentivo para la operación, Saito le provee a Cobb la posibilidad de volver a casa con sus hijos.

 

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Para entrar en materia, el primer aspecto que salta a la vista: los sueños son sumamente personales, es decir, nadie va a poder soñar como yo ni lo que yo sueño, Nolan lo especifica al definirlo como un factor en las operaciones. Cada circunstancia varía según el soñador; gracias a un dispositivo llamado “la máquina de sueños”, se suministran sedantes y se hace factible la posibilidad de acceder a los sueños de otra persona: cohabitar un espacio físico en un plano abstracto, haciendo uso de figuraciones, proyecciones y simbolismos, representados con cánones geométricos: simetría idéntica, da como resultado encuadres rígidos y balanceados, mismos que naturalmente son imposibles de lograr;  arquitectura fractal, amplía los espacios exponencialmente provocando la sensación de longitud infinita, a su vez van segmentándose en sub módulos siguiendo el concepto de la espiral logarítmica; escala, las locaciones seleccionadas tienen como característica la monumentalidad produciendo en el espectador un sentimiento de inferioridad física, nos recuerda constantemente que somos una pequeña parte con respecto a la diversidad universal.

 

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En la cinta Nolan explica la naturaleza del sueño usando un modelo que denomina como “arquitectura paradójica”, referencia la escalera de “Penrose” y describe ciclos y laberintos construidos en el espacio onírico, el arquitecto es el encargado de edificar dichos pasajes y conductos. Lo anterior con la finalidad de que las proyecciones mentales del soñador (subconsciente) tarden en detectar y atrapar a los intrusos. Ariadne (Ellen Page) es una brillante estudiante de arquitectura, quien es reclutada por Cobb; cuando él le explica la metodología en el diseño de sueños, nos presenta una secuencia impactante al “doblar” la ciudad de Paris y montar los edificios uno sobre otro, “arriba es abajo y abajo es arriba”, la cual me recordó al pabellón en el “viex port” de Marsella por Foster + Partners, 2013.

 

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Es interesante cuando el equipo “desciende” con rumbo a las profundidades del subconsciente, toda esta concepción de la realidad como la superficie, un estado elevado del ser y nuestro “yo” irreal, intangible, relegado al inframundo y las oquedades… de cosmogonía oscura y peligrosa, donde nadie sabe a ciencia cierta que le puede aguardar allí. Para emerger de este insondable lugar es necesario un sobre-estímulo, ya sea falleciendo o asistido de un acto conocido como “the kick”, curioso término, algo que todos hemos experimentado en al menos una ocasión, aunque particularmente para mí es a la inversa: durante el sueño caigo y siento el vértigo, el cual me provoca despertar con un sobresalto; en la película lo que sucede al “exterior” se proyecta en el sueño, son reflejos simbólicos, metafóricos o manifestaciones físicas; por ejemplo, durante el sueño de Yusuf, cae una lluvia torrencial y le reclaman por no ir al baño antes. A diferencia de mi experiencia, “the kick” es el resultado de la caída libre en el plano terrenal, provocando un desligamiento entre el sueño y el sujeto, trayéndolos de nuevo a la realidad. El tiempo como percepción cerebral es dinámico y cambiante: cinco minutos “reales” corresponden a una hora en el primer nivel de sueño, a su vez cinco minutos de éste es una semana en el segundo nivel de sueño, y así exponencialmente.

 

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Nolan muestra una predilección por lugares caóticos y concurridos, urde bajo la idea del alto contraste. La comparación entre las locaciones: París, una ciudad densificada, que conserva un aire clásico y atemporal, exuda en cada detalle un lenguaje cohesivo, tanto en sus edificaciones como en su urbanismo rígido y definido, sobresale el ritmo constante lo cual permite apreciarlo y reproducirlo, volviendo al recurso matemático y geométrico; opuesta a París, tenemos la ciudad de Mombasa, curiosamente la locación es el “Grand SoccoTanger, Marruecos, ejemplo de arquitectura fractal, sobre poblada y conflictiva, llena de estrechos y agobiantes callejones, laberíntica y sin un discurso claro, plagada de intenciones simultáneas que pierden al observador y es difícil saber hacia qué dirección observar o dirigirse. Por otro lado tenemos la ciudad del sueño de Yufuf, con influencias claras de la dinámica y vibrante Manhattan contra la imponente fortaleza de la montaña en el sueño de Eames (Tom Hardy), de gran extensión y compleja volumetría. Es evidente el gusto por la arquitectura como expresión geométrica y su obsesión por las matemáticas, la utiliza como un factor dentro de la gran ecuación argumentativa así como también un reflejo de la personalidad de cada uno de los soñadores.

 

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Tangier, Morocco

Mi parte preferida es cuando Cobb y Ariadne bajan al limbo. Previamente se utiliza un elevador como metáfora durante los sueños de Cobb, en los cuales vive Mal (Marion Cotillard), creando una especie de cárcel psicológica donde Cobb mantiene sus recuerdos y los revive, condenándose a repetirlos. Así como cada sueño es particular del soñador, el limbo también lo es, en este caso se encuentran en la utopía construida por Cobb y Mal, la cual para mi (muy) grata sorpresa es nada más y nada menos (o así lo percibí) que una analogía de la Ville Radieuse (o Ville contemporaire) de Le Corbusier. La propuesta para la renovación del centro de Paris hacía posible aumentar la capacidad de las zonas urbanas y simultáneamente mejorar significativamente el medio ambiente y la eficiencia de la ciudad; en el boom de la arquitectura post-guerra, argumenta mejores condiciones tanto de luz solar, aire fresco y zonas verdes. El proyecto presentado en 1922, da cabida a seis veces la entonces población de Paris y representa para Le Corbusier el ideal de la libertad personal. El proyecto consiste en 24 rascacielos cruciformes de 190m x 190m y 200m de altura que albergarían entre 500 y 800 mil personas y se destinaría para uso comercial. Circundante a éstos, y conformados por barrios, estaría la zona residencial, en la cual se alojarían los trabajadores del centro. El plan contemplaba edificar sólo el 15% de la superficie total del terreno, esquema utilizado para el diseño de la ciudad de Brasilia y que por malas prácticas no ha surtido el efecto que se tenía previsto.

 

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ville radieuse

Encuentro brillante y muy significativo (a nivel personal) ver la utopía de Le Corbusier proyectada hacia Cobb, retomando los ideales modernos de libertad. No es casualidad que sea el escenario del mundo ideal de Cobb y Mal, en el cual se pierden por décadas. Es en definitiva una cinta compleja, cargada de detalles y referencias, que conecta con el espectador y da rienda suelta a reflexiones profundas. Lo especial de ella es que no hay una manera correcta de leerla o una ruta a seguir, es tan diversa y basta que da cabida a pasiones y obsesiones únicas y muy personales; apela a ir dirigida hacia nuestra psique, insertándose en el subconsciente; busca generar reacciones, sean positivas o negativas, pero de algún modo consigue ligarnos a ella. Quizás la verdadera incoación es para nuestras mentes, haciéndonos vivir un sueño lúcido a través de nuestros sentidos, nos convertimos en los sujetos: el sueño es real.

 

 

 

 

 

 

 

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