Eschrichtius robustus – Mátrix Móvil. Métodos para conservar una ballena

Por - 08/05/2018

 

 

Suspender la muerte, en su dimensión literal y metafórica, es posible a través de la aplicación de un método de conservación osteológica, el cual sigue y lleva a la práctica una serie de procesos que datan de los siglos XVIII y XIX y que, con sus diversas variantes a lo largo de los años, hasta la actualidad permiten detener el proceso de descomposición de los huesos, tanto animales como humanos, con el fin de conservarlos para su análisis.

La conservación osteológica está ligada al espíritu de la Ilustración, al siglo de la razón, la preservación y clasificación del mundo, y responde a la búsqueda, iniciada en el 1500 y exacerbada hacia finales del 1800, de similitudes y diferencias entre lo humano y lo animal. Conservar esqueletos con el objetivo de estudiarlos abrió y abre a diferentes campos de investigación y conocimiento la posibilidad de entender a fondo quiénes somos, de qué estamos hechos y cómo funcionamos, esto con el propósito de extender y transformar la vida.

Uno de los métodos de conservación osteológica, primordialmente empleado con fines científicos por disciplinas como la biología, arqueozoología[1] y paleontología, fue requerido en 2006 en otro ámbito: el del arte contemporáneo. La aplicación de este método fue esencial para el tratamiento de cada uno de los huesos que conforman el esqueleto de una ballena gris, intervenido con grafito por el artista mexicano Gabriel Orozco (Xalapa, Veracruz, 1962). Así, el trabajo de quienes realizaron dicho tratamiento osteológico resultó fundamental para la consolidación de esta pieza ya que fueron los responsables de preparar el soporte, es decir, la superficie ósea sobre la que el artista trazó círculos y elipsis que guardan similitud con las ondas sonoras y el movimiento de las olas.[2]

Mátrix móvil es el título de esta obra de Gabriel Orozco comisionada directamente por el entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes  (CONACULTA), hoy Secretaría de Cultura, para la apertura de la Biblioteca Vasconcelos, sitio en el que hoy se exhibe permanentemente. En esta pieza la preservación de restos óseos a través de un método científico nos permite contemplar la muerte para pensar más en la vida y sus ciclos, y aproximarnos así a aquello que ante la conciencia de nuestra propia mortalidad decidimos conservar para que persista en el tiempo.

 

Mátrix Móvil, Gabriel Orozco, 2006.

Fotografía: Zaira Espíritu

Ciencia y arte convergen en Mátrix Móvil. El encuentro entre saberes y lógicas distintas permitieron que el fin de la vida biológica de un ser se transformara, desde el arte, la poesía y la metáfora, otra vez en vida. En este caso, el proceso de intercambio entre arte y ciencia nos permite ver la transición de la muerte a la vida, al tiempo que nos aproxima a esta relación como parte de un ciclo continuo de renovación.

¿Por qué volver a pensar esta pieza de Orozco a 12 años de su creación y exhibición pública en el edificio de la Biblioteca Vasconcelos? Quizá porque este esqueleto de ballena, al permanecer suspendido al interior del recinto en el que literalmente parece flotar entre libros, posee una poética que le permite nadar entre distintos mares de sentido para ser repensada desde diversas dimensiones que la vuelven a traer al presente una y otra vez. El hecho de que el lugar que la alberga no sea un museo de historia natural ni de arte contemporáneo, descontextualiza la pieza y abre un espacio de libertad para su lectura. Al observarla inevitablemente pienso en los procesos migratorios de las ballenas y en que, pese a permanecer inmóvil, persiste en ésta una sensación de continuo desplazamiento. Regresar a ella para volver a leerla parece también guardar cierta correspondencia con los ciclos que cierra y abre quien se aproxima a ella.

La primera vez que vi Mátrix Móvil fue exclusivamente desde la perspectiva del arte contemporáneo, años después mis propios procesos migratorios me llevaron a indagar sobre las relaciones que despliega entre arte y ciencia. Esta búsqueda fue la que me permitió coincidir con el Dr. Eduardo Corona,[3] biólogo experto en arqueozoología y paleontología, profesor e investigador del INAH y encargado de dirigir el equipo que trató los huesos de la ballena para que pudieran ser intervenidos por Gabriel Orozco.

Encontrarme con el Dr. Eduardo Corona provocó mi retorno a la Biblioteca Vasconcelos para contemplar Mátrix Móvil con nuevos ojos. Gracias a él conocí el método y proceso por el que pudo ser conservado el esqueleto, lo que ha permitido su permanencia como referencia científica y pieza de arte a través del tiempo.

Los procesos de creación, así como el tiempo en tanto que elemento desde el cual se construyen-transforman los sentidos y significados de las cosas, son dos aspectos fundamentales en el trabajo de Gabriel Orozco, a quien le interesan las obras que en su estar aconteciendo en el tiempo, en sus palabras, “dejan una estela”. Para mí “seguir la estela de la ballena” me condujo a navegar por nuevas aguas desde las cuales se abrió la posibilidad de explorar y construir otros conocimientos a través del intercambio entre disciplinas y experiencias distintas.

¿Qué es una estela?, ¿es futuro, es pasado, es presente? ¿Qué es este espacio que se genera? (…) En ese sentido, también mi cuerpo, al actuar, deja una estela: que puede ser la silueta, el aliento, una línea de agua, una huella, un gesto: que evidentemente se van a perder con el tiempo; las estelas desaparecen. Sería hermoso pensar en una estela infinita, permanente, pero entonces ya no sería una estela. Es una cuestión, en todo caso, que tiene que ver con el lenguaje. Creo que algunas de mis piezas, aunque sean pequeñas, dejan una estela de significado; pero que actúa exactamente igual que una estela en el mar, que de pronto parece que se pierde, pero nunca del todo, algo de ella se queda ahí, en el horizonte. Ahora imagínate la estela que puede dejar una ballena… (Gabriel Orozco).[4]

 

Suspender la muerte para el arte y la ciencia

Uno de los mayores retos en el proceso de creación de Mátrix Móvil fue tratar adecuadamente el esqueleto del cetáceo con la finalidad de preservarlo y convertirlo en el soporte de la obra. Pero dado que este no es un objeto-materia tradicionalmente empleado en el mundo del arte, fue necesario mirar más allá de las técnicas artísticas para vincularse con otras disciplinas y hacer un intercambio que lograra realizar la pieza. El desafío de preparar los huesos y suspender su descomposición fue la razón por la que se buscó e invitó a uno grupo de especialistas en conservación osteológica para llevar a cabo la tarea de “preparar el lienzo para el artista” que es como metafóricamente describe el Dr. Eduardo Corona al trabajo que él y otro biólogo realizaron para este proyecto.

Eduardo Corona y Aurelio Ocaña, técnico fundador del Laboratorio de Arqueozoología del INAH, fueron los encargados de coordinar el equipo de tratamiento óseo junto a Marco Barrera Bassols, museógrafo, museólogo e historiador, quien invitó directamente a Eduardo y Aurelio al proyecto y que después de Mátrix Móvil ha participado en expediciones, producido, diseñado, supervisado e instalado otras obras para Orozco.[5] Todos ellos a su vez colaboraron de la mano de más equipos integrados por artesanos (herreros y carpinteros), ingenieros, técnicos estructuralistas y artistas. Grupos con los que se sostenían reuniones y discusiones semanales para socializar sus avances, hallazgos y resolver situaciones en torno a la obra.

¿Qué motivó a los biólogos Eduardo y Aurelio a participar en esta propuesta de arte contemporáneo? Eduardo cuenta que nunca antes habían tratado el ejemplar de una ballena, pero sí conocían ejemplares de proboscídeos[6] fósiles, por lo que esto representó una gran oportunidad para conocer más sobre la megafauna contemporánea; por otro lado, le atrajo realizar y pensar su trabajo desde y para un ámbito distinto al académico o científico, pues con base en su experiencia esta es la primera estructura ósea de un cetáceo que es intervenida por un artista, la cual además cumple una función diferente fuera de los museos de historia natural y las colecciones científicas. También era importante documentar el esqueleto mediante un registro fotográfico a fin de integrar todo en un documento científico que sumara información a la base de datos que comparten con otros investigadores y quedara como referencia para estudios posteriores y centros de investigación.

Marco Barrera Bassols consideró a estos dos biólogos para llevar a cabo dicha tarea debido a su larga experiencia en el área. Aurelio Ocaña y Eduardo Corona pusieron en práctica diversas experiencias de conservación osteológica ya que no hay uno sino varios métodos y en cada caso y animal a conservar se debe hacer un estudio para decidir cuál será el mejor tratamiento. En lo referente a la ballena de la Biblioteca Vasconcelos, Eduardo y Aurelio, previo a la llegada del ejemplar, indagaron en diversos museos con colecciones científicas los métodos y formas de tratamiento dados a los esqueletos de cetáceos. Como resultado de la investigación sumaron elementos que guiaron la aplicación de un método propio, el cual incorporó procedimientos actuales pero también trajo a lo contemporáneo técnicas antiguas vinculadas a las primeras estrategias de conservación ósea desarrolladas a finales del Siglo XVIII.

Es importante recordar que los métodos para la conservación de restos óseos permitieron la conformación de las primeras colecciones osteológicas y su resguardo en espacios que se convertirían en grandes referentes de este ámbito, como la Galería de Anatomía Comparada del Museo de Historia Natural de París inaugurada en 1898. En el Siglo XIX preservar ejemplares animales y estudiarlos era mucho más accesible que trabajar con restos humanos, no obstante, analizar animales constituía un medio para saber más sobre nosotros mismos. En este sentido, a mediados de 1800 se desarrolló un profundo interés por recopilar, clasificar y resguardar esqueletos faúnicos; sin embargo, si bien estas prácticas se incrementaron durante la época, ya desde el 1500 se intentaba comparar la estructura de los hombres con la de los animales. En estas búsquedas, aunque separadas por siglos de distancia, prevalecía un deseo por comprender cómo y de qué estaban conformados nuestros cuerpos y cómo funcionaban sus sistemas internos para, en caso de ser necesario, repararlos y prolongar la vida. Paradojicamente, buscar semejanzas entre nuestra anatomía y la de los animales también conduciría muchos años después a marcar distinciones con ellos e incluso posicionarnos por encima de estos.

Pierre Belon,  L’ histoire de la nature des oyseaux avec leurs descriptions et naif portraits retirez du naturel. Coorozet, Paris, P. 1555

Imagen: archivo del Dr. Eduardo Corona

 

La participación de Eduardo Corona y Aurelio Ocaña en Mátrix Móvil es consecuencia y se suma a su amplia experiencia y trayectoria tratando e investigando restos óseos de una fauna diversa, ello les ha permitido observar desde su quehacer cómo han ido cambiando los paradigmas respecto a la relación que socialmente tenemos con la muerte animal. Eduardo señala en principio que en las escuelas de biología cada vez se trabaja más con modelos sintéticos y menos con restos de animales, y relaciona ello con una serie de transformaciones ideológicas que ocurrieron en los años noventa y que modificaron la forma de concebir la muerte animal. Entre estas transformaciones están la búsqueda de sustentabilidad y la conciencia ecológica, lo cual Eduardo reconoce que trajo avances muy importantes hacia una procuración legal en favor de conservar y no matar animales con fines científicos. Eduardo, en este sentido, trabaja con restos de fauna que quedan cuando un animal muere naturalmente, de tal manera conservar y estudiar estos especímenes le permite entender cómo el hombre los afecta y cómo se podría prevenir su muerte para evitar la extinción de su especie.

Eduardo también destaca que con el cambio de paradigma en torno a la muerte animal se despertó un deseo exacerbado por ver a los ejemplares en su estado natural y no en museos. Irónicamente, la espectacularización de la vida animal al natural también contribuye a su extinción. En el caso de las ballenas, cada año son acosadas por cientos de turistas que van detrás de ellas incansablemente para observarlas; una de las hipótesis que se tiene sobre porqué éstas varan es que los radares de los barcos interfieren en su campo acústico y las desorientan, conduciéndolas hacia las costas donde fallecen. Precisamente los restos que intervino Gabriel Orozco pertenecen a una ballena gris que, quizá desorientada, varó y murió en la Laguna de San Ignacio frente a la Bahía de Ballenas, ubicada dentro de la Reserva Biológica El Vizcaíno en Baja California Sur, punto desde el cual se le trasladó a la Ciudad de México para ser recibida por quienes suspenderían su muerte.

 

El método

Como un acontecimiento simbólico, la ballena gris llegó a la Ciudad de México junto con la primavera. Trasladada desde Baja California primero en avión y luego en trailer, arribó un 21 de marzo de 2006, fecha que coincide además con el periodo en el que migran las ballenas a México, uno de los primeros países en proteger a esta especie.

Los restos del cetáceo, denominado científicamente Eschrichtius robustus, fueron albergados en la entonces vacía estación de trenes Buenavista, hoy estación del tren interurbano ubicada a un costado de la Biblioteca Vasconcelos, lugar en el que se realizó todo el proceso de tratamiento de los huesos.

El ejemplar fue seleccionado debido a que su osamenta se encontraba completa en un 98%, lo que significa que el equipo de trabajo recibió aproximadamente 200 huesos para ser tratados. El reto radicó en utilizar un método que permitiera limpiarlos y detener su descomposición sin afectar su textura para que sobre ella el artista pudiera dibujar y no se deteriorara la pieza con el paso del tiempo. El método empleado se fundamentó en la revisión de diversos antecedentes vinculados a las prácticas de conservación utilizadas por distintas colecciones científicas que permitieron al equipo ratificar el uso de varios procedimientos antiguos.

Un aspecto fundamental en la aplicación de un método de conservación osteológica es encontrar el sistema adecuado que permita quitar la mayor cantidad de grasa del hueso pero cuidando a detalle que esto no provoque el debilitamiento o ruptura del mismo. Eduardo Corona comparte que el proceso utilizado podría ser descrito coloquialmente como “hacer un caldo de pollo” ya que consistió en hervir cada uno de los huesos del ejemplar para sacar la grasa. Después de aplicar esta técnica en todas las piezas óseas sobre ellas se aplicaron consolidantes para sellarlas y mantener su textura.

Asimismo, el estudio profundo de los elementos del esqueleto fue esencial para llevar a cabo su articulación y montaje, el análisis estructural de los restos óseos facilitó establecer la conexión entre estos e iba revelando su movimiento, las articulaciones fueron marcando cómo iba la pieza, es decir, su forma, pues como lo sugiere Eduardo “no puedes forzar las estructuras óseas, no puedes forzar su movimiento”. El esqueleto de esta ballena gris pesa 1696 kilos y mide siguiendo su curva 11.69 metros,[7] el análisis y conocimiento de sus huesos reveló que era un ejemplar joven, el cual sufrió un accidente que le provocó una lesión en el cuello y era hembra. “La ballena no son sólo unos huesos dibujados, sino que es una pieza cargada de cierta mitología y de su propia historia”. (Gabriel Orozco).[8]

 

Retornar en primavera

Mátrix Móvil es resultado de un encuentro entre conocimientos, técnicas y disciplinas distintas. La obra concentra una diversidad de saberes que para coincidir, así como la ballena, tuvieron que migrar a un territorio diferente de aquel en el que regularmente se mueven; probablemente por eso cuando uno la observa hay en ella algo que reconocemos, nos hace sentido y atrae, pero que a su vez convive con elementos que, según quien se le aproxime, revelan aspectos enigmáticos, paradójicos, ambiguos o detonan incógnitas que nos conducen a repensar desde otro lugar nuestras prácticas, lo que conocemos y lo que nos resulta cotidiano. En el caso del biólogo Eduardo Corona, especialista en el estudio de la relación humano-fauna, su trabajo le permite ver cómo los cambios en la naturaleza hablan de la manera en la que nos articulamos con ella y cómo, pese a que el factor humano contribuya a la desaparición de especies naturales, al mismo tiempo nos resistimos a enfrentar la muerte de un ser vivo. Sin embargo, compartió conmigo que el participar en la creación de una obra de arte contemporáneo le permitió pensar su quehacer desde otra dimensión ya que la experiencia le hizo revalorar los ejemplares osteológicos desde una perspectiva diferente que lo llevó a pensarlos ya no solo en su dimensión física, sino como una metáfora de los ciclos de renovación. Para este biólogo, el esqueleto de la ballena “pierde el carácter de muerto y vuelve a estar vivo al ser intervenido por el artista”.

La ballena parece siempre volver en primavera o al menos esa es la impresión de Eduardo Corona, quien recuerda haber visto un artículo sobre ella en la revista de un avión en las mismas fechas pero años después de haberla recibido, para posteriormente volver a regresar a él a través de la conversación que sostuvimos el pasado 19 de marzo de 2018. Así, pese al paso del tiempo, siempre perdura algo de ella, quizá porque como señala Zygmunt Bauman “el arte anima a hacer visible lo que de duradero pueda tener lo pasajero”.[9]

En el fondo, ya sea desde el arte o la ciencia, los restos de esta ballena ―migrante entre aguas, espacios y territorios de significación― permiten indagar-pensar, a partir de su muerte biológica, en la forma en que nos relacionamos con otros seres, con nosotros mismos y con la naturaleza; en cómo somos parte de su proceso de desaparición o conservación y, por ende, en si nuestras acciones contribuyen a la extinción o preservación misma de lo humano.

 

 

Referencias

Bauman, Zygmunt, “Arte, muerte y postmodernidad” en Arte, ¿líquido?, Sequitur, Madrid, 2007.

Biblioteca Vasconcelos, en: http://www.bibliotecavasconcelos.gob.mx/matrix-movil/index.php

Corona-M., Eduardo y Arroyo-Cabrales, Joaquín, “50 años de Arqueozoología en México. Apuntes para una conmemoración” en “El tlacuache”, suplemento cultural INAH Morelos, periódico La Jornada Morelos, no. 602, Diciembre 29, 2013. En: https://arqueozoologiaenahiia.wordpress.com/http://www.academia.edu/8855399/50_a%C3%B1os_de_Arqueozoolog%C3%ADa_en_M%C3%A9xico._Apuntes_para_una_conmemoraci%C3%B3n

Marcos Barrera Bassols, en: http://enah.academia.edu/MarcoBarreraBassols/CurriculumVitae

Minera, María, “Conversación con Gabriel Orozco”, diciembre de 2006, Letras Libres, en:  http://www.letraslibres.com/mexico/conversacion-gabriel-orozco

 

[1]          “La arqueozoología es el campo interdisciplinario encargado de estudiar la percepción de las culturas

sobre la naturaleza a través de sus recursos faunísticos; lo que permite determinar las interacciones que el hombre ha establecido con los animales a lo largo del tiempo, que van desde las más inmediatas, como son las del uso alimentario o como materia prima para la elaboración de herramientas, hasta los aspectos simbólicos y rituales.” Eduardo Corona-M. y Joaquín Arroyo-Cabrales, “50 años de Arqueozoología en México. Apuntes para una conmemoración” en “El tlacuache”, suplemento cultural INAH Morelos, periódico La Jornada Morelos, no. 602, Diciembre 29, 2013. En: https://arqueozoologiaenahiia.wordpress.com/http://www.academia.edu/8855399/50_a%C3%B1os_de_Arqueozoolog%C3%ADa_en_M%C3%A9xico._Apuntes_para_una_conmemoraci%C3%B3n

[2]          Véase: http://www.bibliotecavasconcelos.gob.mx/matrix-movil/index.php

[3]          Véase: http://inah.academia.edu/EduardoCoronaM

[4]          Minera, María, “Conversación con Gabriel Orozco”, diciembre de 2006, p. 6, publicado en Letras Libres, en:  http://www.letraslibres.com/mexico/conversacion-gabriel-orozco

[5]          Entre las obras que ha supervisado e instalado Marco Barrera Bassols para Gabriel Orozco se encuentran Dark Wave, para la White Cube Gallery de Londres (2007); el traslado y montaje de Mátrix Móvil en el Atrio del MoMA (2011); coordinó además la expedición para la recolección de objetos para la exposición Asterisms para el Getty Museum de Berlín y Nueva York (2012-2013). Veáse: http://enah.academia.edu/MarcoBarreraBassols/CurriculumVitae

[6]          Mamíferos de grandes dimensiones y dotados de trompa prensil, el elefante pertenece a los proboscídeos.

[7]          Veáse: http://www.bibliotecavasconcelos.gob.mx/matrix-movil/index.php

[8]          Minera, María, “Conversación con Gabriel Orozco”, diciembre de 2006, p. 3, publicado en Letras Libres, en:  http://www.letraslibres.com/mexico/conversacion-gabriel-orozco

[9]          Bauman, Zygmunt, “Arte, muerte y postmodernidad” en Arte, ¿líquido?, Sequitur, Madrid, 2007, p.17.

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