No es tan importante

Por - 18/06/2015

Me gusta escribir porque es una forma de tratar con precisión los temas que considero importantes. No intento escribir sobre teorías complejas de arquitectura porque no sé hacerlo, pero también porque creo que es importante hablar sobre los elementos de base que condicionan los contextos disciplinares sobre los cuales operamos los arquitectos.

Las condiciones sociales, económicas y políticas de cada sociedad afectan de forma directa la arquitectura que en estas se construye. Por ello, en esta ocasión, consideré importante ceder este espacio a la crónica que hizo María Jaime sobre la jornada electoral que se vivió en México el pasado día domingo 7 de Junio. El texto no es una columna más de algún analista político sino una narración ecuánime y serena de cómo María vivió el día de la elección. Al leerla yo encontré muchas claves que nos pueden ayudar a entender por qué estamos como estamos y el hecho de que si queremos empezar por cambiar algo quizá tenemos que empezar por cambiar nosotros mismos. Aquí la crónica de Maria:

 

Ayer me tocó estar del otro lado del escenario, salí sorteada como “secretaria 2” para la elección local del 2015. Aquí, en un radio no mayor a tres o cuatro cuadras, entre amigos, vecinos y gente con la que te encuentras todos los días, pude ver un triste cortometraje de lo que somos.

 

Las cosas comenzaron mal, la cita para funcionarios de casilla era a las 7:30. De los 18 funcionarios-ciudadanos citados y que firmaron aceptando su nombramiento, sólo llegamos cinco. A las 8:15, un poco desesperada, la representante del INE fue a buscarlos a la puerta de sus casas, pero, los respetables ciudadanos que aceptaron ser parte del proceso electoral, simplemente no abrieron o tenían algún otro compromiso importante.

 

8:45 am, la casilla aún no podía abrirse, pues por ley no es posible comenzar sin tres funcionarios mínimos por mesa. Las personas, pocas pero madrugadoras, unas 25, comenzaron a ponerse nerviosas, y un par, literalmente a mentadas de madre, nos gritaba que esa mañana nuestra misión era quitarles su derecho al voto. Después de un par de llamadas y mucho estrés lo resolvimos: ¡el INE permite iniciar la votación tomando como funcionarios a alguien de la fila! ¿Quién se apunta?, no. Lo del voto no era TAN importante, la fila se esfumó. 9:30: Gabriel, un chavo aún con algo de juicio se apiada y regala su domingo a las elecciones. Ni modo, adiós al futbol… Y así iniciamos la votación.

 

Las horas fueron laaaaargaaaaas, 148 personas, cuando mucho 25 votos por hora, y yo sólo ponía tinta al dedo. De una lista nominal de 490 personas se recibieron 148 votos; insisto, el voto no era TAN importante.

 

En los más arduos momentos del día, cuando la cosa se ponía grave, resolvía un tremendo problema, alimento para los ciberactivistas: los patéticos lápices que parecían made in china proporcionados tontamente por el INE, además de que si medio podían borrarse, animando suspicacias defendibles, se rompían. Estos eran mis momentos más activos y heroicos, resolviendo el problema sacando punta de nuevo a los lápices, o prestando mi hermosa pluma Lamy a riesgo de perderla. Una reflexión: ¿por qué si el rumor ciber-revolucionario fue tan fuerte no trajeron una pluma BIC de dos y medio pesos o un plumón indeleble? Claro, yo me habría aburrido aún más y no contaríamos con un culpable más inmediato. Al final otra vez, si el voto no era TAN importante menos la pluma.

 

Así pasaron las horas, y aunque nadie lo crea, ni yo misma, lo que más me sorprendió de la jornada electoral de ayer fueron los observadores de los partidos. Casi todos chavos, menores de 20 años, perfectamente ajustados al estereotipo, casi de risa: el del PRI vestido de negro, con camiseta Armani de letrotas y chaleco, malo malo; la chavita del verde, muy linda y maquilladita, ¿qué creen?… Pues que olvidó que no estaba en la lista, de modo que tuvo que pedirle a su coordinador, un personaje gordo y prepotente, menos gordo y menos prepotente que Gutiérrez de la Torre, que firmara por ella; el de Morena un niño de Oaxaca con su morral de la virgen (¡en serio!), y finalmente el PRD, con sus dos observadores, la primera que tiene un puesto de quesadillas fritas frente al parque España, y la segunda una antropóloga de la ENAH con unos mega lentes.

 

Pues estos chavitos que conocí y encasillé las primeras horas, además de mostrarme lo cerrado de mi perspectiva, fueron capaces de divertirse y apoyarse durante el proceso, discutieron y se pusieron de acuerdo, respetaron las reglas de los funcionarios y hasta nos compartieron de su comida. Y sí, ellos, y creo que sólo ellos, pueden decir hoy convencidos que el voto sí era TAN importante, que las cosas pueden cambiar. Aunque seguramente a todos nosotros su decisión nos parezca poco meditada y abrumadora, ellos verdaderamente creen y tienen el motor que nosotros ya perdimos, y eso nos guste o no, vale un voto.

 

Finalmente, al cierre y en el triste conteo de los 148 votos, las cosas se quedan como siempre; y no, al menos en nuestro barrio no pasó todo lo que nos han contado y nos hemos creído, las boletas llegaron y se fueron competas, no hubo intentos de comprar o robar votos, los funcionarios del INE realmente se pusieron a trabajar y hasta me llevaron en su coche a la puerta de mi casa a las 11 de la noche después de contar, sellar y entregar los paquetes electorales al INEDF y, finalmente, los votos que yo conté y están en actas con mi letra son iguales a los que aparecen hoy en el PREP. Los resultados hoy en el DF son los votados, eso sí, sólo por el escaso 25% de los ciudadanos que cuentan con una útil credencial del IFE.

 

Al menos en esta ciudad, nuestra hermosa burbuja, y aclarando y con mayúsculas que no podemos decir lo mismo de otros estados que aunque con menos, mucho menos herramientas y sin otra opción posible han optado por caminos más VALIENTES. En esta hermosa y sobre todo cómoda Ciudad de México, me quedó más que claro el triste y aplastante lema: “tenemos el gobierno que nos merecemos” y, claro, ellos, nuestros políticos, nuestros “representantes”, lo saben.

 

Hoy, sin importar el nombre de los ganadores, pues, en verdad asumámoslo, no nos importa, la tarea mínima sería comenzar a asumir que para cada uno de nosotros, al menos ayer, el voto no era TAN importante, y con esa simple acción, responsabilizarnos y por lo tanto, ojalá, comenzaremos a cambiar el rumbo.

 

Por lo pronto, yo a hacer ciber-activismo…

 

María Jaime

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