El rol del arquitecto

Por - 27/03/2013

Deseo iniciar esta colaboración con el equipo de portaVOZ agradeciendo al mismo por su invitación y espacio. Es una ilusión poder iniciar esta participación con un ‘espacio de arte’ al cual admiro y del cual me considero seguidor. En paralelo, creo firmemente que la crítica y el pensamiento a partir de breves textos puede despertar más incógnitas que soluciones, y sobre todo, ayuda a repensar lo que últimamente damos por hecho –take for granted. El espacio entonces, será destinado a provocar y despertar pensamiento crítico y divergente con la finalidad única de conocer, discutir, calentarse hablando de un tema específico, y sobre todo disfrutar el hecho de amar esta breve oportunidad de espacio y nuestro tiempo en el diseño. No es un texto científico, o una nota que ha requerido de investigación en las redes o libros, ni mucho menos palabras que debemos dar por hecho, sino ideas y pensamientos que de otra forma no existirían.

 

 

0.1  El rol del arquitecto

 

La Arquitectura está cambiando. Este cambio se produce como consecuencia de  una transformación en el arquitecto, la educación del mismo, sus costumbres, experiencias, realidades y por encima de ello, la sociedad y la tecnología. Hoy como nunca antes, el arquitecto puede ser parte de un todo, tiene al alcance interminables espacios de conocimiento y sobre todo tiene el poder de modificar, y por ende, influir en el pensamiento de otros a través de controlar las fuentes de información y lo que se comparte por medio de las redes sociales o profesionales.

 

Pero, ¿porqué?, ¿qué está cambiando?, ¿cuáles son las razones? ¿a quién le interesa o beneficia?…

 

Considero que una forma de entender el motivo central, del cambio, es a través de analizar la situación global que se está viviendo. Desde una crisis económica, hasta una crisis de salud y, porque no, existencial. Es cierto, todo cambia constantemente, esto no es algo particular de nuestra generación, pero los cambios radicales, o en su defecto, los cambios que generan una evolución en una ciencia, disciplina o arte, tienen que ver directamente con el factor social, sus necesidades de existencia y de renovación y de las mentes con la creatividad y oportunidad para cambiar el rumbo de las circunstancias.

 

Las crisis que se generaron en las ciudades latinoamericanas, hasta hace algunos años –y que en algunas aún continúan de forma interminable-, por ejemplo, generaron movimientos masivos de latinos en Europa; España, Italia, Inglaterra y Alemania. Hoy en día esto se revierte, y son los europeos que buscan desesperadamente un espacio en el extranjero. Los cambios son interminables y cada vez más contundentes. Hasta hace una década, por ejemplo, entrar a una universidad para enseñar diseño, estaba destinado a las vacas sagradas del área o disciplina. “Solo los grandes podían enseñar” o al menos los que, en general, tuvieran más obra o experiencia. Por el contrario, hoy en día, las universidades que realmente buscan un cambio, de forma apresurada han incorporado dentro de sus miembros de facultades o escuelas a arquitectos, a veces incluso sin experiencia, que tienen posgrados en el extranjero, o que a grandes rasgos tienen algo novedoso, diferente, o “único” que ofrecer. Pero, el cambio no está destinado únicamente a la educación o a la movilidad. El rol del arquitecto dentro de su propio despacho ha cambiado drásticamente. El arquitecto o diseñador clásico está desapareciendo. Hasta hace algunos años el arquitecto buscaba constantemente, y de forma casi poética, su momento de inspiración para realizar ‘bocetos o croquis’ que finalmente sus 50 peones terminarían técnicamente desarrollando a través de cientos de planos, que en el mejor de los casos terminaría en obra construida.

 

El rol del arquitecto tiene movilidad, ansiedad y a veces, casi con poco conocimiento, se muda a otras disciplinas. El diseñador, que emprende, busca otros horizontes, otras naturalezas, otras realidades, no se conforma para nada con construir, de hecho, no es más un fin. El diseñador ha empezado a darle valor al proceso y no juzga más el resultado, sino los medios para llegar a él. Si es el proceso lo que determina el nuevo auge en el rol del arquitecto, estamos hablando de una evolución substancial en la forma de producir diseño y sobre todo un valor sumado al hecho de entender que el resultado final puede ser similar, fusil o copia, pero en el oficio del diseñador, un proceso es único. El proceso es, quizás, el único testigo del valor de un resultado y, sobre todo, de la lógica que comporta la secuencia de sus pasos para enmarcar un episodio más en el desarrollo de la historia del diseño.

 

 

*Arquitecto, diseñador e investigador científico. Profesor en universidades de México y Europa. Conferencista y expositor en América, Asia, Europa y el Medio Este. Ha ganado premios en diversos escenarios y es jurado-revisor de diferentes congresos científicos enfocados a la innovación a través del diseño computacional. Ha vivido en Austria, España, EUA, México, Inglaterra y actualmente vive en el Norte de Italia.

Marzo 2013, Italia

Más información: www.emmanuelruffo.com

 

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