CONVERGENCIAS Y DESENCUENTROS: ARQUITECTURA EN LETRAS. Vol. II “EL ALEPH”

Por - 21/07/2015

 

“El Aleph”

Jorge Luis Borges

(1949)

 

[…cambiará el universo pero yo no…]

-J.L. Borges, “El Aleph”

Después del breve paréntesis del mes anterior, volvemos irremediablemente a la segunda entrega de nuestra nueva serie, en esta ocasión abordaremos dos cuentos del libro “El Aleph”, compilación de cuentos del argentino Jorge Luis Borges. El libro está compuesto por diecisiete cuentos en los que aborda temas de índole metafísica, onírica y fantasiosa, con rasgos recurrentes en sus narraciones: los laberintos, las matemáticas, las frecuentes citas y referencias literarias que denotan su gusto y afición por la lectura y cómo ésta influye en su narrativa, el tiempo, la inmortalidad, el insomnio y conceptos abstractos como el pensamiento, aunado con enigmas y juegos mentales, incluyendo trampas para el lector, haciéndolo ir en una dirección para al final darse cuenta que, al igual que los personajes, el narrador lo ha engañado.

Lo anterior conforma una compleja lectura, llena de simbolismos, metáforas y alegorías, lo cual obliga al lector a comprometerse y prestar atención al más minucioso de los detalles, que pueden ser piezas clave en la historia. No obstante, sus relatos son interesantes y de lectura ágil, aunque implican un reto a la imaginación al recrear mentalmente los mundos que describe.

De los diecisiete cuentos, elegí “El inmortal” y “El Aleph”, primero y último respectivamente, pues tienen entre sí una relación simétrica en contraste, se complementan; uno es sumamente rebuscado en cuanto a sus referencias y tiene un ritmo vertiginoso, dando saltos temporales abruptos; en cambio, el segundo es más contemplativo y profundiza en conceptos abstractos como los sentimientos, con pocos escenarios aunque claros y bien descritos.

[… vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra…]

-Borges, “El Aleph”

 

En El Aleph encontramos tres personajes principales, nuestro narrador Borges, escritor enamorado de Beatriz Viterbo, segundo personaje, a quien sólo conocemos por algunas descripciones del propio Borges pero que ha fallecido, siendo ella objeto de una obsesión desmesurada, su primo, el tercer personaje es Carlos Argentino Daneri, quien convive con Borges durante las visitas que éste último realiza póstumas a la muerte de Beatriz; la casa ubicada en la calle Garay, alberga en su sótano una peculiaridad de la cual Carlos Argentino Daneri se percata desde la infancia y comparte con Borges: El Aleph, una pequeña esfera tornasolada de entre 2 y 3 centímetros de diámetro, que acogía el espacio cósmico, donde se podían ver todas las cosas desde todos los puntos, sin superposiciones ni transparencias, el presente, el pasado y el futuro, países, costas, mares; un punto en el espacio que contiene todos los puntos; un pájaro que es todos los pájaros.

[…soy dios, soy héroe, soy filósofo, soy demonio y soy mundo, lo cual es una fatigosa manera de decir que no soy]

-Marco Flaminio Rufo, “El inmortal”

En este cuento en abismo explora ideas que en lo personal siempre me han parecido fascinantes, compuesto por tres niveles narrativos: el descubrimiento de un manuscrito en el sexto capítulo de la Ilíada de Pope, la transcripción del mismo contada en primera persona por el narrador y por último otro narrador que lee el manuscrito refuta una teoría que proclama su falsedad. Dentro del relato, Marco Flaminio Rufo, un tribuno romano que sale en busca de un río que, al beber de sus aguas, otorga la inmortalidad. En este pasaje sortea adversidades, primero la pérdida a cuenta gotas de su compañía de mercenarios ante las inclemencias del hostil desierto, posteriormente al encontrarse en una ciudad en ruinas con unos trogloditas de tez grisácea como habitantes, mismos que despiertan en él desprecio y reprobación al percatarse de su modus vivendi, en pos de hallar la ciudad de los inmortales y así mismo el río, bebe de unas turbias y arenosas aguas cercanas a la vieja ciudad, para después aventurarse en un camino en el que se ve inmerso dentro de un laberinto; pierde la noción del tiempo y espacio al estar atrapado dentro de una paradoja, para después escapar y encontrar frente a sí la ciudad de los inmortales: de aberrante estética, carente de lógica; ciudad que denotaba una reconstrucción y perpetuidad, hasta llegar al absurdo, lo improbable y finalmente al olvido.

Impresionante la maestría con la que el argentino enuncia elementos de la arquitectura clásica, de la cual crea la imagen nítida de una ciudad sin sentido ni uso, desolada y abandonada. Explora en ambos cuentos la inmortalidad física y del pensamiento. En El inmortal, consigna el hecho como perder todo rasgo de individualidad, en el cuento los inmortales no necesitan dormir y apenas comen, explica la condición de que ningún acto será novedoso y se pierde el ímpetu de la vida, al saberse eterno, Marco Flaminio Rufo al saberse inmortal se vuelve un personaje errante a través de los siglos en busca del agua que le dará el regalo de poder fallecer. Me recordó mucho a la cinta “Only Lovers Left Alive” que explora la eternidad a un nivel intelectual, el ensimismamiento del pensamiento a través de los siglos y el presenciar los errores y aciertos, hechos de toda índole, repetirse cíclicamente.

En ambos relatos hay aspectos que denotan las inquietudes del autor: el insomnio, la preservación del pensamiento y la posibilidad de acceder a conocimiento privilegiado, un claro interés por la cultura griega y sobre todo un influencia clara de la lectura de la Ilíada y la Odisea de Homero, el uso recurrente de laberintos y paradojas, como cuando Marco Flaminio Rufo se ve dentro de un laberinto de mazes, aquellos que presentan caminos correctos e incorrectos y te devuelven al inicio.

La ciudad contrapuesta, caótica y hecha a pegotes muy al estilo del ilustrador McBess, laberintos como estructuras complejas diseñadas para perder a quien se adentre en ellos, por ejemplo el célebre laberinto de Creta diseñado por el arquitecto Dédalo en cuyo centro moraba el Minotauro y que se emplazaba en Cnosos la entonces ciudad más importante de Creta durante la civilización minoica, el Palacio de Cnosos data desde el año 7000 a.C., es el complejo palacial más antiguo de Europa y su configuración espacial asemeja a un laberinto.

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Son por demás interesantes las referencias literarias y míticas que encontramos. Alude también al acto de fundación de las ciudades, a diversos nombres de calles; mientras que en “El Aleph” se puede viajar a todos los puntos desde un sólo lugar, en “El Inmortal” nuestro protagonista se transporta más allá de los límites físicos y espaciales, en ambos casos transgrediendo bordes temporales. Más de una imagen genera y construye en nuestra mente un sinfín de redes referenciales, convirtiéndose en toda una experiencia intrasensorial y de exploración existencial. Obliga a cuestionar si el ser humano cuenta con manufactura para la eternidad y cómo la inmortalidad está en la memoria de los otros y la obra que dejamos: el conocimiento, pensamiento, tradiciones, edificaciones, ideas, tecnología; pues al parecer el ser humano, negado a la perpetuidad física que podría en un inicio percibirse  bendecida, al pasar de los años anhela con fervor consumir su existencia.

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