Al menos una explicación

Por - 08/05/2013

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) inició hace tres años la restauración integral del claustro del Ex Convento de la Merced para albergar allí el Museo Nacional de la Indumentaria, Diseño Textil y Música. Se invirtieron más de 93 millones de pesos (mdp) y de acuerdo a la institución se destinarían 15 mdp más para la museografía y el equipamiento; sin embargo, apenas en febrero del presente año, Marco Barrera Bassols, coordinador nacional de Museos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) anunció marcha atrás en el proyecto y afirmó que se instalaría ahí un centro comunitario. Lo que sea que eso signifique.

El claustro del Ex Convento de Nuestra Señora de la Merced se ubica en la calle de República de Uruguay 170 entre las calles de Jesús María y Talavera, en pleno corazón de la Ciudad de México. Sobra decir que éste no es cualquier edificio y quién lo interviene no es tampoco, cualquier arquitecto. La institución a cargo de todos los trabajos de restauración, tampoco es cualquier institución.

Primero. Este monumento histórico (declarado así el 3 de junio de 1932), se comenzó a construir en 1676 y se terminó en 1703, por monjes de la Orden Real y Militar de Nuestra Señora de la Merced y la Redención de los Cautivos (Merceditas o Mercedarios). Para construir este monasterio, los religiosos compraron un predio por 18 mil pesos, uniendo cuatro terrenos para conformar una superficie de 8,800 m2.

Luis Alberto Martos, arqueólogo del INAH y estudioso de esta obra en cuanto su historia e iconografía afirma que “fue un convento enorme y opulento; su templo tenía bellos retablos; contaba con cuatro claustros, noviciado, huerta, archivo y una de las bibliotecas más ricas de la ciudad, un gran comedor y cocina. En las paredes hubo pinturas de Juan Correa y Luis Juárez, fue sin duda el más rico de todos los conventos de México y quizá el más bello”.

Pedro Gualdi registró en diversas litografías realizadas cerca del año de 1842 parte del claustro y la techumbre a dos aguas características de este edificio que además destaca por sus columnas (labradas con motivos florales) y arcos de estilo mudéjar andaluz (dentados o de punta de diamante) que componen la decoración exterior del claustro, todo ornamentado con símbolos religiosos de la orden de la Merced.

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Litografía de Pedro Gualdi

 

Segundo. El arquitecto responsable del proyecto, Juan Urquiaga Blanco ha estado a cargo de obras como la restauración de Santo Domingo de Guzmán, una de las primeras intervenciones al Palacio de Bellas Artes, y también del Palacio de Correos, así como el Templo de San Pedro y San Pablo Teposcolula, Oaxaca; en este último caso, le fue criticada seriamente la decisión de sustituir el retablo principal neoclásico por uno de estilo churrigueresco que pertenecía a un muro lateral.

En este proyecto (el del ex Convento de la Merced), Urquiaga Blanco ha propuesto aumentar el espacio de exhibición museográfico cubriendo el patio principal de 1600 m2 con una cubierta de cristal templado, la cual se sostendría por una estructura de triángulos (ya instalados) y cables de acero con la finalidad de “mantener la iluminación y ventilación naturales, así como aumentar el espacio utilizable en un 80%, llegando a casi dos mil metros cuadrados, todo ello aprovechando la tecnología contemporánea en la recuperación de un edificio histórico”, palabras de arquitecto Jesús Velázquez, actual coordinador Nacional de Obras y Proyectos INAH.

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Aspecto de la estructura metálica instalada en la parte superior del recinto mercedario. Foto: La Jornada.

El trabajo de Juan Urquiaga Blanco, ahora controversial ha contado invariablemente con el apoyo, la aprobación y el reconocimiento del INAH dentro y fuera de nuestras fronteras.

Tercero. El INAH y su papel como dependencia responsable han sido duramente cuestionados –incluso por sus propios miembros- por gestiones como la de su anterior director Alfonso de María y Campos, quién avaló incondicionalmente el proyecto de intervención del Ex Convento de la Merced y otros más que ponían en tela de juicio el uso indebido del patrimonio cultural de México.

Jesusa Rodríguez, en una carta firmada en conjunto con Elena Poniatowska lo dice así…”Si cualquier particular presentara un proyecto semejante al de La Merced, para techar el patio de cualquier edificio colonial, aunque no tuviese relieves, seguramente el INAH, por conducto de la Coordinación de Monumentos Históricos, no daría la licencia correspondiente por considerarlo no sólo agresivo sino atentatorio contra nuestro patrimonio, pero en el convento se construye un museo”.

Recientemente se ha evidenciado la decisión de tapiar el triple arco que servía como entrada principal al lugar, una puerta alterna, ocho ventanales y el ojo de buey de la fachada que se construyó al edificio en la primera mitad del siglo XX. El Consejo Internacional de Sitios y Monumentos (ICOMOS), sección México a través de su presidenta la arquitecta Olga Orive Bellinger, ha levantado la voz para pedir sensatez y una explicación ante esta decisión recurriendo a los artículos tercero y decimoprimero de la Carta de Venecia, sentenciando que esto contraviene absolutamente a dicho documento y todas las demás cartas firmadas por México. Hasta el momento no existe respuesta a ninguna inconformidad.

Ojalá pronto aparezca una voz que nos indiqué con claridad por qué y cómo se toman estas decisiones para conservar y restaurar este tipo de edificios, quiénes participan y en qué forma lo deciden. No nos interesa saber si este museo fallido fue un capricho de Alfonso de María y Campos para hacerle un museo a su madre “quien posee una colección envidiable de bordados” -Jesusa Rodríguez dixit-, ni nos interesa saber por qué el entonces funcionario eliminó la figura del Consejo de Monumentos, hoy ya reinstaurado por Raúl Delgado, titular de la dirección de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural del CONACULTA.

Nos interesa saber si sesionan quienes dicen formar parte de ese consejo, si quienes forman parte de él están enterados de estos cambios, si se han tomado en cuenta opiniones y argumentos como los que ha dado el ICOMOS o conocer por qué se han descartado sus observaciones. Lo que se necesita, al menos es una explicación, ¿o acaso un edificio como este y su inmensa historia, no merece ese mínimo gesto de respeto?

*Arquitecto, egresado de la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura del IPN. Docente en la Facultad de Arquitectura de la UNAM y el ITESM. Fotógrafo y articulista independiente. Becario FONCA 2012-2013 Jóvenes Creadores.

 

 

 

 

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