El origen del consultorio de arquitectura práctica: Conjunto ecoturístico en Santa María Cuquila, Oaxaca

Por - 02/08/2016

 

 

 

Por Silvia Angélica Reza Cisneros

Arquitecta por la Facultad de Arquitectura de la UNAM

 

 

La primera pieza del engranaje: el sitio y su comunidad 

Santa María Cuquila (“Pueblo del tigre” o Ñuu Kuiñi en mixteco) se encuentra en el municipio de Tlaxiaco, Oaxaca; es un poblado enclavado en la región de la Mixteca Alta la cual hasta hoy es considerada de alta marginación y pobreza pues un sector muy alto de su población en edad de trabajar emigra a la Ciudad de México o a los Estados Unidos. Su principal fuente de ingresos es la agricultura basada en el cultivo de maíz y frijol; sus 682 habitantes son mixtecas y la totalidad habla el mixteco, casi todos los habitantes menores de 50 años son bilingües porque también hablan el español pero los ancianos son prácticamente monolingües.

Cuquila cuenta con un sitio arqueológico del periodo Clásico poco explorado y muy extenso del cual destaca un juego de pelota; de este lugar proceden las estelas grabadas que se resguardan en su museo comunitario. A solicitud del Comité del Museo Comunitario Ñiuu Kuiñi y a través de la intervención de la antropóloga del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la Dr. Ethelia Ruiz Medrano, se logró que en 2008 la Facultad de Arquitectura de la UNAM a través del Taller Max Cetto se comprometiera a donar un proyecto arquitectónico que contribuyera al fortalecimiento económico de Sta. María Cuquila mediante la construcción de un conjunto ecoturístico.

 

La segunda pieza: la universidad y su comunidad académica

El proyecto se concretó como ejercicio académico en el marco del entonces llamado “Taller de Arquitectura Práctica” conformado al interior de la comunidad estudiantil y académica del Taller Max Cetto, coordinado por los profesores Daniel Filloy Ring y Héctor Hernández Carrillo. Los alumnos que en ese entonces cursábamos el quinto semestre de la asignatura Taller de Arquitectura acudimos a la comunidad, entrevistamos a sus pobladores y a quienes estaban a cargo del museo comunitario. Hablamos también con la doctora Ethelia, quien se ha encargado de mediar entre comunidad e instituciones; escuchamos e investigamos la historia del lugar, apreciamos su complejo idioma, observamos su arquitectura, el paisaje, los usos, las costumbres, probamos su suculenta comida hecha artesanalmente en el momento, acudimos al sitio donde se ubicaría el proyecto, medimos todo lo posible, conocimos el modesto museo de sitio y su exposición. Nosotros formamos diferentes equipos y trabajamos hasta altas horas de la noche en una “repentina” -como se le llama al ejercicio de proyecto con entrega a corto plazo-, dicha actividad tiene la finalidad de promover el trabajo en equipo, la creatividad y la capacidad de respuesta a las demandas planteadas por la comunidad y las que debíamos atender con una propuesta arquitectónica.

Regresando a la Ciudad de México, cada equipo de estudiantes desarrolló un anteproyecto de conjunto ecoturístico que fue presentado al final del semestre ante un jurado conformado por el coordinador del Taller, profesores del taller de proyectos y profesores invitados, quienes eligieron como propuesta más óptima y factible la elaborada por Amanda Mijangos, Jimena Laguna, Paloma Guerra y por mí. El reto del sexto semestre fue desarrollar nuestra propuesta como proyecto ejecutivo, es decir, a un nivel de detalle que permitiera su construcción, para lo cual, aparte de Amanda Mijangos y yo, se incorporaron al equipo de trabajo Adán González, Alaide Alejandre, Fernanda Ascobereta, Geraldine Padilla, Gisela Reyna, Jorge E. Romero y Pilar Gaistardo.

El objetivo general de nuestro proyecto fue contribuir a la generación de una derrama económica que permitiera a los pobladores de la comunidad obtener una mejoría en su calidad de vida y a la vez mantener viva su historia, tradiciones y morfología; es por eso que nuestro plan maestro para el conjunto ecoturístico incluía la ampliación del museo comunitario Ñuu Kuiñi, una tienda-taller de artesanías, cuatro cabañas, una plaza de usos múltiples y un restaurante, espacios que servirían para prestar servicios de alojamiento, alimentación y dispersión al turismo que se deseaba incentivar.

 

La tercera pieza: el apoyo institucional 

El proyecto terminado fue presentado a diversas instancias gubernamentales y privadas, contamos con el apoyo de la Dra. Ethelia, investigadora de la Dirección de Estudios Históricos del INAH y con el visto bueno de los señores German Ortiz Coronel, Síndico Municipal, Juan Gregorio López Reyes, Presidente Municipal Suplente así como Genaro Sanchez Rojas y Emiliano Melchor Ayala, Presidente y Secretario del Comité del Museo Comunitario Ñiuu Kuiñi respectivamente. En 2012 el proyecto se presentó ante la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígena (CDI) para obtener los recursos necesarios para su construcción, posteriormente se remitió a la Fundación Ford y a la Fundación Rolex sin obtener un resultado favorable, finalmente solicitamos al INAH que financiara por lo menos uno de los elementos considerados en el proyecto: el museo comunitario. La respuesta fue positiva y se pudo llevar a cabo la construcción de ese edificio pero el resto del conjunto de proyectos se encuentra en búsqueda de recursos para hacerlo realidad.

El proyecto y parcial construcción de este conjunto fue la primera experiencia que sirvió para dar forma a los manuales del proyecto “Consultorio de Arquitectura Práctica” que busca ser una guía para organizaciones, universidades y comunidades que deseen realizar proyectos de mejoramiento del hábitat en sitios marginados de nuestro país. Concluimos que el primer paso para concretar un proyecto de este tipo es la vinculación y nuestra experiencia en Santa María Cuquila es un ejemplo de búsqueda de coincidencias y trabajo conjunto entre una comunidad étnica, una especialista en antropología de una organización gubernamental y nosotros, los estudiantes universitarios. Dicha búsqueda puede resumirse con las palabras de la propia doctora Ethelia Ruiz: “Según yo estaba buscando la historia de ellos, en cambio encontré la mía”.

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