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Mutaciones espaciales: El matadero de Madrid

Por - 07/07/2016

Cuando uno es defensor de corazón del reino animal, de pronto resulta muy incómodo pensar y escribir sobre un tema que hace referencia a un lugar en el que los animales seguramente pasaban por un largo rato de sufrimiento. Pero el contrapeso emocional deviene satisfactoriamente cuando se trata de pensar y escribir sobre espacios que dieron un giro radical y que mutaron su uso original al de actividades públicas recreativas y culturales con el fin de reactivar y conectar zonas urbanas.

El origen del complejo arquitectónico del Matadero en Madrid se ubica en los principios del siglo XX, con el lenguaje característico de gran escala de la arquitectura industrial, en este caso, ya con su respectiva influencia mudéjar de la peninsula ibérica. Como el nombre lo supone, era el lugar en donde iniciaba el proceso de comercialización de producto animal y estaba ubicado en lo que era la limítrofe urbana al sur de la ciudad de Madrid, a lado del río Manzanares. Poco después de la guerra civil, algunos de los edificios dentro del complejo comenzaron a tener un uso de almacenaje y algunas de las instalaciones comenzaron a ser obsoletas. Finalmente, el complejo se clausuró en 1996 y muchos edificios quedaron en abandono y sin acceso al público; en ese momento comenzó a especularse sobre nuevas propuestas arquitectónicas que no solamente activaran la zona a nivel social sino también a nivel urbano conectando y reactivando a la vivienda, al otro lado del río, a través de actividades recreativas y culturales. Es hasta el 2005 que se aprueba la intervención arquitectónica de varios edificios y se empiezan a rescatar creando espacios como la Cineteca, la Nave de Música, la Central de Diseño, el Conjunto escénico, La Casa del Lector, etc. Todos ellos, propuestos por distintos despachos de arquitectura madrileños y apoyados por el ayuntamiento.

Hoy en día, el Matadero forma una serie de espacios interconectados con plazas abiertas en donde el ocio y la cultura son los principales detonantes de la reactivación de la zona, en donde el factor público y los sistemas alternos de movilidad son los privilegiados. El Matadero se caracteriza por una interconexión visual que se genera por el plausible respeto de los materiales originales como la piedra, el tabique aparente y el cristal, evidenciando que la intervención plástica es liderada por el lenguaje industrial preexistente, dejando clara una marca histórica del modernismo español. Geográficamente, el Matadero parece ser una extensión y reinvención del centro de Madrid sugiriendo el desvanecimiento de la distancia entre la ciudad y los desarrollos de la periferia urbana que, por estadística, son víctimas de inseguridad debido a su singular separación de los núcleos centrales de las urbes, de sistemas de transporte, de servicios y de actividades recreativas, entre otros.

Las mutaciones espaciales no son nada nuevo pero definitivamente no son tan recurrentes como uno querría. Conocer nuevos espacios públicos que generan conexiones urbanas y reparan atmósferas siempre me hace pensar en la necesidad que existe de generar mutaciones en la ciudad de México y dejar atrás la vieja y obsoleta idea de seguir construyendo centros comerciales colmados de los mismos locales y marcas que parecen ser el resultado de la demanda de una sociedad que sorpresivamente todavía no se cuestiona el uso de bicicleta o de motocicleta, o la importancia del peatón, o el hecho de que el auto mayormente se esté convirtiendo en un estorbo y en un gasto casi indefendible; abandonar la irrelevante idea de construir edificios que marquen records de altura que no generan ciudad ni sociedad a la debida altura; prescindir de obras que desatiendan la cultura y la mejora de calidad de vida de la ciudad, por mencionar sólo unos breves ejemplos.

El Matadero es solamente un modelo de mutación de espacio que se ha hecho en varias ciudades del mundo. Mutaciones que han tenido en común la inteligencia colectiva y la apertura al cambio.

Difícil encontrar un contrapeso emocional al vivir en una ciudad que argumenta reparar espacios con base en construcciones repetidas hasta el hastío, con base en records fálicos y ostentosos, con base en adornos sin mutación pública.

 

Fotografías: Arcelia Mac Gregor

 

 

 

 

 

 

 

 

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